La voz de un país
En su carrera el gran punto de inflexión llegó con De Ushuaia a La Quiaca, ese proyecto monumental que lo llevó por todas las provincias argentinas para grabar junto a artistas del interior que la industria ignoraba. "Mi idea era recorrer todas las provincias. No quería ser un compositor sino un intérprete, junto a los artistas del interior. La idea era llamar a Sixto Palavecino, a un tipo del Sur, a un tipo del Norte, y traerlos a tocar a Buenos Aires para grabar", recordó en una entrevista. Esa operación de rescate cultural —el cuarteto cordobés, el chamamé, la vidala, la tonada— lo convirtió en algo más que un músico popular: lo hizo cronista sonoro de la argentinidad.
Con su clásico espíritu solidario por las luchas sociales, Gieco siguió cantando con espontaneidad una canción folk, un rap, un blues, una vidala, una ranchera, un chamamé, una cumbia o un rock furioso. Todos los estilos, todos los géneros populares conviven creativamente en él. Su propia definición de su obra es tan sencilla como poderosa: "En todas mis canciones siempre hay un nudo esperanzado."
Teresa Parodi lo resume con la precisión de quien lo conoce bien: "Es uno de los músicos más queridos de la Argentina por su valioso aporte a la música popular, por su cercanía amorosa con el pueblo y por su manera de ser." Y Mercedes Sosa, que grabó la versión más difundida de Sólo le pido a Dios y le dio alcance internacional a esa canción, lo resumía en una frase que todavía circula: "Si no hubiera un León Gieco, habría que inventarlo."
El compromiso político de Gieco nunca fue ornamental. Durante la dictadura enfrentó la censura y aun así siguió. En democracia, su posición no se volvió cómoda: continuó del lado de los que denuncian. Más recientemente, se expresó en contra del desfinanciamiento del Instituto Nacional de la Música, manteniéndose fiel a una coherencia que le llevó cincuenta años construir.
El silencio de los oídos
Los últimos años no fueron fáciles en lo físico. En su entorno íntimo revelaron que el cantautor estuvo en pleno descanso, abocado a tratar un trauma acústico, que lo llevó a suspender presentaciones en Uruguay y a alejarse de los grandes festivales de verano.
Pero el León no se queda quieto aunque el cuerpo pida pausa. Entre sus recientes colaboraciones está la musicalización del poema "Séptimo vuelo" de Hamlet Lima Quintana, para el proyecto Canciones para no morir, en una producción junto a Manu Sija. También grabó con Barbarita Palacios, Javier Casalla, Maggie Cullen, David Tagger, y tiene otras colaboraciones en curso. La actividad creativa no cesa aunque los escenarios grandes cedan el paso a formatos más íntimos.
Y esa intimidad tiene su propia grandeza. La que llega ahora a Mendoza es una versión más cercana y personal de León Gieco: el hombre detrás del icono, con fotografías de su historia proyectadas detrás, contando lo que las canciones no alcanzan a contar con palabras.
La emoción más grande
Imposible hablar del León de estos años sin detenerse en ese momento del 5 de mayo de 2023 en Roma. En una ceremonia marcada por el simbolismo y la convergencia entre arte, espiritualidad y compromiso social, Gieco, acompañado por su guitarra y su armónica, cantó desde la primera fila, a escasos metros del Papa Francisco, cumpliendo con el protocolo del Vaticano y logrando una cercanía física y emocional con el Pontífice.
La elección de la canción no fue casual: Sólo le pido a Dios era todo aquello que podía servir para unir a las distintas expresiones religiosas y representantes de la sociedad argentina.
Gieco publicó en Instagram una foto con el Papa y escribió simplemente: "Hoy viví una experiencia diferente y muy especial." En esa frase caben cincuenta años de carrera: el hombre que empezó tocando en actos escolares en Cañada Rosquín terminó emocionando al jefe de la Iglesia Católica en el corazón de Roma.
Con la muerte del Papa Francisco el 21 de abril de 2025, ese momento cobró una dimensión aún más honda en la memoria colectiva argentina. Gieco fue uno de los tantos músicos que lo despidió en redes, en silencio.
Una noche en el Plaza
El vínculo de León Gieco con Mendoza viene de lejos. Se asoma por primera vez en la intro con la que presenta su tema Hombres de Hierro en el legendario álbum Acusticazo (1972): “lo compuse, no pude evitarlo, porque hace más o menos dos meses me encontraba en Mendoza, de casualidad, y de pronto vi caer a la gente…”, —palabras con las que alude a la represión policial durante el Mendozazo—, y a partir de entonces han sido muchas y muy memorables sus presentaciones en nuestra provincia.
