30 de agosto de 2025 - 06:00

Andrea Echeverri, de Aterciopelados: "Fui secuestrada por el rock"

La cantante y artista visual colombiana, reconocida con cuatro Latin Grammy, reflexiona sobre el rock, la cerámica, el feminismo, la influencia de la música argentina y la polarización política de su país.

El panorama del rock latinoamericano está salpicado de nombres importantes, pero pocos resuenan con la singularidad y la trayectoria de Andrea Echeverri. La voz inconfundible de Aterciopelados, la banda que marcó una época en la música colombiana, se ha ganado su lugar no solo por su talento vocal, sino por una sensibilidad artística que trasciende los escenarios y se manifiesta en la cerámica, en el activismo y en una visión del mundo tan personal como profundamente conectada con su entorno. Su llegada a Mendoza por primera vez para un concierto acústico no fue una casualidad, sino el punto de encuentro de una serie de combinaciones que aúnan la música y las artes plásticas.

Con más de tres décadas de carrera, Echeverri es mucho más que la vocalista de la banda que produjo éxitos como “Bolero falaz” o “Florecita rockera”. Es una artista completa, una ceramista de vocación que ha sabido entrelazar sus dos pasiones de una manera única y poderosa. Sus discos solistas y proyectos paralelos, como el aclamado “Ovarios Calvarios”, son una prueba de que su creatividad no se detiene. En ellos, explora la maternidad, la espiritualidad, la resistencia política y la cruda realidad de la violencia de género, siempre desde una perspectiva íntima y honesta. Es precisamente esta visión multifacética la que la ha convertido en una referente indiscutible, reconocida con cuatro Latin Grammy y con una agenda de giras que la ha llevado a los rincones más diversos del planeta.

Este concierto del domingo 31 de agosto, a las 21, en la sala Armando Tejada Gómez del Espacio Cultural Julio Le Parc (Mitre y Godoy Cruz, Guaymallén), con la apertura a cargo de la cantautora Ignacia, se presenta como una oportunidad para que el público se acerque a la faceta más íntima de la artista. Un formato acústico, una noche de cercanía y, sobre todo, un espacio para conversar con una mujer que no teme alzar la voz, ya sea para defender la fidelidad a sus raíces musicales o para criticar los mensajes de una industria que, a su entender, a veces se aleja del arte para abrazar una estética vacía.

04

En la entrevista con Estilo, Andrea Echeverri abre las puertas de su universo creativo, una dimensión donde el rock y la cerámica no son mundos separados, sino vasos comunicantes que nutren una misma esencia. Habla de su relación con Argentina, de la polarización política en Colombia y de la situación de la mujer en una sociedad hipersexualizada. La artista reflexiona sobre la evolución del rock colombiano, la convivencia con otros géneros y, sobre todo, la necesidad de mantenerse fiel a los principios que han guiado su carrera. Un viaje sonoro y visual a través de la vida de una de las figuras destacadas de la música latinoamericana, en cuya creatividad se entrelazan la resistencia y el compromiso social.

—Tengo entendido que es la primera vez que te presentás en Mendoza, ¿no?

—Sí, sí, ha sido un poco aleatoria mi llegada. Te cuento toda la historia. Fui invitada a ArteBa, en Buenos Aires. Soy ceramista y el disco nuevo de Aterciopelados, que se llama Genes Rebeldes, tiene una estética atravesada por la cerámica. De hecho hay tres videos que tienen cerámica: una canción que se llama Perú, una que se llama MOR y otra que se llama Eterno. Entonces fui invitada aquí a la feria con la obra de la canción Eterno, que es una canción dedicada a Gustavo Cerati. Y la obra es como un altar, y en el video hay una construcción artesanal de las piezas, el armado del altar, todo eso. Entonces, cuando me invitaron, me emocioné mucho, porque Soda Stereo, Cerati, la canción En la ciudad de la furia, todo eso ha sido muy importante en mi vida musical. Así que cuando me invitaron compré el ticket por millas. Y una vez que tenía ya la estancia aquí asegurada, pues me consiguieron un par de toques. Uno acá en Buenos Aires, en Casa Lolita, y el de Mendoza, allá en el Julio Le Parc. De hecho aquí, recordando, Aterciopelados solo ha tocado en Buenos Aires y una vez en Córdoba. Pero, bueno, la cosa es que, como vengo sola y yo nunca en la vida toco sola, no estoy acostumbrada, cuando me ofrecieron estos toques, pues yo dije, "Bueno, pues le voy a proponer a Ignacia". Y la llamé y, pues, sí, se animó, y hemos estado preparando un repertorio que tiene un poco de mi disco Ruiseñora y también un poco de Genes Rebeldes, el último disco de Aterciopelados. Ignacia ha abierto dos veces conciertos de Aterciopelados y siempre nos dice que le gusta mucho nuestra música. Ella va a tocar unas canciones de su nuevo disco para abrir la noche, pero luego mi repertorio lo tocaremos las dos.

