28 de mayo de 2026 - 15:24

GYT llega a Mendoza: el legado eléctrico de una banda que marcó los 80s

Pablo Guyot y Alfredo Toth vuelven a escena con un espectáculo que celebra las canciones de GIT y una historia decisiva para el rock argentino. “No es nostalgia vacía”, asegura el guitarrista y productor Guyot.

Antes GIT y ahora GYT, la banda surgida hace cuatro décadas con canciones como “Es por amor” o “La calle es su lugar (Ana)”, se presentará hoy en Mendoza para hacer un recorrido por su propia leyenda y dejar abierta una puerta a una nueva épica rockera.

En los años 80, mientras el rock argentino atravesaba una transformación estética decisiva tras la dictadura, GIT apareció como una anomalía moderna. Pablo Guyot, Willy Iturri y Alfredo Toth venían de una escuela rigurosa: habían acompañado a Raúl Porchetto y luego se convirtieron en piezas fundamentales de la banda de Charly García en discos esenciales como Clics modernos y Piano Bar. Aquella experiencia funcionó como una especie de laboratorio de alta intensidad artística. Cuando finalmente formaron GIT, no eran músicos improvisando un sueño adolescente: eran instrumentistas experimentados que entendían el estudio de grabación, los arreglos, la potencia escénica y la lógica de las grandes canciones.

El resultado fue inmediato. GIT logró sintetizar sofisticación musical y eficacia pop sin perder identidad rockera. Había ecos del new wave británico, guitarras precisas, bajos melódicos y un trabajo vocal inusual para la escena local. Pero también había himnos directos, estribillos demoledores y una sensibilidad urbana que conectó rápidamente con una generación entera. Fueron, además, una de las primeras bandas argentinas en expandirse con fuerza por Latinoamérica, cuando todavía no existían las plataformas digitales ni la circulación instantánea de hoy.

Con el tiempo, las historias internas de la banda atravesaron separaciones, reencuentros y reformulaciones. El desgaste humano, las carreras paralelas y las transformaciones inevitables de cualquier grupo marcaron distintas etapas. Pero el núcleo creativo de Pablo Guyot y Alfredo Toth volvió a encontrarse bajo un nuevo nombre: GYT. La “Y” en el medio no funciona solamente como reemplazo tipográfico de la vieja sigla. También parece señalar otra cosa: una continuidad distinta, una nueva estación dentro de una historia larguísima.

Esta nueva formación llegará a Mendoza este sábado 30 de mayo, cuando el dúo se presente en el Teatro Plaza con un show centrado en los 40 años del universo GIT. La expectativa alrededor del recital no es casual. Mendoza siempre tuvo una conexión fuerte con el rock argentino de los 80 y particularmente con bandas como Los Enanitos Verdes, con quienes Guyot y Toth compartieron escenarios, vínculos artísticos y años decisivos de expansión continental. La reciente muerte de Felipe Staiti, además, vuelve especialmente emotivo ese cruce simbólico entre generaciones y escenas musicales.

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Lejos de limitarse al ejercicio nostálgico, Guyot y Toth también llegan respaldados por una enorme trayectoria como productores. Desde mediados de los 90 trabajaron con artistas y bandas fundamentales del rock argentino como Los Piojos, Bersuit Vergarabat, Ratones Paranoicos, Guasones e Intoxicados, entre muchos otros. Esa experiencia detrás de consola terminó ampliando todavía más su mirada sobre el sonido, las canciones y los cambios de la industria musical.

En esta entrevista con Estilo, Pablo Guyot repasa justamente ese recorrido: la identidad sonora de GIT, el vínculo creativo con Charly García, el recuerdo de los años dorados del rock argentino, su participación en Huevos de Miguel Mateos, la transformación de la música actual y el lugar que todavía ocupa el rock en una cultura atravesada por la velocidad digital. También habla de la salida de Willy Iturri, del presente de GYT y de la persistencia de canciones que, como pequeñas cápsulas eléctricas, siguen atravesando décadas sin perder intensidad.

