El martes pasado en la Nave UNCuyo, se proyectó Buscando a Shakespeare, el nuevo documental de Gustavo Garzón. Tras la función, el actor, director y autor charló con el público y compartió detalles del proceso creativo y las motivaciones detrás de esta obra que lo llevó desde Buenos Aires hasta Londres en busca de un misterio literario que aún hoy despierta debates.
La película explora dos grandes preguntas: cómo se interpreta a Shakespeare desde el punto de vista actoral y quién fue realmente el autor detrás del nombre más célebre de la literatura inglesa. A partir del vínculo con la directora teatral Mariana Sagasti —especialista argentina en la obra del dramaturgo inglés—, Garzón se embarca en una investigación tan rigurosa como personal: su propio proceso de preparación para actuar por primera vez un texto shakespeariano.
Entre los especialistas entrevistados en el documental se destacan figuras internacionales como Mark Rylance, Emma Smith y Erica Whyman. También participan referentes argentinos como Bartís, Muscari, Audivert, Norman Brisky, Carnaghi y Furriel, entre otros, quienes han interpretado o dirigido puestas sobre obras del bardo inglés. El documental no busca cerrar el enigma, sino amplificarlo, dándole voz a múltiples perspectivas.
Estrenada en el BAFICI 2025 y próxima a su lanzamiento comercial en Buenos Aires, Buscando a Shakespeare se inscribe en una tradición de documentales reflexivos, donde el arte se convierte en un puente entre la historia, el presente y la experiencia íntima del creador.
Días después de su paso por Mendoza, Garzón conversó con Estilo sobre el origen del proyecto, el estado actual del cine argentino y el poder transformador del teatro.
—Lo primero es preguntarte qué repercusión tuvo en Mendoza el documental.
—Bueno, había unas 50 personas, lo cual para un martes y una película documental y sobre Shakespeare, es bastante. Me ayudaron unos amigos para poder difundir y que haya gente y estuvo muy lindo. Se armó un debate y hablar de Shakespeare siempre eleva.
—¿Y cómo fue que surgió la idea de hacer esta película?
—Un poco por mi curiosidad, digamos. Conocí a una investigadora que es la protagonista del documental, Mariana Sagasti, que se dedica a investigar el misterio del origen de Shakespeare. Me pareció un tema muy interesante, y luego sumé el tema de la obra de Shakespeare y de cómo se actúa Shakespeare. Así que la película contiene un poco de esas tres cosas, de esos tres temas, digamos.
—Y en concreto, ¿qué significó hacerla?
—Bueno, en principio el placer de ejercer la vocación. A mí me gusta mucho hacer películas y ya el hecho de estar haciéndola y que fui aprendiendo sobre Shakespeare cosas que no sabía, escuchando a mis pares argentinos a quienes respeto, entrevistarlos, escuchar su voz, escuchar a los pensadores ingleses, porque la película se filmó la mitad en Inglaterra, en fin: aprender... Mi curiosidad me lleva a eso.
—En un marco, digamos, más bien desalentador como el que tenemos en Argentina desde el punto de vista de la cultura y en específico del teatro y del cine, ¿cómo sentís que se inserta el proyecto de esta película?
—No, esto se hizo antes, con el Inca de hoy no se puede filmar nada. Esto viene de la gestión anterior, cuando el Inca funcionaba, cuando el cine funcionaba, cuando el Estado apoyaba. Ahora ya no. Entonces ya este tipo de cosas no se pueden hacer más. Hoy es tan complicado llegar a hacer una película que prácticamente es imposible.
—Suena a resignación lo que decís…
—Y cómo hacés para no resignarte. Para hacer una película sin ayuda del Estado, una película independiente, un documental, hacen falta 500 mil dólares. Y yo no los tengo. Mis películas son baratas, pero aun así no tengo para producir una película. Así que sí, lo que queda es resignarse y esperar que la gente aprenda a votar, o que vote por el interés mayoritario y no por otros factores. Lamentablemente la democracia es así. Ganó un proyecto que detesta la cultura, que detesta el cine argentino, que le pasó la motosierra a todo. Es lo que la gente votó. Y hay quiénes están celebrando, pero nosotros lo sufrimos, la verdad, lo sufrimos.
—¿Pero no tenés alguna expectativa de que esto cambie?
—No, no, esto no va a cambiar. Esto va a cambiar cuando cambie el gobierno. Y ojalá que cambie. Pero no, no va a cambiar, porque ellos disfrutan eliminando puestos de trabajo. Odian a la cultura, nos dicen que nosotros hacemos películas que no le interesan a nadie. Esa es la realidad que se vive, y no hay fuerza para oponerle a eso. Si los universitarios, con un millón de personas en la calle, no lograron que mejoren su presupuesto, ¿qué podemos hacer los cineastas, que no podemos movilizar más de mil personas? Lamentablemente son las reglas de la democracia y hay que aceptarlas. Y ojalá la gente que ha votado este proyecto tenga un poco de sensibilidad y se dé cuenta cuánto daño causa y a cuántas personas deja sin trabajo.
—Volviendo a Shakespeare y a este documental, ¿por qué recién decías que te había dejado enseñanzas? ¿Cuáles son?
—Bueno, escuchar a los que saben, tanto de Inglaterra como en Argentina, gente que sabe mucho más que yo. Para mí es todo aprendizaje, cosas reveladoras, cosas que nunca supe, cosas que me agregan nuevas curiosidades. De cómo se actúa Shakespeare, de quién fue Shakespeare, de cómo se debate acerca de su origen, del misterio de quién fue. No voy a hacer un documental acerca de algo que sé, porque me aburro. Yo trabajo sobre cosas que quiero aprender y que me dan curiosidad. Entonces, bueno, todo el tema Shakespeare. Nunca fui un shakespeariano. Y ahora me despertó mucho más interés conocer a fondo su obra.
—¿Y cómo crees que Shakespeare se inserta en el teatro argentino?
—El argentino es transgresor. Los ingleses dicen que los argentinos nos apropiamos de Shakespeare y hacemos con él lo que queremos. Y es verdad, y se hacen genialidades. Vas partiendo de los temas shakespearianos, de las obras de Shakespeare, pero con mucha libertad. Tenemos gente de teatro que hace maravillas, transgrediendo las propias obras de Shakespeare. Hacemos Shakespeare cómicos, hacemos cualquier tipo de versión, pero geniales. O sea, el argentino tiene algo genial, de transformar las cosas, y es muy creativo con el teatro y con todo.