—Me quedó resonando eso que decías de la música y la cerámica. ¿Cómo es esa mezcla? ¿Cómo llegaste a ella?

—Me especialicé en cerámica a comienzos de los 90, pues eso era lo que yo hacía. Tenía un almacén de cerámica que se llamaba Tierra de Fuego, con otros ceramistas y participaba en salones regionales, salones nacionales, bienales. Y luego, como dijo un periodista, fui secuestrada por el rock. La mayor parte de mi tiempo lo toma la música, pero siempre traté de acompañar los procesos musicales con cerámica. Entonces, un ejemplo son los collares. Siempre he hecho collares que tienen que ver con cada disco, y los regalábamos en los shows. Luego en el disco Claroscura, por ejemplo, todos los títulos de las canciones son hechos en cerámica. No se nota mucho, pero si ves bien el arte, pues eso es así. Pero creo que la primera vez que tuve un cruce de cerámica y música potente, fue en un proyecto que se llamaba Ovarios Calvarios. Y esto logré hacerlo por la pandemia. En la pandemia los viajes pararon y tuve mucho tiempo para hacer cerámica. Entonces, hice tres canciones antiviolación. Una se llama Ovarios, otra No se viola y otra Plañidera. Hicimos estas tres canciones y yo preparé una gran exposición que giraba alrededor de las víctimas de violencia sexual. Entonces, había rostros llorando, grandototes, y espejos vulva con nombres de víctimas de violencia sexual. Y eso fue superlindo, eso fue como casi un año en una galería en Bogotá que se llama El Claustro de San Agustín y fue mucha gente, y yo sentí que era la primera vez que había logrado esa unión exitosa. Fueron sobre todo muchas mujeres, había grupos de chicas, había mamás con sus hijas. Fue una cosa muy poderosa. Y luego de eso ya quedé como enganchada y dije, "Tengo que seguir con la cerámica". Entonces, en el 2023 hicimos el repertorio de nuestro disco más famoso que se llama El Dorado, de 1995, y lo grabamos y filmamos y sacamos El Dorado En Vivo, con el que nos ganamos un Grammy, y yo convoqué a ceramistas e hicimos una exposición que se llamaba de De tripas corazón. Todo alrededor de los temas del disco El Dorado. Eso fue como la segunda así bonita y poderosa. Y ahora con Genes Rebeldes, pues ha sido lindo porque he metido cerámica en todas las piezas gráficas y en tres de los videos, como ya te había dicho. Entonces pues eso, estoy como tratando de buscar puntos de unión, de encuentro, de comunión de las dos disciplinas.

—A primera vista, el rock and roll y la cerámica no parecieran tener mucho que ver, ¿no?

—En la música de Aterciopelados hay muchos temas que se pueden representar a nivel imagen, a nivel simbólico. Entonces, por ejemplo, el proyecto de Ovarios Calvarios pues fue poderoso, fue muy bonito, y son como temas que yo llevo construyendo en la lírica por mucho tiempo.

