28 de marzo de 2026 - 10:52

Estelares llega a Wine Rock: "Nuestras canciones cruzan generaciones"

La banda platense Estelares se presenta hoy en Luján de Cuyo, tras una seguidilla de shows en la provincia y con Los Lobos como eje de su repertorio actual.

Estelares toca hoy en el Wine Rock y la pregunta no es tanto qué viene a hacer sino por qué vuelve tan seguido. Pasaron por Mendoza dos veces en lo que va del año: el 16 de enero en la Fiesta de las Naciones, en Junín, y el 14 de febrero en el festival A Morfar, en Godoy Cruz.

Con esta tercera fecha en marzo, se arma una secuencia poco habitual incluso para grupos con agenda intensa: tres presentaciones en menos de tres meses dentro de la misma provincia.

Esa recurrencia no responde a una gira cerrada ni a un lanzamiento puntual. Tiene más que ver con una dinámica de trabajo sostenida en el tiempo. Estelares, integrada por Manuel Moretti en voz, Víctor Torio y Pablo Silvera en guitarras, Pablo Sbaraglia en teclados, Pali Silvera en bajo y Javier Miranda en batería, -una formación que se ha mantenido con relativa estabilidad en los últimos años y que explica, en parte, la coherencia sonora del grupo-, es desde hace años, una banda que gira mucho. No en términos de grandes campañas promocionales, sino en una lógica más constante, casi de oficio: shows en festivales, fechas propias, circuitos regionales y un ida y vuelta continuo con distintas plazas. Mendoza, en ese esquema, aparece como un territorio donde la respuesta del público habilita volver sin necesidad de reinventar cada visita.

Estelares, en busca de la canción perfecta
Estelares, en busca de la canción perfecta
Estelares, en busca de la canción perfecta

La experiencia reciente lo confirma. En enero, el grupo se presentó en un evento masivo como la Fiesta de las Naciones, con un público amplio, familiar y heterogéneo. En febrero, el contexto fue distinto: A Morfar, en Godoy Cruz, con una impronta más ligada al circuito urbano y gastronómico. Hoy, el escenario vuelve a cambiar: Wine Rock propone un formato que cruza música con turismo, paisaje y consumo cultural asociado al vino. Tres entornos distintos en pocas semanas, con una misma banda adaptando su repertorio y su energía a cada uno.

Un poco de historia

Esa capacidad de adaptación forma parte de una identidad construida a lo largo de más de tres décadas. Estelares nació en La Plata a mediados de los noventa y atravesó distintas etapas sin romper del todo con su núcleo: canciones de estructura clásica, una lírica reconocible y un sonido que se mueve dentro del rock y el pop sin necesidad de definirse en un solo género.

El primer tramo de su discografía —Extraño lugar (1996) y Amantes suicidas (1998)— los ubicó dentro de la escena independiente de la época. El salto más claro llegó en los 2000, con la incorporación de Juanchi Baleirón como productor. A partir de ahí, discos como Ardimos (2003) y Sistema nervioso central (2006) consolidaron un sonido más definido y una llegada más amplia. No fue un crecimiento explosivo, sino progresivo, con canciones que empezaron a circular por fuera del circuito estrictamente rockero.

En esa etapa aparecen algunos de los temas que hoy funcionan como núcleo duro del repertorio: “Ella dijo”, “Un día perfecto”, “Aire”. Canciones que, con el tiempo, trascendieron el contexto original de sus discos y pasaron a formar parte de un uso más extendido: eventos, medios, incluso apropiaciones populares que exceden a la banda. Ese fenómeno, que suele ser un objetivo para muchos grupos, también plantea un desafío: cómo convivir con esos “clásicos” sin quedar atrapado en ellos.

La respuesta de Estelares no fue romper con ese pasado, sino integrarlo en una lógica de continuidad. La discografía posterior lo muestra: Una temporada en el amor (2009), El costado izquierdo (2012), Las Lunas (2016) y Las Antenas (2019) mantienen una línea de trabajo donde cada disco dialoga con el anterior sin repetirse del todo. No hay giros abruptos ni cambios de rumbo radicales, pero sí una actualización constante de sonido y producción.

