Hernán Piquín y tributo a Soda Stereo: "Hay noches que termino con el hemoso vacío de haberlo dado todo"
“Me verás volver” llega a Mendoza con una propuesta de danza, relato y la música de Soda Stereo para contar una historia atravesada por el amor, la pérdida y lo que permanece cuando todo termina.
El nuevo espectáculo de Hernán Piquin es un trabajo emotivo con temas sensibles.
Luego de dos años, cuando estuvo presentando “El Último Tango”, Hernán Piquín regresa a Mendoza con “Me Verás Volver” para presentarse en distintos departamentos entre el martes 7 y el sábado 11 de abril, finalizando su mini gira por la provincia con una función en el Teatro Plaza.
Las presentaciones están previstas para el 7 a las 21 en el Teatro Lafalla, en General Alvear; el 8 a las 21 en el Teatro Roma, de San Rafael; el 9 a las 21 en el Auditorio Municipal de Tunuyán; el 10 a las 21.30 en el Teatro Ducal, de Rivadavia; y el 11 a las 21.30 en el Teatro Plaza de Godoy Cruz. Las entradas, en todos los casos, se podrán adquirir a través de EntradaWeb o en las boleterías de los teatros.
Hernán Piquin
Juan y Ana son los protagonistas de esta historia.
Cuando la pérdida se hace arte
Su nuevo espectáculo es un tributo a Soda Stereo que busca meterse en un territorio más frágil, más humano y bastante más incómodo de transitar: el amor y la pérdida humana. La premisa es simple: una historia de amor que nace en un recital, crece en los gestos mínimos y se enfrenta a la enfermedad, la pérdida y la continuidad. Lo que Piquín construye no es sólo un relato coreográfico sino una especie de espejo emocional donde el espectador se encuentra.
Toda la puesta, la escenografía, la coreografía, la historia y el vestuario, no tendrían asidero sin el hilo conductor de todo el espectáculo: la música. Y es ahí donde el espectador entiende que no está volviendo a “escuchar” a Soda, ni está viendo a los bailarines interpretarlo, sino que lo está sintiendo en el propio cuerpo. Tan intensa es la expresión física de Hernán Piquin, que logra meterse en la piel del espectador.
Y ahí aparece el primer desplazamiento interesante. “Cuando empecé a escuchar nuevamente las canciones y llevarlas al cuerpo, volví a sentir aquellas emociones que sentía en mi adolescencia”, cuenta Piquín en la entrevista con Los Andes. Lo que en la memoria aparece como potencia o energía, en escena se desarma en otra cosa: “al bailarla aparecen los silencios, las respiraciones, las tensiones”. Hay algo casi mágico en ese proceso, como si la música se abriera para mostrar lo que siempre estuvo ahí pero nadie se detuvo a mirar.
Ese gesto, que podría haber quedado en un ejercicio estético, se vuelve el corazón de la obra. Porque “Me verás volver” no es un recital bailado ni una biografía encubierta deGustavo Cerati. De hecho, Piquín toma distancia de esa tentación: Soda Stereo está, pero como una presencia lateral, casi atmosférica. Lo que importa es la historia. Y sobre todo, lo que esa historia activa.
En ese sentido, hay una decisión clara: no contar desde el golpe bajo. La enfermedad, por ejemplo, no aparece como representación literal sino como una serie de signos que se filtran en el cuerpo. La interpretación de Ana, a cargo de Sol Menescardi, se apoya en esa lógica: menos obviedad, más insinuación.
Y ahí es donde la obra empieza a tensarse de verdad. Porque si algo queda claro en el relato de Piquín es que lo técnico, por momentos, pasa a segundo plano. Hay escenas que no se sostienen por destreza sino por exposición.
Hernán Piquin
Me verás volver no solo es un tributo a Soda Stereo, sino también una historia humana.
El espectáculo se apoya en un elenco de diez bailarines que sostienen la potencia emocional de la obra con una entrega pareja y precisa. Junto a Hernán Piquín, el escenario se completa con Fabricio Miró, Rodrigo Gutta, Ezequiel Zúñiga, Lucio Hernández, Sol Menescardi, María Victoria Findlay, Zoé Rivoira, Candela Suárez y Renata Loyola, conformando un ensamble que combina técnica, sensibilidad y presencia escénica al servicio del relato.
La historia por sobre los hits
La construcción del espectáculo también deja ver una lógica distinta a la de otros trabajos de su carrera. Lejos de armar una lista de hits, la selección musical responde a una necesidad narrativa en la que las canciones que funcionaban como puertas, como cambios de estado, como pequeñas bisagras emocionales, están presentes en el espectáculo, mientras que las otras, por más queridas que fueran, quedaron afuera. Un gesto que, viniendo de un universo tan cargado como el de Soda, no es menor.
Porque si hay una idea que atraviesa toda la obra —y también el propio discurso de Piquín— es la de lo que queda. Lo que sobrevive cuando la música se apaga y el cuerpo deja de moverse. “La danza desaparece apenas sucede”, dice. Y sin embargo, algo insiste. No es la coreografía ni la técnica. Ni siquiera es la historia en sí, sino la emoción y las imágenes mentales que quedan, luego de abrir un espacio nuevo en la memoria.
En esta charla con Los Andes, Hernán Piquin habló del impulso vital que lo llevó a pensar este espectáculo como una historia de amor, del desgaste del cuerpo tras las funciones y de los recuerdos propios que lo vinculan con la banda.
Hernán Piquin
Hernan Piquin.
-En “Me verás volver” trabajás sobre canciones de Soda Stereo que mucha gente tiene muy incorporadas. ¿Qué descubriste vos en esa música al llevarla al cuerpo que antes no habías notado?
