Este sábado 30 de agosto, en el Arena Maipú Stadium de Mendoza, a partir de las 20.30, La Kermesse encenderá nuevamente la pasión ricotera. Se trata del concierto que celebra los 10 años de Los Decoradores, agrupación compuesta por los históricos miembros de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota: “Semilla” Bucciarelli, Sergio Dawi, Tito Fargo y Hernán Aramberri, junto con músicos invitados. Las entradas están disponibles en Ticketek.com.ar y boletería del Arena.
Desde sus inicios en 2015 en un festival homenaje a Enrique Symns, La Kermesse —también conocida como Los Decoradores— ha encarnado el espíritu Redondo en cada presentación, reavivando himnos y emociones que comparten varias generaciones. Han recorrido Argentina y Uruguay, presentándose en espacios icónicos como el Estadio Obras y festivales como el Cosquín Rock.
La formación actual incluye, además de los ex Redondos, a Jorge Cabrera (voz), Oscar Kamienomosky (segunda guitarra) y Mariano Pirato (teclado y voz), más invitados como el Chino Laborde y Jorgelina Avigliano en Mendoza, entre otros
Sergio Dawi es saxofonista, compositor y artista multidisciplinario. Su carrera quedó marcada por haber sido el saxofonista de Los Redondos desde 1987 hasta la separación de la banda en 2001. En ese período participó en discos emblemáticos como ¡Bang! ¡Bang!... Estás liquidado!, La mosca y la sopa, Lobo Suelto, Cordero Atado y Último bondi a Finisterre. Su estilo potente y expresivo, sumado a su presencia escénica, lo convirtieron en una pieza clave dentro del grupo liderado por Carlos “Indio” Solari y Skay Beilinson.
Durante los años más intensos de Los Redondos, Dawi acompañó las giras masivas que llevaron a la banda a lugares y recitales multitudinarios que marcaron un antes y un después en el rock argentino. Su saxo fue parte esencial en canciones como “Nuestro amo juega al esclavo”, “Semen-up” y “La hija del fletero”, donde el fraseo jazzero se fusionaba con la contundencia del rock redondo.
Tras la disolución de la banda en 2001, Dawi decidió seguir explorando nuevas formas artísticas. Luego, tras la separación de Los Redondos, emprendió su proyecto solista Dawi y los Estrellados, con el que lanzó al menos tres discos —incluyendo Estrellados (2004), seguido de Quijotes al ajillo (2008) y Jaqueados (2017). También desarrolló propuestas performáticas como SemiDawi, en colaboración con Semilla Bucciarelli, que conjugaba arte visual y música en escena
Con ese bagaje artístico La Kermesse llega ahora a Mendoza, en el marco de una gira que busca acercar esta experiencia a distintos públicos del país. Para los seguidores de Los Redondos será una oportunidad de reencontrarse con uno de los sonidos más distintivos de la banda, y para las nuevas generaciones, la posibilidad de sumergirse en un espectáculo que celebra la memoria pero también la reinventa.
—¿Cómo va a ser el show con que La Kermesse celebra sus diez años este sábado en el Arena Maipú?
—La Kermesse es una banda que hace honor a la música de Los Redondos. Está constituida por cuatro ex Redondos y después tenemos músicos que están desde el comienzo, que son Jorge Cabrera que es cantante, Mariano Pirato que también canta, toca teclados, hace coros y se van a sumar invitados. En el caso de Mendoza vamos a ir con excelentes cantantes. Uno es el Chino Laborde, que viene del tango y que cuando no está viajando por Europa, lo tenemos acá de invitado de lujo. Nos va a acompañar también una saxofonista argentina, Jorgelina Avigliano. Vamos a hacer todo el repertorio de Los Redondos. Y el criterio es que ya que estos temas han sido de un impacto muy grande para varias generaciones y también para los cantantes, entonces la idea es que interpreten las canciones con las que se sientan mejor, tanto ellos como el público.
—La Kermesse es un intento de darle continuidad a la experiencia de Los Redondos, ¿no?
—Sí, de alguna manera sí. A mí y a Semilla (Bucciarelli), que fuimos un poco los iniciadores de este proyecto, nos sucedió que cuando dejamos de tocar Los Redondos, en 2001, nos quedamos con sensación de horfandad. Hicimos una experiencia que para nosotros fue muy fructífera que se llamó SemiDawi. En una ocasión nos llamaron para hacer un acto en homenaje a Enrique Symns, quien también estuvo en la primer época de Los Redondos, y lo que sucedió fue muy potente y nos convenció de que todo ese público estaba, no sé si expresarlo de esta manera, necesitado de que esas canciones vuelvan a tener circulación, por el espíritu que se genera cuando estamos en la escena y las tocamos.
—En algún momento se hablaba incluso de la “misa ricotera”, ¿no?
—Muchas veces la gente les pone nombre a sus sentimientos. Nosotros básicamente hacemos las canciones y entregamos todo lo que podemos entregar. Y, en general, cuando nos presentamos, después de tocar un par de temas y saludar, decimos: "Buenas noches, familia." Porque lo que sentimos es que lo que se ha generado en cada show es esta permanencia y este acercamiento de un montón de gente que siente estas canciones de una manera muy emotiva. Entonces yo digo que más que misa, es un encuentro familiar. Donde hay un espíritu que, sin convocarlo nosotros, termina en que la gente naturalmente hace un pogo.
Seguramente existen otros géneros que tienen convocatoria también, pero nosotros estamos muy contentos de poder estar siendo parte de este ida y vuelta, porque realmente lo que hay es una ida y vuelta de mucha emoción.
—Siempre has tenido un perfil experimental con tu trabajo…
—Con Semilla hicimos SemiDawi, que fue muy constante y muy creativo y encontramos un lenguaje propio, lo cual no siempre es fácil de encontrar. Y también después de Los Redondos hice tres discos en los que sí, realmente me daba permisos experimentales.
—En alguna entrevista decís que el rock y la música tienen que ver con el dar. ¿Qué significa eso?
—Hay una entrega en nosotros que es evidente. También hay un ida y vuelta de mucha emoción. A nuestras presentaciones viene un público que está compuesto por tres generaciones, en el que el padre demuestra a su hijo cómo fue esto que él sentía cuando venía a ver a Los Redondos originales. Entonces el abuelo viene con el hijo y ese hijo viene con su hijo. Entonces, se da esta característica, que también confirma toda la emotividad, por lo cual tratamos de hacer todo a una escala humana, en donde no sea imprescindible que haya pantallas, y en donde nos podamos ver, nosotros al público y viceversa. Muchas veces cuando vemos al público, vemos las lágrimas, vemos la emoción, vemos cómo en algún momento la gente se pone a bailar. Es una energía muy muy potente la que se da.
—También has definido tu poética como una búsqueda entre la sencillez y el caos. Me gustaría que te explayaras un poco sobre esa definición.
—Es algo que implementé en mis discos, en donde me daba permisos, en donde con pocos elementos podía entrar en un mundo caótico. Y muchas veces en esos mundos caóticos había sorpresas, había melodías que si no hubiese entrado en ese caos, no me hubiesen inspirado. Entonces, por ahí más que nada tiene que ver con eso. No discrimino nada en mi en mi faceta compositiva, y, en general, trato de que la sensibilidad esté presente, porque también es una de las maneras de poder estar cerca de los que vienen a ver, de los que vienen a escuchar.