Estelares 2025-85
Estelares

Estelares

"Los Lobos": el disco que cambió el rumbo

En ese recorrido, la figura de Manuel Moretti es central, no solo como voz sino como principal letrista. Su escritura, muchas veces asociada a un tono introspectivo y cotidiano, funciona como hilo conductor entre etapas. Sin embargo, la banda no se agota en esa dimensión autoral: la dinámica interna, el trabajo colectivo y los distintos productores con los que trabajaron fueron moldeando cada etapa.

El último capítulo de esa historia es "Los Lobos", editado en 2024. Más que un quiebre, el disco funciona como una puesta al día. “Es una foto de lo que somos hoy”, dijo Moretti en una entrevista con Página/12. La idea de “foto” aparece también en otras declaraciones, donde el cantante insiste en que cada álbum responde a un momento específico de la banda, más que a una búsqueda conceptual cerrada.

En diálogo con Rolling Stone Argentina, Moretti también marcó una posición clara frente a las formas actuales de consumo musical: “los discos siguen siendo una forma de contar algo completo”. En un contexto donde el single domina la circulación, Estelares sostiene el formato álbum como espacio de desarrollo. Eso no implica ignorar las nuevas lógicas —la banda también publicó canciones sueltas—, pero sí mantener una estructura de trabajo que prioriza el conjunto sobre la fragmentación.

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“Los Lobos” se inscribe en esa tradición. El título remite a la idea de grupo, de manada, una imagen que aparece tanto en las letras como en la lectura que los propios integrantes hacen de su trayectoria: una banda que se sostiene en el tiempo a partir de vínculos internos y una práctica compartida. No hay épica exagerada en esa construcción, sino una noción más concreta: seguir tocando, grabando y circulando.

Ese presente discográfico convive, inevitablemente, con el peso del repertorio histórico. En vivo, Estelares arma listas que combinan canciones nuevas con los temas más reconocidos. No es una estrategia novedosa, pero en su caso tiene una particularidad: el equilibrio no está resuelto de antemano. En contextos masivos, los clásicos ocupan un lugar central. En shows más acotados, el margen para explorar material reciente o menos difundido se amplía.

Debut en Wine Rock

El Wine Rock se ubica en un punto intermedio. No es un recital propio en sala, pero tampoco un festival masivo en sentido tradicional. El formato —al aire libre, con una experiencia que incluye gastronomía y vino— genera un tipo de público diverso, donde conviven seguidores de la banda con asistentes que llegan por el evento en sí. En ese marco, el repertorio suele ajustarse sin perder identidad.

La participación de Estelares en festivales tampoco es nueva. A lo largo de su carrera, la banda pasó por escenarios como el Cosquín Rock, entre otros encuentros de escala nacional. Sin embargo, nunca se posicionó exclusivamente dentro de ese circuito. Alterna esos espacios con fechas propias y presentaciones en ciudades donde el vínculo con el público se construye de manera más directa.

Hoy, en Wine Rock, esa lógica vuelve a ponerse en juego. No hay un lanzamiento puntual que funcione como excusa ni una narrativa de “gran regreso”. Hay una banda con repertorio, con un disco relativamente reciente y con una dinámica de shows que no se detiene.

En una entrevista de Victor Torio, uno de los guitarristas, con Los Andes, cuenta como fue el proceso creativo del último disco, habla de las expectativas de estar en Wine Rock, y de visitar bodegas en Mendoza.

-Han venido un montón de veces a Mendoza en lo que va del año. Esta es la tercera vez en menos de tres meses ¿Cómo lo viven?

-Buenísimo ir seguido a Mendoza. Como decís, fuimos varias veces y por suerte nos convocan. Nos hacemos lugar en la agenda para ir a alguna bodega a tomar unos vinos, además de tocar, porque nos gusta mucho la ciudad y la provincia.

