30 de julio de 2026 - 08:30

Lalo Mir: "La inteligencia artificial puede imitar la voz, pero no el alma"

En una charla distendida y profunda, el emblemático conductor argentino reflexiona sobre su trayectoria, el presente de la profesión, la tecnología y su vigencia con nuevos proyectos artísticos.

Siempre (sobre todo en el mes en que se festeja el Día del Locutor), una charla con una de las figuras más importantes y disruptivas de la radiodifusión argentina resulta un privilegio. Lalo Mir es esa figura, qué duda cabe. Nacido en San Pedro, provincia de Buenos Aires, el 14 de junio de 1952 bajo el nombre de Eduardo Enrique Mir, este prestigioso locutor y periodista ha construido una trayectoria que abarca más de cuatro décadas en el éter.

Formado en el Instituto Superior de Enseñanza Radiofónica (ISER), Lalo Mir se convirtió en un pilar fundamental de la radiofonía moderna.

Su nombre quedó grabado en la historia de los medios argentinos gracias a su participación en hitos revolucionarios como Radio Bangkok a fines de los años 80 en la Rock & Pop, y el recordado ciclo Animal de radio. Además de su labor en el dial, ha destacado como conductor de televisión en ciclos emblemáticos como La noticia rebelde, Las patas de la mentira y el prestigioso programa de encuentros musicales Encuentro en el Estudio.

El locutor Lalo Mir.

El locutor Lalo Mir.

Aprovechando un momento de su viaje por las rutas cordobesas, el histórico conductor se tomó un tiempo para reflexionar sobre el pasado, el presente y el futuro de la comunicación. A continuación, compartimos los tramos más destacados de esta entrevista que realizó con Aconcagua Radio.

Lalo Mir: desde la propaladora a la fama

—A vos te tocaron muchas etapas como locutor. Incluso en algún momento hiciste propaladora (N. de la R.: sistema de parlantes callejeros o un servicio local de altoparlantes que transmite música, avisos comerciales, noticias y avisos fúnebres en pueblos o plazas). ¿Cómo fueron esos inicios y ese recorrido por tantos formatos?

—Yo empecé en una propaladora en San Pedro, una ciudad pequeña. Después fui a la radio en Buenos Aires. Mientras estaba estudiando, hice unos informativos locutados que eran como las newsletters de hoy que se envían por mail. Bueno, en este caso era un casete. A las 4.30 de la mañana íbamos a un estudio, grabábamos una hora de noticias y ese casete se repartía a una cantidad de gente que pagaba el servicio; entonces iban en el auto escuchando el casete. O sea, que hice propaladora, hice radio, hice casete, hice televisión en vivo, hice televisión grabada, obviamente muchos programas, hago streaming de vez en cuando: sí, no le hago asco a nada. Transmití desde la Fragata Libertad en un viaje en altamar, transmití desde helicópteros y desde aviones…

—De hecho, en una época participaste también con tu voz en los aeropuertos, ¿no?

—Sí, porque en una época, cuando empezó la empresa Aeropuertos Argentina 2000, yo tenía un estudio de producción de audio y formateamos, hicimos todo para que una computadora fuera la que anunciara los vuelos y todo en el aeropuerto. Ahí había locuciones mías. Así que, de alguna manera, también alguna vez participé con el despacho de los aviones.

—Con tanta trayectoria, tu voz se escucha en todos lados. ¿Te pasa a veces que te encontrás con grabaciones tuyas que no recordás haber hecho, o que se siguen usando sin tu autorización?

—Sí, bueno, tengo problemas y algunos problemas legales también, porque hay gente que se aviva, por utilizar un término bien criollo, y una grabación que fue realizada y que se pagó con un motivo en particular, después se sigue usando por los siglos de los siglos. Incluso en Mendoza he tenido algunos ejemplos de esos.

Lalo Mir y los conflictos con la inteligencia artificial

—¿Y cómo te llevás con la inteligencia artificial? Hoy en día se puede clonar una voz de manera muy fiel. ¿Cómo ves ese avance?

