"House of the Dragon" es mucho más que la heredera de "Game of Thrones": cuatro razones para verla

La tercera temporada de "House of the Dragon" se acerca a su fin en HBO Max y ya es una de las mejores series del año.

Cuando finalizó "Game of Thrones", allá por mayo del 2019, los fans sintieron una suerte de desasosiego: no tanto porque acabase la serie, sino por la forma en que lo hizo. La última temporada, con el descenso repentino a la locura de Daenerys Targaryen y su posterior muerte en manos de Jon Snow, dejó un vacío que no estuvo a la altura de lo que representó la serie.

Sin embargo, lo que convirtió a "Game of Thrones" en un fenómeno cultural fue otra cosa: la convicción de que el poder siempre termina devorando a quienes creen poseerlo. Cuando HBO Max anunció "House of the Dragon", la sospecha resultó inevitable. Las franquicias hoy suelen comportarse como las monarquías decadentes: prolongan un apellido mucho después de haber perdido la sangre que la hizo grande. Nadie necesitaba otra excursión por Poniente si el único objetivo era vender nostalgia.

Lo extraordinario es que ocurrió exactamente lo contrario. "House of the Dragon" se ganó el corazón del público desde el primer episodio, emitido en agosto de 2022. Y hoy, mientras se emiten semanalmente los capítulos de la tercera temporada (a finalizar el 9 de agosto), logró incluso revivir parte de la mística que alimentó el fenómeno de "Game of Thrones": congrega audiencias semanalmente a una misma hora, produce olas de memes y entusiasma a su fandom, que discute en redes sociales sus análisis, interpretaciones y predicciones.

A continuación, algunas razones para ver la serie, que sumará este domingo 26 de julio un nuevo episodio, a las 22.

1- Esta vez la historia está completa

La gran tragedia de "Game of Thrones" no fue su controvertido final. Fue quedarse sin George R. R. Martin antes de tiempo. A partir de la quinta temporada, la serie empezó a correr delante de los libros. David Benioff y D. B. Weiss ya no adaptaban una obra, sino que empezaron a escribirla. El resultado fue una narración que, poco a poco, perdió la paciencia, el desarrollo moral e incluso la propia coherencia narrativa que habían convertido a Poniente en un territorio fascinante.

"House of the Dragon" parte desde una posición mucho más sólida. La historia de la Danza de los Dragones está íntegramente narrada en "Fire & Blood", el volumen que Martin publicó en 2018 y que cubre todo el conflicto, que tiene lugar casi 200 años antes de los acontecimientos de "Game of Thrones".

Eso no significa que la adaptación sea una traslación literal. Ryan Condal ha introducido modificaciones importantes (algunas celebradas, otras discutidas incluso por el propio Martin), pero todas parten de un esqueleto narrativo completo. La serie sabe hacia dónde se dirige y eso, para un público traumatizado por las últimas derivas de "Game of Thrones", es una garantía.

2- Tiene el ritmo perfecto

"Game of Thrones" sabía que las guerras empiezan mucho antes de que alguien saque una espada. Y ese esmero en el guion se rescata aquí también. Vemos, a veces con demasiada impotencia, cómo la Danza de los Dragones empieza a prefigurarse en conversaciones mal interpretadas, en gestos mínimos, pero intolerables, de orgullo y en traumas no resueltos. Un drama cuasi shakesperiano que toma forma sin prisa domingo tras domingo, moviéndose como la lava de un volcán en inminente erupción.

En efecto, la disputa entre Rhaenyra Targaryen y Alicent Hightower nunca se reduce al clásico enfrentamiento entre heroína y antagonista. Son dos mujeres atrapadas por una maquinaria patriarcal que las convierte en piezas de un juego del que ya no tienen el control.

3- Personajes humanos, actores de primera línea

Existe una tendencia en streaming a fabricar protagonistas sin sustancia, diseñados para agradar y ayudarnos a pasar el rato. Pero esta serie rechaza esa premisa por completo. Daemon es seductor precisamente porque resulta tiránico y genera desconfianza. Alicent puede despertar compasión y rechazo en la misma escena. Rhaenyra, ya reina, oscila entre la grandeza política y decepcionantes errores tácticos de monarca inexperta. Y así, llena de claroscuros, es la vida misma.

El magnífico reparto comprende que en este tenso juego palaciego es tan importante manifestar emociones como ocultarlas. Por eso se destacan la sutil y maternal Olivia Cooke (Alicent), Matt Smith (Daemon), el malévolo Ewan Mitchell (Aemond) y especialmente Emma D'Arcy como Rhaenyra: su reacción ante la muerte de su hijo Jacaerys Velaryon es una sorprendente y concisa lección actoral.

4- El espectáculo sólo importa cuando duele

El presupuesto estimado de esta tercera temporada es de 160 millones de dólares, manteniendo un promedio de cerca de 20 millones de dólares por cada uno de sus 8 episodios. Estamos hablando de la misma ambición presupuestaria que tenían los episodios de "Game of Thrones".

Y al igual que su antecesora, "House of the Dragon" sabe que una sola batalla bien desarrollada puede impactar igual que diez batallas gratuitas. Las secuencias bélicas impresionan menos por sus efectos visuales que por el peso emocional que arrastran.

En ese sentido, esta temporada empezó por lo alto, con la Batalla del Gaznate, donde se enfrentaron las facciones de la Triarquía con las naves de la Casa Velaryon y los dragones de Jacaerys Velaryon y Baela Targaryen. La irrupción inesperada de Rhaena Targaryen montando el salvaje Robavejas le sumó una capa de dramatismo al episodio: al no poder contener al dragón, ocasiona la muerte de Jacaerys y Vermax.

Desde entonces, los dragones aparecen poco. Retozan en segundo plano, mientras en el primero se desenvuelven las intrigas que los llevarán a tomar vuelo y enfrentarse entre ellos. Una "danza" que, en el tramo final de la temporada, finalmente hará erupción tras años de conflictos acumulados.

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