Lisandro Aristimuño vuelve al Arena Maipú en formato trío: "Siempre me atrajo jugar con la música y explorar nuevas sonoridades"

El músico rionegrino se presentará el 5 de septiembre en el Arena Maipú junto a Lucas Argomedo y Martín Casado. Con una puesta íntima y poderosa, recorrerá su discografía y anticipará las fechas que lo llevarán a España y Francia.

Lisandro Aristimuño tiene esa rara cualidad de hacer sentir que cada show es distinto, aun cuando repite canciones que sus seguidores conocen de memoria. En Mendoza, ese efecto parece intensificarse. Quizás sea por los años que vivió en la provincia o por el afecto mutuo con el público local, pero cada visita deja huella. Esta vez no será la excepción: el viernes 5 de septiembre, a las 22, se presentará en el Arena Maipú en formato trío, acompañado por Lucas Argomedo en bajo y Martín Casado en batería. Las entradas se pueden adquirir en Ticketek.com.ar y en la boletería del Arena.

Mendoza ocupa un lugar especial y “Licha” lo dice con naturalidad, como quien habla de algo evidente en su historia personal: “En casi todas las giras siempre vamos para Mendoza, es una ciudad que yo también quiero mucho, que tuve la oportunidad de vivir incluso. Así que quiero un montón esa ciudad y bueno, siempre está dentro de la grilla de la gira, es un punto obligado”. Sus palabras no suenan a formalidad sino a la confesión de alguien que reconoce los lugares que lo marcaron.

Su manera de entender la música es, justamente, la de la mutación permanente: “Siempre estar en movimiento y buscando cosas nuevas”. Esa búsqueda es la que lo llevó de los grandes despliegues escénicos al unipersonal “SET1”, y ahora al trío que recorrerá escenarios de Argentina y Latinoamérica.

Lisandro Arsitimuño

Gira en Argentina y Europa

La gira 2025 de Aristimuño es extensa: comenzó en Santa Fe, pasó por Paraguay, Chile y Uruguay, y seguirá por San Juan, San Luis, Buenos Aires, Córdoba, La Plata, Neuquén y Mar del Plata. Pero hacia el final del recorrido aparece un destino que lo entusiasma especialmente: Europa. Sobre ese tramo habló con entusiasmo: “En Europa estamos yendo bastante, o sea, con cada gira estamos yendo seguido a España sobre todo, pero ahora vamos a estar en Barcelona, en Madrid, en Mtrálaga, en Valencia, varias ciudades en España, y en Francia vamos a estar en un par de ciudades. Estamos viendo fechas todavía. Es súper divertido, tocar allá para el público hispanohablante que también le gusta mi música”.

Para Aristimuño, ese cruce de fronteras no es solo una cuestión de agenda: significa abrir sus canciones a nuevas resonancias, probar cómo suenan en otra geografía y descubrir que la emoción viaja más allá de los límites territoriales.

A lo largo de su carrera, el músico nacido en Viedma supo construir un camino tan personal como sólido. Nueve Premios Gardel, nominaciones a los Latin Grammy y un Premio Konex lo respaldan, pero más allá de los reconocimientos lo que lo distingue es la coherencia con la que sostuvo su proyecto. Desde el comienzo eligió la independencia: edita sus discos bajo su propio sello, Viento Azul, y conserva el control sobre cada detalle de su obra. Esa decisión le permitió transitar sin atajos, explorando sonidos que mezclan folk, pop, electrónica y rock, hasta dar con un lenguaje que no se parece a ningún otro.

Su canción “El búho” fue elegida por Francis Ford Coppola para la banda sonora de la película Tetro, abrió conciertos de Sting y David Byrne, y agotó entradas en el Luna Park y el Gran Rex. Sin embargo, más allá de esos hitos, Lisandro se define por otra cosa: la capacidad de emocionar a partir de lo sutil. En sus recitales, los arreglos electrónicos conviven con guitarras acústicas y frases mínimas, y es allí donde encuentra su fuerza.

El concierto del próximo viernes no tendrá grandes artificios, pero sí canciones que se agigantan en la simpleza de tres músicos sobre el escenario. En tiempos en los que la espectacularidad suele imponerse como norma, Aristimuño propone otra manera: la de detenerse a escuchar, la de abrir un espacio donde la intimidad se comparte de manera colectiva. Tal vez ahí reside la clave de su éxito: en la honestidad con la que entrega su música, y en la forma en que esa honestidad encuentra eco en quienes lo siguen.

-¿Venís con un formato de trío para presentar “El rostro de los acantilados”?

- Sí, en realidad no es la presentación de ese disco, sino que vamos a recorrer toda mi obra hasta el día de hoy. El rostro de los acantilados lo presentamos ya en Mendoza en la gira pasada. El primer disco salió hace 21 años, así que imagínate que hay un montón de canciones, en este formato de trío: bajo, batería y yo.

- ¿Quiénes integran el trío y qué fue lo que te atrajo de un grupo más pequeño sobre el escenario?

