13 de abril de 2026 - 12:17

El Cigala mostró en Mendoza un repertorio intenso y ecléctico

En el Arena Maipú, el cantaor español desplegó un recorrido por el bolero, el flamenco y el tango, acompañado por un trío de músicos de altísimo nivel.

En el Arena Maipú y en la tarde noche del domingo, Diego Ramón Jiménez Salazar, más conocido como El Cigala, dejó en claro que tiene una buena cantidad de fieles seguidores en tierras mendocinas. Con la gran sala casi a lleno entregó un recital que, pese a demorar su comienzo más de la cuenta —pautado para las 20 hs comenzó a las 20.45— terminó resultando una muestra más que generosa del talento del cantaor flamenco.

Luego de una trepidante intro rumbera a cargo de sus músicos acompañantes, los extraordinarios Jaime “Jumitus” Calabuch en el piano, Marcos Niemietz en el contrabajo y el percusionista Israel Suárez Escobar, conocido artísticamente como “El Piraña”, Diego El Cigala fue regalando a su público un largo e intenso recorrido por su obra en el que, como era de esperar, fueron alternándose el flamenco, el bolero, los ritmos afrocubanos y el tango.

La primera de la noche fue Si te contara, el bolero del cubano Félix Herrera que El Cigala incluyó en su disco “Dos lágrimas” de 2008. Y luego de un primer guiño tanguero con El día que me quieras, el cantaor flamenco nacido en Madrid volvió a su principal romance con el bolero y desgranó con su voz áspera y dramática interpretaciones de Amar y vivir (Consuelo Velázquez), Desahogo (de Roberto Carlos), Piensa en mí (Agustín Lara), Voy (de Luis Demetrio).

Tal vez uno de los pasajes más disfrutados por el público mendocino comenzó, como era previsible, con la interpretación de Lágrimas Negras, el bolero son cubano de Miguel Matamoros, del que El Cigala ha hecho una interpretación canónica y que da título a un disco clave en su trayectoria, Lágrimas Negras, de 2003, junto al inolvidable pianista Bebo Valdez. Logrado ese momento de sintonía con el estadio, El Cigala volvió a hacerle un guiño a su público mendocino con una interpretación a su estilo de De las simples cosas, de Armando Tejada Gómez y César Isella, a la cual siguió Garganta con arena, el tango canción de Cacho Castaña que Cigala ha versionado varias veces y grabado en su disco Cigala&Tango, de 2011, con el que el músico obtuvo el Grammy Latino de ese año al mejor álbum de tango.

Hay que reconocer que si bien el carisma y la voz de El Cigala dan de sobra para mantener a su público rendido, nada sería lo mismo sin los músicos brillantes que lo acompañan. Que merecen ser destacados por segunda vez en esta crónica. Empezando por el pianista, Jaime Calabuch Asensio, también conocido como Jumitus Tutupa, barcelonés, compañero de siempre de El Cigala, y una verdadera “bestia” (en el sentido más admirativo) al piano. Jumitus es el que se las arregla para pasear con inaudita y genial naturalidad al cantaor flamenco del bolero a la rumba, de la rumba a la milonga o al tango y de ahí de nuevo al bolero o al flamenco. Una verdadera delicia escucharlo. Y luego está el contrabajista, Marco Niemietz, otro instrumentista genial, que toca el contrabajo como si fuera una parte de su cuerpo. Y como si estos dos músicos inmensos no bastaran, el percusionista Israel Suárez Escobar, El Piraña, considerado uno de los mejores “cajoneros” del mundo, es capaz de encontrarle el rumbo (y la rumba) a cualquier entrevero rítmico. Los tres músicos consiguieron dar a lo largo de la noche un espectáculo aparte.

Tras el paso por los argentinos Tejada Gómez, Isella y Castaña, Diego El Cigala retornó a su repertorio bolerístico y entregó versiones irreprochables y de su cuño de Adoro (Manzanero), Corazón loco (Dannenberg), Se me olvido que te olvidé (Lolita de la Colina), Cóncavo y Convexo (otra vez Roberto y Erasmo Carlos), entre otras. Y luego de una versión del gran himno romántico setentista Te quiero vida mía (Nino Bravo), el cantaor español cerró la noche con una versión desbordada (si es que eso es posible) del más que clásico bolero cubano Dos gardenias (Isolina Carrillo).

Diego El Cigala ya hace rato que en España ha dejado de ser profeta en su tierra, donde se lo cuestiona no sólo por su “traición” a la tradición más pura del flamenco sino por su errático recorrido entre el alcohol, las drogas, los shows cancelados y las denuncias por violencia de género. Sin embargo podría decirse que su show del domingo en Mendoza fue una excelente muestra de su talento que, más allá de algunas pequeñas incorrecciones, logró entusiasmar al público del Arena Maipú y hasta dejarlo con la sensación de haber vivido una gran noche musical.

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