-Cuando empecé a escuchar nuevamente las canciones y llevarlas al cuerpo, volví a sentir aquellas emociones que sentía en mi adolescencia que me ponían la piel de gallina. Cuando escuchas la música de soda tiene una fuerza muy visceral, pero al bailarla aparecen los silencios, las respiraciones, las tensiones y es ahí, cuando la música te atraviesa el cuerpo y te das cuenta que quizá no le habías prestado atención.
-La historia de Juan y Ana atraviesa varias etapas emocionales fuertes. ¿Hubo alguna escena que te haya resultado especialmente difícil de construir o sostener en escena?
-Hay un par de escenas que son difíciles pero hay una en especial, la de la despedida cuando Juan sabe que no va a volver a ver a Ana, no es por lo técnico, es por lo emocional. Tocan recuerdos míos, despedidas en las cuales me tocaron estar lejos y no llegar y que aún duelen. En esas escenas tengo que sostener la verdad sin que el dolor me gane, y a veces es un equilibrio muy fino.
-¿Cómo fue el proceso de elegir qué canciones entraban en el espectáculo y cuáles quedaban afuera?
-Ufffff, elegir las canciones fue un viaje difícil. Amo muchas, pero entendí que no estaba armando un recital, sino contando una historia que comenzaba en un recital de Soda. quedaron las que realmente sentía que contaban lo que estaba sucediendo en cada escena, las que abrían una puerta emocional o un cambio de estado.
-Más allá del homenaje, ¿Sentís que esta obra también dice algo sobre el presente o dialoga más con la memoria del público?
-Siento que “Me Verás Volver” habla del presente, aunque la música nos lleve a la memoria. La historia de Ana y Juan toca temas que son muy humanos: la fragilidad, el miedo, el amor, la necesidad de volver a encontrarse. No es sólo nostalgia, es la vida misma.
Hernán Piquin
Me verás volver no solo es un tributo a Soda Stereo, sino también una historia humana.
-El espectáculo plantea una narrativa clara, casi cinematográfica. ¿Cómo construís ese equilibrio entre contar una historia concreta y dejar espacio a la interpretación del espectador?
-Creo que ese equilibrio lo encuentro mediante la emoción, cuando me llega una propuesta nueva o directamente la escribo intento emocionarme siento que si logro eso el público lo recibe así y se conecta con esa emoción. La danza, para mí, es ese lugar intermedio donde la historia se dice, pero también se sugiere.
-Venís de hacer espectáculos con diferentes enfoques narrativos. ¿Qué tiene este en particular que lo vuelve distinto para vos como intérprete?
-Este espectáculo me toca muy profundo. Soda, además de acompañar mi adolescencia, mis viajes en tren hacia el Teatro Colón también acompañó momentos importantes de mi vida, y descubrí que bailar esa música me conecta con cosas que había olvidado. A mis 52 años siento que es una obra donde estoy más expuesto, más maduro, más vulnerable, y a la vez más libre.
-La figura de Gustavo Cerati es inevitable en cualquier tributo a Soda. ¿Decidiste abordarla de manera directa o preferiste que funcione como una presencia más simbólica?
-Este espectáculo no habla de Gustavo Cerati ni de la banda, aunque están presentes, pero de una forma sutil. Esta es la historia de Ana y Juan con sus amigos y de un encuentro en un recital de Soda, es una historia que le pudo haber pasado a cualquiera de nosotros y que seguro nos ha pasado de conocernos con alguien y conectar enseguida.
-El público de Soda Stereo es bastante exigente y emocional. ¿Pensás en esa expectativa cuando creás o tratás de correrte de eso?
-Siempre pienso en el público, para mí es lo principal, en este caso el público de Soda es muy emocional, pero no puedo crear desde el miedo a defraudar. Prefiero ser honesto, respetuoso, y confiar en que esa verdad y la emoción van a llegar donde tiene que llegar.
Hernán Piquin
Me verás volver no solo es un tributo a Soda Stereo, sino también una historia humana.
-En la sinopsis aparece la enfermedad como punto de quiebre. ¿Cómo se representa algo tan delicado desde la danza?
-Sol Menescardi hace un excelente trabajo y una interpretación hermosa de Ana, el tema de la enfermedad la trabajamos desde lo interno. No quiero mostrarla textualmente, sino sugerirla: la fragilidad, la pérdida de eje, la respiración que se acorta. La danza permite decir mucho sin caer en lo obvio, y en este tema eso es fundamental.
-A lo largo de tu carrera hiciste desde clásicos hasta biografías bailadas. ¿Dónde sentís que encaja “Me verás volver” dentro de tu propio recorrido artístico?
-“Me verás volver” encaja en un lugar muy especial de mi camino. Une lo popular, lo emocional y lo narrativo. Es una obra donde cuento una historia, pero también me cuento a mí mismo. La siento como un puente entre etapas de mi vida artística.
-En un espectáculo tan cargado de emociones, ¿cómo manejás el desgaste función tras función?
-Se me hace difícil, no sé si es la edad pero el desgaste intento manejarlo como puedo, respirando antes de salir a escena, soltando después, cuidando la mente y el cuerpo. Pero, sobre todo, me sostiene la energía del público. Hay noches que termino vacío, pero es un vacío hermoso, el de haberlo dado todo.
-El título remite a regreso, a permanencia. En un arte tan efímero como la danza, ¿qué creés que realmente “vuelve” o queda después de que baja el telón?
-Creo que lo que realmente vuelve es la emoción. La danza desaparece apenas sucede, pero queda en quien la miró, en quien la vivió, en quien la transitó y en quien la vibró. Vuelve esa imagen, ese latido, ese instante en que algo se abrió en alguien. eso, para mí, es lo que permanece.