—Formás parte de una banda que a lo largo de tantos años se hizo y se deshizo varias veces. ¿Cuál es la propuesta musical de este nuevo GYT, (sin Iturri y con una Y griega en el medio)?

—Mirá, GIT fue una banda muy fuerte, muy importante para nosotros y para mucha gente, pero también es verdad que las historias cambian. Hoy GYT tiene otra impronta. Seguimos Alfredo y yo, que fuimos una parte fundamental del sonido y de las canciones de GIT, y decidimos seguir adelante desde un lugar honesto, sin copiar nada ni forzar situaciones.

La propuesta es tocar esas canciones con la energía que tienen todavía hoy, pero también con la experiencia de tantos años arriba de un escenario. No es nostalgia vacía. Hay una banda muy sólida, músicos increíbles y un show que tiene mucho rock, mucha potencia y mucha emoción. La “Y” del medio también marca eso: una nueva etapa.

—¿La salida de Iturri es definitiva o el público de ustedes todavía puede esperar el regreso de la banda original, con sus tres integrantes?

—Nunca me gustó hablar en términos definitivos porque la vida da muchas vueltas. Compartimos muchísimas cosas con Willy y siempre habrá una historia en común que nadie puede borrar.

Pero hoy la realidad es esta. Alfredo y yo estamos muy enfocados en este proyecto, disfrutándolo muchísimo y mirando para adelante. Después, el tiempo dirá. Lo importante es que las canciones siguen vivas y la gente sigue acompañando de una manera impresionante.

—¿Cómo definirías el sonido GIT y cuál te parece la cualidad que lo hizo tener el éxito que tuvo en los 80?

—Creo que GIT logró algo difícil: mezclar sofisticación musical con canciones muy directas. Veníamos de tocar con Charly, de tener influencias del rock inglés, del new wave, del pop, pero también del rock argentino más clásico. Había mucho trabajo en los arreglos, en los coros, en las guitarras, pero nunca perdíamos de vista la canción. Y además aparecimos en un momento donde había una necesidad enorme de una música más moderna, más fresca, más urbana. Teníamos identidad. Cuando sonaba GIT, sabías que era GIT.

—¿Sentís que ese sonido GIT hoy se escucha “de época” o todavía tiene algo contemporáneo?

Hay discos que envejecen y otros que quedan flotando en el tiempo. Yo creo que muchas canciones de GIT todavía suenan actuales porque estaban muy bien hechas y porque no seguían una moda puntual. De hecho, escuchás bandas nuevas y muchas veces encontrás cosas que nosotros ya hacíamos en los 80. El uso de guitarras, ciertos climas, determinados grooves… Hay algo que sigue vigente. Obviamente hay una marca generacional y eso está buenísimo también. No renegamos de la época en la que nacimos. Pero creo que las canciones todavía conectan con gente joven porque tienen verdad.

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—Ustedes comenzaron con grandes figuras musicales como Banana Pueyrredón o Porchetto, pero el punto de inflexión fue con Charly García. ¿Cómo recordás esa época y qué podés decir del vínculo de uds con Charly?

—Lo de Charly fue una universidad. Así de simple. Nosotros veníamos tocando muchísimo, aprendiendo el oficio, pero entrar en la banda de Charly García nos cambió la cabeza. Era un nivel de exigencia artística enorme. Había que estar muy preparado musicalmente y también muy despierto creativamente. Charly veía cosas antes que los demás. Tenía una visión impresionante. Y además nos dio un lugar muy importante dentro de su banda. No éramos simples acompañantes. Con Alfredo y Willy vivimos momentos increíbles con él. Giras, grabaciones, noches eternas… Fue una etapa muy intensa y decisiva para todo lo que vino después.

—Vos individualmente también tuviste participación en uno de los discos más emblemáticos de Miguel Mateos/ZAS, “Huevos”. ¿Qué recordás de esa experiencia?

—“Huevos” fue un discazo. Miguel estaba en un momento artístico muy fuerte y había una búsqueda muy ambiciosa. Recuerdo mucho trabajo en estudio, mucha obsesión por el sonido y por lograr un disco potente. Era una época donde los discos se hacían casi artesanalmente, con muchísimo detalle. Y además había una competencia sana entre las bandas. Todos queríamos hacer el mejor disco, el mejor show, sonar mejor. Eso elevaba muchísimo el nivel general del rock argentino.