—Estoy como expectante a ver qué sucede. Yo todavía no he tenido un conflicto directo con la inteligencia artificial. Creo que me puede imitar la voz y tal vez haya gente que no se dé cuenta. Pero si querés escuchar a Lalo Mir hablando, opinando tiene que estar mi alma. Ahí yo me doy cuenta. Yo me escucho y sé automáticamente que no soy yo, porque hay algo del espíritu, hay algo del decir, hay algo de la cadencia, hay algo del alma que está en la voz. Somos la voz, somos palabras, somos seres hablantes, y una máquina es una máquina, no es un ser. Uno puede hacer cosas que la máquina no hace ni en pedo. A la inteligencia artificial no se le ocurriría, por ejemplo, cambiar el tono o la distancia del micrófono de repente mientras habla.

—Antes se pensaba que el locutor masculino debía tener una voz sumamente grave. Con el tiempo eso cambió hacia una mayor naturalidad. ¿Qué opinás de esa evolución?

—Son dos tipos de locutores diferentes. Si querés decir, querés tener penetración, querés tener recordación, si querés tener todo eso que hacen las marcas, buscan ese tipo de voces. Ahora, vos tenés en la misma época en que empezaron las voces graves en la radio, en los 70 u 80, tenías toda la escuela de Radio Rivadavia. Son escuelas, son épocas. Ahora se usa la naturalidad. A mí me llaman y me dicen: “Hacelo, pero que no parezca locutor”. Entonces, ¿para qué me llaman? Hoy se busca lo natural, lo más relajado.

—¿Cuáles han sido tus grandes referentes en la locución y la radio?

—Héctor Larrea ha sido para mí un faro. Pero para mí la primera influencia es Hugo Guerrero Marthineitz, el peruano. No tanto por cómo hablaba, porque tenía una voz muy diferente y tenía una manera de decir muy diferente a la mía, sino por cómo funcionaba su cabeza a la hora de hacer radio; cómo era capaz de hacerte imaginar y hacerte ver cualquier cosa. Eso lo aprendí de él. Después, Larrea y Fontana son fundamentales. Carrizo, por su elocución y su calidad para entrevistar; alguien que se prepara mucho para entrevistar a una persona, entonces sabe de qué habla y te da el efecto de que no estás escuchando un reportaje, sino que estás ahí sentado con dos tipos que están hablando. Y Alejandro Dolina, el gran narrador de nuestro tiempo, que te cuenta cosas y vos ves películas. El que formateó mi cabeza para la radio es Guerrero Marthineitz.

—Estás muy activo en redes y presentás El pato es mío junto a Pato Smink en el Cultural Morán. ¿De qué se trata este proyecto de relatos sonoros?

—Es un experimento que iniciamos en el año 2018. Yo hice un año en Pop Radio, en Buenos Aires, un programa que se llamó El circo súper pop, que pasó sin pena ni gloria; lo hacíamos con mucho cariño, pero estábamos como en la frecuencia equivocada. En esos experimentos con Pato Smink, que es percusionista y DJ, él toca unos tambores electrónicos que suenan a veces como una orquesta, a veces como tambores, a veces como lluvia; es una máquina de sonidos. Yo aprovecho esa base para leer fragmentos de literatura, lecturas de libros que me gustan a mí, cosas que me mueven y que quiero comunicarlas. Es un pequeño espectáculo que hacemos de vez en cuando para despuntar el vicio y juntarnos. Las cosas del placer se siguen haciendo siempre, hasta el último día. Decile a un músico que deje la guitarra, o a un futbolista de 70 años que deje de jugar el picadito con los amigos.

Logotipo de Radio Bangkok, un programa conducido por el locutor Lalo Mir, que hizo historia en la radiofonía argentina.

Logotipo de Radio Bangkok, un programa conducido por el locutor Lalo Mir, que hizo historia en la radiofonía argentina.

—De todos tus programas, ¿cuál es el que la gente recuerda con más cariño?

Radio Bangkok en la Rock & Pop, sin duda. Duró poco, dos años y medio, pero dejó una marca indeleble. Hoy ya no tendría sentido hacerlo porque es otra sociedad; la vida cotidiana ya es como Radio Bangkok, entonces no sé qué habría que hacer.

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