18 de enero de 2026 - 00:00

"El divorcio del año": José María Muscari y el éxito de su nueva obra en la temporada de teatro porteño

La cartelera porteña abrió el año con una comedia dirigida por José María Muscari que pone el foco en la pareja, el divorcio, fama y salud mental. Entrevista.

La temporada teatral en Buenos Aires arrancó con una propuesta eficaz: El divorcio del año, una comedia dirigida por José María Muscari y protagonizada por Fabián Vena, Juan Palomino, Guillermina Valdés, Ernestina Pais y Rocío “Rochi” Igarzábal, que se estrenó en el Multiteatro el 2 de enero.

El texto, coescrito por Muscari y Mariela Asensio, propone una mirada aguda, divertida y emotiva sobre los vínculos de pareja, la exposición pública de lo privado y los efectos que una separación tiene en quienes la protagonizan y en su entorno cercano.

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José María Muscari durísimo con Gran Hermano: “Son personas que no saben trabajar y salieron de la nada”
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Temas profundos en tono de comedia

La obra se mete de lleno en la actualidad: plantea el humor que surge de conflictos reales, desde las tensiones familiares hasta lo que las redes sociales amplifican de cada gesto íntimo. Muscari eligió un elenco que combina trayectorias sólidas en distintas áreas del espectáculo para lograr un cruce de estilos y públicos. La producción está a cargo de Tomás Rottemberg y Juan Manuel Caballé, quienes apuestan nuevamente a un gran título de temporada con un equipo artístico de primer nivel.

Fabián Vena y Juan Palomino llevan años de experiencia en televisión y teatro, con roles memorables en ficción y puestas escénicas que los consolidan como actores de “pura raza”, en palabras del propio director. Guillermina Valdés y Ernestina Pais aportan una presencia mediática fuerte que trasciende las tablas, sumando capas de identificación para el público joven y adulto. Rocío Igarzábal, con formación actoral y trayectoria en series de TV, completa este grupo diverso que resignifica la comedia teatral porteña.

el divorcio del año
La obra expone situaciones complejas en tono de comedia.

La obra expone situaciones complejas en tono de comedia.

José María Muscari, el hacedor de éxitos

La figura de Muscari es parte de la historia teatral porteña. Actor, dramaturgo y director nacido en Buenos Aires en 1976, empezó su carrera en la adolescencia y desde entonces ha construido una de las trayectorias más abundantes y diversas del teatro local. Ha llevado a escena más de setenta obras, transitando tanto el circuito comercial de la calle Corrientes como el under porteño. Además, suele mezclar sin rubor trabajos con nombres mediáticos y piezas más experimentales o con temáticas arriesgadas.

Entre sus trabajos más emblemáticos se encuentra Sex, una de las propuestas más longevas del teatro porteño actual. Estrenada en 2019 en el Gorriti Art Center, la obra lleva más de seis años en cartel con distintas versiones y elencos rotativos. A lo largo del tiempo, se consolidó como una experiencia escénica híbrida que combina teatro, danza, música y humor para abordar la sexualidad desde un lugar lúdico y contemporáneo.

El divorcio del año
Rocío Igarzabal, una actriz que ya se destacó en series como Yiya.

Rocío Igarzabal, una actriz que ya se destacó en series como Yiya.

Otro título clave en su recorrido es Perdidamente, escrita junto a Mariela Asensio, una comedia que cruza neurociencia, humor y emoción para hablar del Alzheimer y los vínculos. La obra tuvo temporadas exitosas, y se convirtió en una referencia dentro del teatro comercial con contenido sensible, algo que Muscari vuelve a explorar en El divorcio del año desde otra perspectiva.

Para 2026, además tiene en marcha Doradas, anunciada como la primera obra argentina escrita con inteligencia artificial, con estreno previsto en el Teatro Nacional Cervantes. Su carrera parece seguir multiplicándose en cruces entre lo tradicional y lo experimental, sin perder de vista el pulso del público.