El retorno de este sábado será sin duda más que especial, no sólo porque León lleva tiempo sin cantar aquí, sino porque esta vez lo hará abrazado por el talento de las nuevas generaciones, nada menos que su hija Joana y el joven guitarrista Alejo León. Habrá un repaso histórico en imágenes, anécdotas y mucha música para disfrutar y recordar. La cercanía será real: la del hombre que compuso La memoria, El fantasma de Canterville, Bandidos rurales, Cinco siglos igual, entre otras, con el público mendocino que las lleva en su corazón y en su memoria desde hace décadas.
León Gieco tiene 74 años. Más de cincuenta de carrera. Un trauma acústico que lo obligó a frenar. Un Vaticano que lo emocionó hasta las palabras. Una hija pianista que sigue sus pasos. Un guitarrista joven que toca con el peso de lo que aprendió. Y canciones —esas canciones memorables— que siguen siendo necesarias en cualquier plaza, en cualquier teatro, en cualquier momento en que el mundo se cierna como una amenaza.
Joana Gieco: la heredera que hizo su propio camino
Dicen que en la familia Gieco la música no se enseña: se respira. "Me crié en ese ambiente y desarrollé un gusto por la música. Creo que me sedujo de una manera que casi no me dejó otra opción", cuenta Joana, que nació el 24 de agosto de 1982 en Buenos Aires y empezó a estudiar piano a los 8 años.
Su formación académica es rigurosa: es Profesora de Lenguaje Musical egresada de la Universidad Nacional de las Artes (UNA) y formada en el Conservatorio Nacional de Música Carlos López Buchardo. Pero Joana no es solo pianista: es multi instrumentista, cantante y compositora. Y, sorpresivamente para muchos, es metalera.
Fue tecladista de la banda solista de Ricardo Iorio, lo que la llevó a recorrer el país con el padre del heavy metal argentino. "Un estilo musical no tiene por qué cerrar puertas, al contrario", dice con una tranquilidad que desmiente cualquier contradicción. En 2016 armó una banda propia, Chulpa, con la que grabó un disco, Vidala del monte, de temas norteños reversionados de forma más metalera. Viajó hasta La Quiaca para hacerlo: "Imité esa forma de trabajo de mi padre de ir al lugar de origen de las músicas", explicó.
La influencia paterna es reconocida con gratitud, sin que opaque la propia identidad. "Lo que me transmitió fue la visión de la amplitud musical. No cerrarse a una sola cosa, sino rescatar de cada género y cada tipo de música su valor", declaró en una entrevista. Y sobre el privilegio de compartir escenario con su padre: "Agradezco a la vida que me dé esta oportunidad de tocar con mi papá, porque recuerdo siempre a mi papá decir que si hay algo de lo que se arrepiente es de no haber podido cantar con su papá, que era cantor de tango."
Desde 2023, Joana forma dúo con el guitarrista Alejo León. Juntos recorren escenarios con un repertorio que mezcla folk, jazz, música celta y rock progresivo. Cuando León padre los convocó para este show íntimo, la trilogía familiar-artística encontró su forma más natural.
Alejo León: el joven guitarrista metalero
Alejo León nació el 16 de diciembre de 1999 en Jáuregui, Partido de Luján. A los 11 comenzó a tocar la guitarra de manera autodidacta, y su habilidad innata lo impulsó rápidamente hacia el escenario. A los 14 se unió a una banda local, lo que marcó el inicio de su carrera musical.
Pero el salto cualitativo llegó a los 15: tocó en vivo con la legendaria banda Almafuerte en el Teatro Flores de la Ciudad de Buenos Aires. Dos años después, Ricardo Iorio lo convocó para unirse a su banda solista y ocupar el lugar de guitarrista líder. Fue gracias a Iorio que conoció a Joana Gieco.
Durante 2021 fue convocado por León Gieco para la grabación y nueva versión de Canciones para Francisca, junto a Joana Gieco. La confianza que el maestro depositó en él no era casual: Alejo toca con la madurez de quien escuchó mucho más de lo que su edad sugiere.
Hoy, el dúo que forma con Joana Gieco recorre provincias argentinas y ha cruzado hasta Uruguay, compartiendo su música con audiencias apasionadas. El proyecto, formado en febrero de 2023, interpreta vigorosas melodías clásicas y composiciones originales, fusionando folk, música celta, jazz, fusión y rock progresivo.