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-¿Cómo sienten la energía del público en cada show, teniendo en cuenta que estuvieron en festivales distintos, con públicos diferentes?

-Algunas son fiestas más populares, con muchas generaciones, y otras son más rockeras, en entornos más de noche. La verdad que está buenísimo. Tenemos canciones que se disfrutan cruzando generaciones. Entonces la banda puede tocar y sentirse cómoda en diferentes eventos. Ahora estaremos en el Wine Rock, compartiendo con artistas nuevos y consagrados. Gracias a nuestras canciones podemos meternos en ese tipo de grillas y festivales, y lo disfrutamos.

-¿Ya habían estado antes en el Wine Rock?

-Me parece que no. Hemos ido muchas veces a Mendoza, pero al Wine Rock no. Siempre vi promociones y ediciones, y me llamaba la atención, ya sea para ir a tocar o a disfrutar unos días. Es espectacular: rock, vino y montaña, la mejor propuesta.

-Es un festival con espíritu bien rockero, a diferencia de otros, como Cosquín Rock, donde se cruzan géneros. Ustedes estuvieron ahí, ¿cómo viven esa nueva modalidad?

-Van cambiando las generaciones. Nosotros hace 30 años que estamos tocando, y los festivales, unos 20. Se va renovando todo: hay artistas nuevos con diferentes propuestas y estilos. Esa mezcla está buena. El rock se nutre de la energía joven; si eso desaparece, el género deja de existir. La propuesta tiene que ser rebelde, sonora, también en la lírica. Está bueno que aparezcan artistas nuevos y se mezclen con lo anterior.

-Sobre el disco Los Lobos, ¿qué simboliza la figura del lobo y cómo se refleja en las letras?

-Tenemos el disco hace cerca de un año y estamos contentos. Nos representa, es una foto auditiva de nuestro momento actual. Los lobos tienen que ver con la manada, con andar juntos. Somos un grupo de compañeros y amigos que estamos hace mucho tiempo trabajando, respetándonos y tratando de permanecer. Es una metáfora. Igual habría que preguntarle a Manuel, que escribe y tiene el concepto poético de la banda.

-¿Cuál dirías que es el más potente del disco y por qué?

-No sé si hay uno más potente o principal. “Los Lobos” me gusta mucho, “Zumba el viento” también, y “Roma”, que es de Pali, tiene una fuerza que representa bien lo que estamos haciendo hoy. Es un disco parejo, cada canción tiene la mejor intención para ser lo más óptima posible.

-Se habló de un nuevo sonido en el disco. ¿Qué buscan transmitir con este material?

-Cada vez que grabamos un álbum buscamos renovarnos en el estudio, en sonido y en propuesta. Vamos moldeando ideas que mutan, y el álbum anterior deja de representarnos. Entonces actualizamos con nuevas canciones, letras e ideas. Buscamos representarnos lo mejor posible en cada momento y renovar la propuesta. Eso lo disfrutamos nosotros y también el público.

Estelares
Estelares estará por tercera vez en la provincia, en el escenario lujanino.

Estelares estará por tercera vez en la provincia, en el escenario lujanino.

-El público también pide los clásicos. ¿Cómo equilibran esas expectativas con lo nuevo?

-Hay canciones que se consagran con el tiempo, como “Ella dijo” o “Un día perfecto”, y es difícil competir con ellas desde lo nuevo. Se llevan mucha atención. Nosotros también hacemos canciones menos comerciales, pero con peso artístico. Es una competencia linda. En shows grandes incluimos los clásicos, pero también sumamos material lado B para mostrar otras facetas.

-Hoy hay bandas que sacan singles y otras que siguen apostando al disco completo. Ustedes están en ese segundo grupo.

-También sacamos singles, como “El gato que está triste y azul”, que no pertenece a un álbum. A veces, entre discos, hacemos una o dos canciones. Pero venimos de una época donde el disco era una obra completa que representaba al artista. El álbum permite mostrar un espectro más amplio que una sola canción.