El divorcio del año
Los abogados de las partes, interpretados por Ernestina Pais y Juan Palomino.

Los abogados de las partes, interpretados por Ernestina Pais y Juan Palomino.

En charla con Los Andes, habla del éxito que ya tiene El divorcio del año y de por qué elige abordar temas profundos y complejos, como enfermedades mentales, desde la comedia sin perder sensibilidad y con una mirada enriquecedora.

—¿Cómo estás viviendo el estreno y las primeras semanas de El divorcio del año en Buenos Aires?

—La verdad es que el proceso estuvo buenísimo. El elenco es muy talentoso, muy entregado, muy angelado y muy fluido. Fue un proceso hermoso. Se llevan muy bien arriba del escenario y también abajo. Por otro lado, la obra arrancó muy fuerte en estas primeras semanas de la temporada en Buenos Aires, entre las obras más vistas, compitiendo con tanques ya montados y con nuevos estrenos. Saber que estamos en las preferencias del público potencia todo. Las obras siempre las termina de completar el público, sobre todo en mi teatro. En este caso es una comedia, por lo cual la respuesta del público es fundamental.

El divorcio del año
Guillermina Valdés interpreta a una empresaria de joyas mediática.

Guillermina Valdés interpreta a una empresaria de joyas mediática.

—¿Te sorprendió la recepción que tuvo la obra?

—Sí. La coautora, María Ascencio, y yo le teníamos mucha fe, pero nunca nos imaginamos que iba a calar tan hondo el subtexto y la trama profunda de la obra. En apariencia, como el título lo dice, habla de un divorcio y de todo lo que pasa en el medio de un divorcio, pero el subtexto tiene que ver con el mundo de la salud mental. Nunca imaginamos que iba a generar tanta empatía, identificación y una adhesión tan fuerte en la platea. Así que lo estamos disfrutando un montón. Con María es la segunda vez que hacemos una obra juntos. Antes hicimos Perdidamente, que estuvo cuatro años en escena y fue un super éxito. Esa obra hablaba del deterioro cognitivo y del Alzheimer. Estuvimos en Mendoza con Perdidamente, fue bárbaro. Ese descubrimiento de poder hablar de un tema tan tabú y sacralizado como el deterioro cognitivo, una enfermedad que incluso muchas veces no se nombra, y convertirlo en comedia, nos alentó a decir: Por qué no intentar lo mismo con otro gran tabú como la salud mental.

El divorcio del año
El divorcio del año.

El divorcio del año.

Redes sociales y una hija al borde del colapso

—¿Qué temas aborda El divorcio del año desde ese lugar?

—La obra habla de la salud mental, la medicación, los ataques de pánico, la angustia, la depresión, temas que están bastante invisibilizados a pesar de convivir con nosotros cotidianamente. Hay un momento que al público le encanta donde se dice: “Todos los que te rodean algún problema tienen, seguramente no están diagnosticados”. La persona que te atiende en la panadería, el compañero del secundario de tu hijo, la mamá de Zumba que comparte la casa con vos. Vivimos en una sociedad muy careta: cuando nos enfermamos de gripe nos recomendamos analgésicos, pero cuando se enferma el cerebro no nos animamos a decir que conocemos a alguien que necesita tratamiento. Aunque suene serio, la obra es una comedia. El gran punto es cómo se relaciona con el ataque de pánico, la medicación, la falta de sueño, la adicción, la angustia, y cómo evitamos vincularnos con el otro refugiándonos en el celular. Todo eso está contado desde el humor, y ahí la gente entra de manera muy fluida.

El divorcio del año
La obra plantea situaciones íntimas expuestas en medios y redes sociales.

La obra plantea situaciones íntimas expuestas en medios y redes sociales.

—¿Cómo evitaste repetir fórmulas respecto de Perdidamente y cuál es la trama principal de la obra?

