Bajo la dirección del maestro Pablo Herrero Pondal y con la participación del virtuoso violinista Freddy Varela Montero, la Filarmónica de Mendoza olfrecerá una velada que va desde el romanticismo pictórico hasta la genialidad de Stravinsky. La cita es este viernes 8 de mayo, a las 21, en el Teatro Independencia.
La gacetilla del concierto vino acompañada con el anuncio de que, por razones de salud, el maestro David del Pino Klinge se encuentra imposibilitado de dirigir este concierto, el tercero del abono.
Para quienes no hayan adquirido aún su abono, las entradas generales se encuentran disponibles en www.entradaweb.com.ar.
Programa del concierto
Félix Mendelssohn (1809-1847) Obertura «La gruta de Fingal» (Las Hébridas), Op. 26
Max Bruch (1838-1920) Concierto para violín Nº 1 en sol menor, Op. 26
I. Vorspiel: Allegro moderato
II. Adagio
III. Finale: Allegro enérgico
Igor Stravinski (1882-1971) El pájaro de fuego, Suite (Versión de 1919)
I. Introducción – El Pájaro de Fuego y su danza – Variaciones
II. Ronda (Jorovod) de las Princesas
III. Danza Infernal del Rey Kashchei
IV. Berceuse (Canción de cuna)
V. Final
Un programa entre la naturaleza, el lirismo y la fantasía
El concierto propone un recorrido por tres obras cumbres de la historia de la música, ofreciendo al espectador un abanico de emociones y texturas sonoras:
F. Mendelssohn – Obertura «La gruta de Fingal» (Las Hébridas), Op. 26: Una verdadera «acuarela sonora» que transporta al oyente al paisaje nórdico de las islas escocesas, donde el balanceo de las cuerdas imita el movimiento del mar Atlántico.
M. Bruch – Concierto para violín Nº 1 en sol menor, Op. 26: Una de las obras más amadas del repertorio romántico. Con la interpretación solista de Freddy Varela Montero, la obra transita desde un preludio dramático y un Adagio de profunda pureza melódica, hasta un final arrollador inspirado en danzas gitanas.
I. Stravinsky – El pájaro de fuego, Suite (Versión de 1919): Una obra maestra que marcó un punto de inflexión en el siglo XX. Basada en el folklore ruso, la suite entrelaza lo mágico y lo dramático a través de una paleta tímbrica extraordinaria, transitando desde la célebre y enérgica “Danza infernal” hasta la delicada “Canción de cuna”, para culminar en un final luminoso y expansivo.