—Cuando mirás atrás, ¿qué te genera más orgullo: una canción, un disco o haber sido parte significativa de la escena musical de los 80?

Lo que más orgullo me da es haber sido parte de una generación que dejó canciones que siguen vivas. Porque los discos pueden ser importantes, los shows inolvidables, pero cuando una canción atraviesa décadas y sigue emocionando a alguien, ahí hay algo muy fuerte. También me emociona haber compartido esa época con músicos increíbles. Fue un momento muy creativo del rock argentino. Había talento, riesgo y una enorme pasión.

—También has hecho una importante trayectoria como productor. ¿Qué podés decir sobre el momento actual en la música argentina?

La música cambió muchísimo. Cambió la industria, la forma de grabar, de consumir y hasta la manera de escuchar. Hoy cualquiera puede grabar una canción en su casa y subirla al mundo entero en minutos. Eso democratizó mucho las cosas, y está buenísimo. Pero también siento que a veces se pierde profundidad. Todo es más inmediato, más rápido. Antes un disco era casi una obra integral. Hoy muchas veces todo pasa por el impacto instantáneo. Igualmente siguen apareciendo artistas muy talentosos. Argentina siempre tuvo una capacidad enorme para generar música.

—¿Qué tiene que tener un músico o una banda para hacerse un lugar en este momento?

Primero, identidad. Después, perseverancia. Porque hoy hay miles de artistas subiendo contenido todo el tiempo y es muy fácil perderse en esa cantidad. Y también creo que hay que tocar en vivo. El escenario sigue siendo el lugar donde realmente ves si una banda tiene algo especial o no. Las redes ayudan muchísimo, claro, pero el vivo sigue siendo irremplazable.

—¿La música rock todavía puede ser revulsiva e incomodar o ya quedó más asociada al entretenimiento?

El rock siempre va a tener algo rebelde porque nació así. Capaz hoy no ocupa el mismo lugar cultural que ocupaba en los 80 o los 90, pero sigue siendo un espacio de libertad y de expresión. Lo que pasa es que el mundo cambió. Antes el rock era casi el lenguaje principal de una generación. Hoy convive con muchísimas otras músicas y otras formas culturales. Pero cuando una canción está hecha con verdad, todavía puede incomodar, emocionar y generar algo fuerte.

—Hace poco falleció aquí en Mendoza Felipe Staiti. Tengo entendido que fuiste productor de Los Enanitos. ¿Qué podés decir al respecto y de tu vínculo con la banda mendocina?

—La noticia me pegó muchísimo. Felipe era un gran músico, un gran violero y además una gran persona. Con Los Enanitos Verdes compartimos muchos momentos y siempre hubo muchísimo respeto y cariño. Mendoza tuvo una escena increíble y Los Enanitos fueron fundamentales para el rock argentino y latinoamericano. Felipe tenía una sensibilidad muy especial para tocar la guitarra. Era de esos músicos que con pocas notas ya tenían identidad. Lo voy a recordar con muchísimo afecto.

—¿En la presentación de uds en Mendoza habrá temas inéditos? ¿Tienen en proyecto la grabación de algún disco nuevo?

Estamos tocando un show de grandes éxitos, canciones infalibles que la gente canta de principio a fin. Y además sumamos algunos bonus muy especiales, como dos canciones de Charly que dentro del show son una verdadera bomba. Se genera algo muy fuerte ahí. También estamos proyectando un Teatro Ópera en Buenos Aires para noviembre, la posibilidad de grabar un disco en vivo y seguimos trabajando canciones nuevas, porque eso nunca se detiene. Siempre aparecen ideas, riffs, melodías… seguimos creando. Y además hay muchas propuestas para girar por Latinoamérica durante 2026 y 2027, algo que nos entusiasma muchísimo porque estas canciones siguen teniendo una conexión enorme con la gente en distintos países. En Mendoza vamos a hacer un show muy potente, con mucha energía, emoción y un sonido tremendo.

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