Cualquier persona que creció en los 80 recuerda a Poltergeist como una de películas más terroríficas de la época. Lo que nadie sabe es que detrás de la pantalla, la realidad fue mucho más tétrica. La escena de Diane Freeling en la pileta tiene un detalle macabro que hasta ella misma desconocía.
Esqueletos de verdad: el macabro secreto de la producción
JoBeth Williams pasó cinco días rodando en el barro rodeada de lo que ella creía eran muñecos de plástico. La verdad salió a la luz años después: el equipo de producción usó esqueletos quirúrgicos reales traídos de la India para rodar dichas escenas.
¿El motivo? Sorprendentemente, fue por plata. En 1982, era mucho más barato comprar esqueletos biológicos de laboratorios médicos que mandar a fabricar réplicas de goma realistas.
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Ni "Caroline" ni Spielberg: los errores y misterios
Otro detalle que se nos pasó por alto durante décadas tiene que ver con el doblaje. En el imaginario colectivo quedó grabada la frase "Corre hacia la luz, Caroline", pero es un error.
En realidad, la niña se llama Carol Anne Freeling. Además, siempre existió la duda de quién dirigió la película: si Tobe Hooper o el mismísimo Steven Spielberg, quien estuvo encima de cada toma.
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La maldición que marcó a la saga
El uso de restos humanos reales alimentó la famosa "maldición de Poltergeist". Muchos creen que jugar con cadáveres atrajo la desgracia sobre el elenco.
Trágicamente, la joven Heather O’Rourke (Carol Anne) murió a los 12 años y Dominique Dunne (Dana) fue asesinada poco después del estreno. Casualidad o no, el mito sigue vivo en la cultura popular.