"La invitación" llega a los cines con Penélope Cruz y Olivia Wilde al frente de una de las comedias más comentadas del año

La producción que arriba este jueves 6 de agosto a los cines de Mendoza reúne a Seth Rogen, Edward Norton y la realizadora en un relato sobre swingers, vínculos, deseo, frustraciones cotidianas y una cena que cambia el rumbo de cuatro personajes.

La invitación, la nueva película dirigida por Olivia Wilde y protagonizada por Penélope Cruz, Seth Rogen, Edward Norton y la propia realizadora, llega hoy a los cines de Mendoza, convertida en uno de los estrenos más esperados de la temporada. Se trata de la versión estadounidense de Sentimental, la película del español Cesc Gay que ya tuvo adaptaciones en distintos países y que ahora desembarca en Hollywood con un elenco de primer nivel y una recepción crítica que la ubica entre las producciones con mayores aspiraciones de cara a la próxima temporada de premios.

La historia transcurre casi por completo durante una única noche y parte de una situación cotidiana que pronto deriva hacia un terreno inesperado. Joe y Angela, un matrimonio residente en San Francisco (Estados Unidos), invitan a cenar a sus vecinos Hawk y Pina. Lo que comienza como un encuentro cordial se transforma poco a poco en una conversación cargada de tensiones cuando la pareja visitante revela que practica sexo en grupo (swingers) y propone a sus anfitriones participar de un encuentro entre los cuatro.

A partir de esa premisa, la película construye una comedia que explora las relaciones de pareja, el desgaste emocional, los deseos ocultos y las contradicciones de sus protagonistas. El guion, firmado por Rashida Jones y Will McCormack, organiza el relato como una comedia de modales que gradualmente deriva hacia una comedia de errores, con diálogos superpuestos, reproches domésticos y un progresivo desmoronamiento de las apariencias.

Aplausos en Sundance

El estreno mundial de La invitación tuvo lugar el 25 de enero de este año en el Festival de Sundance. Allí obtuvo una prolongada ovación del público y despertó una intensa competencia entre distribuidoras que concluyó con la adquisición de los derechos por parte de A24 por 12 millones de dólares.

Desde entonces, el filme quedó instalado entre los títulos más comentados del certamen y comenzó a ser mencionado como un posible aspirante en la carrera por los principales premios de la industria.

La crítica estadounidense coincidió en destacar el trabajo de Olivia Wilde (actriz reconocida especialmente por su papel de Trece en la serie Doctor House) detrás de cámara. Diversos medios especializados consideran que la directora entrega aquí su realización más sólida hasta la fecha y también una de sus interpretaciones más logradas como actriz.

Olivia Wilde y Penélope Cruz en La invitación.

Olivia Wilde y Penélope Cruz en La invitación.

La historia de La invitación

El largometraje se abre con un epígrafe atribuido a Oscar Wilde: "Uno debería estar siempre enamorado. Esa es la razón por la que nunca debería casarse". Esa frase funciona como una declaración de principios para una historia que observa con ironía las rutinas del matrimonio y las pequeñas frustraciones que se acumulan con el paso del tiempo.

Joe aparece retratado como un profesor de música que atraviesa una profunda insatisfacción personal. Antiguo integrante de una banda de indie rock que apenas consiguió un éxito menor, hoy trabaja como docente en un conservatorio cercano a Berkeley y siente el peso de una carrera artística que nunca alcanzó las expectativas que había imaginado. Además, vive en un departamento heredado de sus padres, una circunstancia que alimenta su sensación de estancamiento.

Angela, por su parte, estudió arte, aunque abandonó esa vocación. Esa sensibilidad permanece reflejada en el cuidado con el que organiza su hogar. Antes de la cena compra una alfombra nueva, selecciona distintos tipos de queso y prepara un suflé con una dedicación casi obsesiva, mientras Joe ni siquiera recuerda llevar una botella de vino al regresar a casa.

La dinámica cotidiana entre ambos se sostiene sobre discusiones permanentes por cuestiones aparentemente menores. Un pepinillo tomado del aperitivo, la bicicleta plegable de Joe, la alfombra recién adquirida o la ausencia del vino sirven como disparadores de reproches que dejan al descubierto un desgaste mucho más profundo que los simples desacuerdos domésticos.

La situación cambia con la llegada de Hawk y Pina. Él es un bombero retirado; ella, una psicoterapeuta y sexóloga nacida en España. Los anfitriones ya los conocían indirectamente: el ruido provocado por la intensa vida sexual de la pareja había sido motivo de conflicto entre ellos, aunque nunca se habían atrevido a abordar el tema directamente.

Cuando finalmente se encuentran, Hawk y Pina explican espontáneamente el origen de esos ruidos y terminan formulando la propuesta que reorganiza toda la película: invitan a Joe y Angela a participar de una experiencia sexual compartida. Lejos de utilizar esa situación únicamente como un recurso humorístico, el relato la convierte en un punto de partida para examinar el deseo, la soledad, las oportunidades perdidas y el desgaste que pueden experimentar las relaciones de larga duración.

Las facetas de cada personaje

A medida que avanza la noche, la narración divide y vuelve a reunir a los personajes para mostrar nuevas facetas de cada uno. Angela descubre una inesperada afinidad con Hawk gracias a un interés compartido por las alfombras, convertido además en uno de los chistes recurrentes de la película. Joe, mientras tanto, logra bajar la tensión inicial durante una conversación con Pina, con quien incluso comparte un porro en uno de los momentos más distendidos del encuentro.

Aunque la mayor parte de la acción transcurre dentro de un único departamento, la puesta en escena adquiere un papel determinante. La película fue rodada en 35 milímetros y reunió a un destacado equipo técnico integrado por Dev Hynes en la música, Arianne Phillips en el diseño de vestuario, Yorgos Mavropsaridis en el montaje y Adam Newport-Berra en la dirección de fotografía.

El departamento donde se desarrolla la historia adquiere una importancia central. La vivienda fue concebida para funcionar dramáticamente como un elemento más del relato, hasta el punto de que algunos críticos la consideran un auténtico quinto personaje. La dirección de arte aprovecha cada ambiente para potenciar las tensiones entre los protagonistas, mientras el vestuario establece diferencias visuales entre ambas parejas y la cámara encuentra constantemente nuevas formas de extraer significado de un mismo espacio.

Elogios de la crítica

Las valoraciones de la prensa especializada presentan algunos matices respecto del desenlace. Mientras algunos observadores consideran que el tercer acto reduce parte del humor inicial para incorporar emociones más oscuras y un pequeño giro vinculado con Hawk y Pina, otros entienden que ese cambio de tono fortalece la historia y desemboca en un cierre delicado y emotivo, capaz de provocar una intensa reacción entre los espectadores que asistieron a la presentación en Sundance.

Más allá de esas diferencias, el consenso resulta amplio en un punto: La invitación representa una propuesta poco frecuente dentro del cine estadounidense reciente. Su combinación de humor adulto, conflictos íntimos, escritura afilada y un elenco de cuatro intérpretes que sostienen el peso dramático de principio a fin la convierten en uno de los lanzamientos más destacados de este año.

Con el entusiasmo despertado en Sundance y una recepción crítica ampliamente favorable, la película inicia ahora su recorrido comercial con expectativas que van más allá de la taquilla. En Estados Unidos ya comenzó a ser señalada como una producción con posibilidades de ganar protagonismo cuando llegue la temporada de premios y empiecen a definirse los candidatos a los Oscar.

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