— ¿Y cómo está el ambiente musical colombiano? Y puntualmente el rock colombiano…

—Colombia es como el epicentro de esta movida urbana. Entonces, los espacios masivos están tomados por lo urbano. Pero hay un movimiento de música interesante. De grupos, digamos, que llevamos mucho tiempo, como puede ser Aterciopelados, La Derecha, 1280 Almas, Superlitio, son como bandas que llevamos 30 años o algo así haciendo música, pero también hay gente joven haciendo rock. Hay una banda que se llama Armenia, hay otros que se llaman Nicolás y los fumadores, hay otros que se llaman Kitchen. También hay como bandas que tienen como muchos ingredientes. Entonces pues está Choquitown, está Bomba Stereo, Messie Periné, que tienen como algo de influencia, yo creo, de los que llevamos mucho tiempo. Luego hay muchas solistas chicas, que están haciendo cosas divinas. Hay una que me encanta que se llama La Muchacha Isabel. Hay otra que se llama Briela Ojeda. Hay unas chicas que se llaman Flor de Lava. Las Áñez, a Las Áñez yo las amo, son unas gemelas que hacen una música así súper rara, pero superbonita. Entonces la escena está interesante, porque además de esa música urbana, hay propuestas y hay públicos más pequeñitos, que están construyendo una escena muy variada y vibrante.

—Debe haber convivencia también con, por ejemplo, el reggaetón o la cumbia, ¿no? ¿Cómo es eso?

—Digamos que, a veces, en los festivales ya van poniendo de todo, mezclan. Pero así “convivencia”, que seamos amigos, no. La verdad, no. Por lo menos de mi parte, porque yo veo que Carlos Vives y otros artistas sí, pues se van como adaptando y van mutando, pero yo, no. Me parece que sus mensajes y su estética son ofensivos, me parecen además herederas de la estética del narcotráfico. Y yo por allá no voy. Ni me gusta, ni lo escucho, ni nada.

7. credito_ Juan Andres Moreno

—Y del rock argentino, de la música argentina, ¿qué es lo que recibís?

—El rock argentino fue como como una gran influencia para mí, sobre todo desde Sui Generis, Serú Girán, Charly, Soda, Fito, Juan Carlos Baglietto, que sé yo, todo eso yo escuché mucho en la universidad. Y de lo nuevo, Los auténticos decadentes, con quienes hicimos una canción hace poco, Miranda, Él mató un policía motorizado, todo eso me encanta. Pero de esa otra onda más urbana, pues no, yo no, como que conscientemente me alejo. No soy del hip hop, ¿sabes? Héctor (Buitrago, su compañero en Aterciopelados) sí. Héctor está súper pendiente de todo lo que sale, pero yo no. Defiendo un poco la fidelidad a los artistas que te han gustado siempre. Esa es mi teoría.

—¿Cómo está Colombia ahora social, cultural y políticamente con Petro?

—Digamos que la cosa está un poco complicada. Porque hay como mucha polarización sobre todo. Hace poco asesinaron a este candidato presidencial (Miguel Uribe) y eso está fuerte. El ambiente está muy enrarecido, porque hay como otros candidatos de derecha que le echan la culpa a Petro. Dicen que fue un crimen de Estado. Entonces, pues eso es delicado, ¿sabes? Muy delicado. Entonces yo, que soy de izquierda, aunque no sea muy petrista, porque me parece que ha hecho unas cosas un poco raras, a mí en las redes me dicen que qué se siente ser cómplice del asesinato de Miguel Uribe. Es como que la gente está loca, ¿sabes? Hay una cantidad de prejuicios y una polarización muy tremenda que no le hace bien al país ni a nadie.

—Estas situaciones que están viendo se reflejarán supongo en el rock y en los artistas…

—Pues hay que esperar a ver cómo se refleja. Yo estoy por otros temas en esta época. Más me afecta la situación de la mujer. Estoy preocupada en los temas de género, en la situación de la mujer actual tan hipersexualizada. Insisto en esa estética heredada del narcotráfico que transmite el reggaetón, y que es muy pesada. Y además, ahora, disfrazada de feminismo, porque dicen que son feministas, porque son dueñas de su cuerpo y su sexualidad, siendo el mismo patriarcado de siempre. Yo voy más por esos temas.

LAS MAS LEIDAS