—Empiezo por la trama. El divorcio del año cuenta la historia de una pareja: él es un conductor histórico de noticieros de televisión, interpretado por Fabián Vena, y ella es una empresaria de joyas de alta gama muy mediática, que es Guillermina Valdés. Una mujer con un perfil muy alto, que maneja las redes sociales y que forma parte de los programas de televisión. Están casados hace muchos años y tienen una hija adulta, el personaje de Rochi Igarzábal. A partir de una infidelidad aparece la posibilidad del divorcio. Esa fractura familiar hace que cada uno contrate un abogado: Juan Palomino interpreta al abogado de él y Ernestina Pais es la abogada de ella. Sin spoilear, ese proceso de divorcio es el disparador para meternos de lleno en la salud mental. La hija funciona como una especie de narradora y, muy propia de las nuevas generaciones, arrastra desde chica problemas de angustia, medicación, consumos y adicciones. Es una joven de 25 años que está por salir a la vida adulta, pero todavía vive con sus padres. Ese es el pretexto para abordar el tema de la salud mental. En Perdidamente la pregunta era cómo funciona la mente a partir del deterioro cognitivo. Acá la gran pregunta es cómo funcionan las emociones en relación con la mente. Además, tomamos una decisión clara: en Perdidamente hablábamos desde la vejez. Acá decidimos hablar desde generaciones más jóvenes. Eso ya nos llevaba automáticamente a otro lugar. Yo detesto repetir fórmulas y trato de que cada obra me saque a una zona nueva.

—La obra dialoga con el mundo mediático y los divorcios expuestos. ¿Qué te interesaba explorar ahí?

—La obra tiene un correlato muy claro con nuestro presente, con los medios y las redes sociales. Hay un fenómeno nuevo que es la fama efímera o autoprovocada. Antes, eras famoso si trascendías por tu trabajo. Después empezó a deformarse y hubo gente que se hizo famosa por su vida personal. Y ahora existe una tercera variante: hacerte famoso desde las redes, a veces por talento, a veces por ser gracioso, a veces por razones inexplicables. Hoy todos tienen el poder de volverse mediáticos de su propia vida. De eso habla El divorcio del año. Hay famas voluntarias, como las de los protagonistas, y famas involuntarias, como la de la hija, que nació expuesta sin haberlo elegido. La obra también plantea algo muy universal: todos, en algún momento, odiamos a alguien que alguna vez amamos. Tengas 20, 50 u 80 años, eso te pasó. Esa identificación es muy fuerte. La gente agradece que una obra con este nivel de contenido se presente en la calle Corrientes, en un circuito más asociado al entretenimiento rápido. Acá pasa algo distinto: la gente quiere seguir hablando después, debatir, pensar. Hay algo muy intergeneracional que los tiene a todos enganchados.

El divorcio del año
Ernestina Pais, Fabián Vena, Guillermina Valdés, Juan Palomino y Rochi Igarzabal.

Ernestina Pais, Fabián Vena, Guillermina Valdés, Juan Palomino y Rochi Igarzabal.

—Tus elencos suelen ser muy recordados. ¿Cómo fue la selección en este caso?

—Nos propusimos no repetir el típico elenco de cinco nombres que ves todo el tiempo en la calle Corrientes. Queríamos frescura, pero sin resignar popularidad ni talento. Fabián Vena y Juan Palomino hacía tiempo que no hacían teatro comercial en Corrientes. En el caso de Ernestina, Guillermina y Rochi, las tres tienen profesiones paralelas a la actuación: conducción, emprendimientos, música. Ninguna depende exclusivamente del escenario. Eso me permitió convocar a personas muy selectivas, que no dicen que sí a todo. En este caso, los cinco dijeron que sí de inmediato. Nadie tuvo que ser convencido. El texto, cuando llega, moviliza. Fabián Vena contaba que la primera vez que leyó la obra no pudo terminarla, la dejaba y la retomaba porque le resultaba muy fuerte, pero a la vez se veía ahí. A todos les pasaron cosas muy intensas con el material, y creo que eso explica el resultado tan orgánico y positivo que estamos teniendo. Cuando les hablás de la obra, se encienden. Eso no pasa siempre.

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