-Mirando la trayectoria, ¿hubo algún quiebre que los lleve al sonido actual?

-Puede verse como un crecimiento paulatino, de pasos pequeños. Pero también hubo momentos clave: conocer a Juanchi Baleirón y trabajar con él en el 2000 fue un quiebre, porque empezamos a sonar más y a hacer discos más producidos. Después trabajamos con Germán Wiedemer, pianista de Calamaro, con quien hicimos tres álbumes. Esos fueron hitos, además del trabajo constante desde el inicio.

Wine Rock: Una grilla que cruza historia, presente y escena en expansión

El Wine Rock no arma su programación desde un solo eje, y ahí está parte de su lógica. Siempre se caracterizó por ser un festival puramente rockero, y desde ese lugar se anima a mezclar capas. En el mismo escenario conviven nombres con décadas de trayectoria, bandas en plena actividad discográfica y proyectos que todavía están construyendo identidad. Esa superposición, que en otros contextos podría sentirse forzada, acá funciona más como una foto del estado actual de la escena.

RATONES-PARANOICOS-EUROPA
Ratones Paróicos actualmente hace giras por Europa y también por el interior del país.

Ratones Paróicos actualmente hace giras por Europa y también por el interior del país.

En la parte más reconocible del cartel aparece Ratones Paranoicos. No necesitan demasiada explicación. Su repertorio está incorporado a la memoria del rock nacional y su presencia en festivales cumple una función bastante concreta: ordenar, dar un punto de referencia. No dependen de un disco nuevo para sostener el show, sino de un catálogo que sigue funcionando en vivo. En ese sentido, representan una lógica distinta a la de muchas bandas actuales: menos rotación de material, más permanencia.

Catupecu Machu
Catupecu Machu

Catupecu Machu

Dentro de los nombres con mayor peso también aparece Catupecu Machu, una banda que históricamente se movió en un terreno más experimental dentro del rock argentino. Con una trayectoria marcada por cambios de formación y búsquedas sonoras intensas, el grupo liderado por Fernando Ruiz Díaz mantiene en vivo una identidad potente, donde conviven distorsión, climas electrónicos y una impronta física muy marcada en el escenario. Su presencia en la grilla suma una capa más áspera frente a propuestas más melódicas, ampliando el rango del festival.

Estelares se ubica en otro registro. También tiene recorrido largo, pero no se apoya únicamente en eso. Viene de editar Los Lobos y sostiene una dinámica de presentaciones constante, lo que impacta directamente en el tipo de show que ofrece.

Pasado Verde
Pasado Verde

Pasado Verde

En el plano local, Pasado Verde llega en un momento interesante. El lanzamiento reciente de “Romantinaitis” muestra un corrimiento en su sonido: menos clima etéreo, más estructura de canción directa con algo de sonido de los ‘90. La banda, que ya venía consolidándose dentro del indie nacional, parece estar buscando una forma más concreta de impacto sin perder identidad.

Néctar02_2
Néctar 02

Néctar 02

Nectar 02, con una estética que se despega del formato banda tradicional, presenta su propuesta que trabaja sobre bases electrónicas, producción digital y una construcción sonora más cercana al pop alternativo actual. En vivo, ese enfoque se traduce en sets donde lo visual y lo sonoro tienen el mismo peso.

En una línea similar de renovación, aunque desde otro lugar, está Esperanzah. Su proyecto cruza elementos de lo urbano con una sensibilidad más ligada al indie, sin terminar de encajar en una categoría fija. Esa indefinición, que en otro momento podría haber sido un problema, hoy juega a favor: le permite circular entre distintos públicos y formatos.

Esperanzah
Esperanzah

Esperanzah

Desde propuestas más cercanas al rock clásico hasta proyectos que incorporan electrónica, pop o cruces de género, Wine Rock no hay una narrativa única que ordene todo eso, y probablemente tampoco sea la intención, sino que funciona más como un espacio de convivencia.

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