- En la batería está Martín Casado, en el bajo está Lucas Argomedo, que son la base de mi banda desde hace muchos años. Y me atrajo la idea de siempre estar buscando y transformando versiones, jugando con la música para no quedarse en un mismo lugar, sino que siempre ir a variando, ir buscando otras sonoridades. El trío tiene un sonido bastante roquero, electrónico, y el concierto va pasando por esos lugares. Al ser trío también hicimos un ensayo de bastante tiempo, estuvimos viendo el repertorio y qué canciones se quedaban bien. Es un sonido quizás más electrónico y roquero.

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- ¿Es la primera vez que presentás este formato en Mendoza?

- Sí, es la primera vez que lo hago, incluso. Nunca había tocado así; es divertido y disfruto el concierto. Estoy contento.

- Recién mencionabas los 21 años de tu primer disco

- Claro, el primero es “Azules Turquesas", que salió en 2004. El segundo, “Ese asunto de la ventana”, salió ahí pegadito, en 2005. Este año cumple 20.

- ¿Cómo ves tu evolución desde ese momento?

- Pasó mucho tiempo. Imagínate que ahora tengo 46 años, pasó un montón de tiempo, cambiaron muchas cosas desde mis inicios en Viedma… Los discos van como en proceso a la maduración y a la vida también. Yo, al ser cantautor y compositor, muchas de las cosas que hago tienen que ver con lo que voy viviendo día a día y como voy creciendo. Cambiaron muchas cosas en mi vida, -imagínate que ahora soy padre-, que por suerte tengo la oportunidad de poder plasmarlas en canciones. Así que creo que cada disco tiene su importancia en mi vida porque fueron etapas que recuerdo con mucho amor. Los primeros discos son quizás mi lado más cantautor y más sonidos de madera. Después empecé a entrar a la ciudad, cuando me vine a vivir a Buenos Aires, y se empezaron a poner un poco más urbanos, mezclándolo con la madera, la electrónica y el folklore. Mezclar estilos y géneros siempre me gustó y lo sigo haciendo el día de hoy.

- El público también va creciendo con vos ¿Lo percibís?

- Sí, totalmente. No sabes qué hermoso es estar tocando y ver a quizás a la primera persona que te empezó a escuchar, que se convierte en papá o mamá, después viene con la familia completa al concierto. Verlos a todos cantando es muy fuerte también, porque por suerte, la música llega a muchas generaciones. A veces, nenitos muy chiquitos están cantando arriba de los hombros del padre, eso es lo que más me reconforta de ser músico.

- ¿Cuáles considerás que fueron los mayores aprendizajes con tu sello Viento Azul y qué libertades te dio el camino independiente?

- He ganado un montón de amigos, de colegas, de colaboraciones, premios que me han dado…

- Sos muy modesto, no te los dieron, te los ganaste

- Sí, tuve la suerte de haberlos ganado. El hecho de ser independiente también hizo que todos mis discos los haya hecho en los tiempos que realmente necesito y cuando tenga ganas decir algo. Tener el tiempo para eso es muy valioso para mí, no sacar discos porque sí o por algo económico, sino por algo sentimental que me está pasando y que tengo ganas de contar. La independencia me da esa libertad y es algo que rescato.

Lisandro Aristimuño

- Criptograma fue un disco muy introspectivo porque fue correlativo al momento de una separación. Y El rostro de los acantilados, dijiste que es más luminoso, más expansivo. ¿Sentís que estabas atravesando un momento emocional más creativo en ese sentido?

- Sí, la creatividad siempre está, nunca dejo que se duerma, no solo como músico y no solo para mis discos, sino también como productor, por ahí laburo con gente, trabajo con otros músicos y aprendo un montón. Creo que estoy todo el tiempo creando, es parte de mi vida, está en mi cuerpo y en mi alma. Tener esa creación y la posibilidad de mostrarlo en discos o en música es algo que yo lo atesoro muchísimo porque no todos los trabajos son así. Yo he luchado por ser músico y compositor, y no quiero que nunca se termine. En su momento, cuando era adolescente, quizás tenía todo el tiempo ganas de grabar. Ahora eso se pausó un poco, pero sigue teniendo el mismo amor, la misma dedicación. Además tener mi propio estudio y poder venir a la hora que quiera también (porque a veces en los estudios más profesionales que tenés que alquilar, hay que esperar o llegás al turno que te dieron y no estás inspirado o no tenés voz. Entonces, ahora que tengo ese tiempo, lo uso a mi modo e intento estar lo más descansado posible para que todo salga bien.

- Iba a utilizar la palabra obsesivo, pero a veces tiene una connotación negativa. ¿Sos minucioso con tu trabajo o dejás que sea espontáneo?

- Eso es medio en etapas: cuando estoy componiendo la canción me dejo llevar e improvisar, jugar. Después a la hora de la grabación quizás soy más detallista, que me guste cómo suenan las cosas y cómo están mezcladas. En esa parte quizás sí soy más puntilloso.

-Si en las presentaciones en vivo alguien pifia una nota, ¿te volvés loco o lo dejás pasar?

- Según la banda, tiro unas miradas a veces pero medio inconsciente. Intento, los conciertos son hermosos y uno no está solo, no es como en el estudio. La respuesta del público es fundamental y eso te lleva a otro tipo de estado, que es distinto a estar grabando con auriculares solo. En el escenario estás compartiendo y recibiendo la energía de la gente y eso también es otro proceso de la música que disfruto mucho.

- Colaborás con muchos artistas, estuviste en el homenaje a Spinetta en el Colón ¿Cómo es la sinergia con esos otros grandes músicos?

-Esos maestros de mi adolescencia, que recuerdo escucharlos en Viedma y tocar sus temas en fogones, y después haber tenido la posibilidad de compartir con ellos la música, siento que soy un alumno ahí, siempre muy atento, aprendiendo de estos grandes, porque algún consejo te queda de ellos. Son como esos gurúes de la música y tenés que dejar que te que te influencien y te enseñen.

- Dijiste en alguna entrevista que te daba pudor decir que tenías un estilo propio. Sin embargo tu música es distintiva ¿Cómo atravesaste ese momento desde sentirte pudoroso a pensar en tener un estilo propio?

- Sí, eso se fue dando paulatinamente, el hecho de poder encontrar tu personalidad en la música y en tu sonoridad, es un laburo al que hay que darle tiempo y sobre todo dejarse llevar. Al principio sí me daba cosita y después ya me empecé a dar cuenta que tenía una voz y un sonido que fue encontrado con mucho trabajo y dedicación. Entonces llega un punto en que decís: " sí, soy esto." Y me amigué con esa parte mía. Lo que sí me gusta es el hecho de nunca estar encasillado en ningún género ni estilo.

- ¿Es cierto que el nombre de tu último disco es porque jugabas con tus hermanos a encontrar rostros en los acantilados?

- Sí, con ese disco también gané un premio Gardel, que es un premio súper importante para mí porque es reconocimiento de los pares. A lo largo de mi carrera gané nueve premios Gardel, a la gente le gustó mucho, hicimos presentaciones alucinantes en toda Argentina. Es muy lindo cuando hacés un disco y que te vuelva esa esa energía de la gente y de los colegas, los premios, las entrevistas, es todo positivo. Soy super agradecido.

- Con este formato trío, ¿tenés pensado grabar algo?

- Por el momento estamos estamos registrando los vivos, pero por una cuestión de verlos después y seguir arreglando cosas, analizar el repertorio. Pero fuera de eso no tengo pensado grabar. Primero tengo que ponerme a componer y hacer canciones nuevas, porque ahora en este momento estoy muy metido en la gira. Son muchas ciudades donde vamos a estar tocando, incluso en octubre nos vamos a para Europa. Y cuando llego a casa quiero estar con mi hija tomando mate, mirar una serie con ella en la cama y disfrutarla porque está creciendo todos los días. A veces hay que desconectar y no estar pensando en la música.

Lisandro Aristimuño

Nueve Premios Gardel y otros reconocimientos

Desde su irrupción en la escena nacional a comienzos de los 2000, Aristimuño supo combinar la raíz folklórica con la electrónica, la canción de autor con el rock alternativo, alternando sensibilidad poética, identidad sonora firme y autonomía artística. Esa conjunción lo llevó a acumular ya nueve Premios Gardel, distinciones que no son una coronación, sino el epílogo de una discografía coherente y rica.

Su senda comenzó con el Gardel a Mejor Álbum Rock-Pop Alternativo por el doble Las crónicas del viento (2010), y repitió trofeo en la misma categoría con Mundo Anfibio (2013). Tiempo después, el show en vivo En Concierto 1 se alzó también como Mejor Álbum Rock-Pop Alternativo, mientras su rol como productor fue premiado en las categorías Mejor Diseño de Portada y Mejor Álbum Artista de Rock por su trabajo en Superamor, de Fabiana Cantilo. Más adelante, su caja Trilogía fue distinguida como Mejor Colección de Catálogo, y Constelaciones en el Luna Park obtuvo el Gardel a Mejor Álbum en Vivo. Otros galardones incluyen una mención por Hermano Hormiga (folklore alternativo) y los dobletes por Criptograma (Tapa del álbum y Álbum Canción de Autor). En 2024, su obra "El rostro de los acantilados" fue elegida como Mejor Álbum Canción de Autor, cerrando un ciclo de reconocimientos que suma nueve estatuillas.

Paralelamente, la obra del músico fue celebrada fuera de los Gardel. En 2008 fue distinguido como Revelación en los Premios Clarín (música melódica popular), y en 2012 recibió una esperada nominación a los Latin Grammy por Mundo Anfibio, un hito para su portada patagónica, que también motivó un proyecto para declararlo Ciudadano Ilustre de Río Negro. Su independencia recibió otro respaldo en 2015, cuando ganó el Premio Konex en Canción de Autor, y ahora en 2025 sumó otro Konex como Autor/Compositor. A eso se suma el haber sido productor de trabajos de Mariana Baraj, Tomi Lebrero, Liliana Herrero y Fabiana Cantilo; la conducción del programa radial Ese asunto suena raro; y el reconocimiento a su autogestión desde Viento Azul, su sello independiente.

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