Una producción de apenas 35 minutos logró algo inusual en Netflix: conmover a la audiencia global y abrir debate sobre una de las crisis más dolorosas de Estados Unidos. Sin efectos especiales ni reconstrucciones espectaculares, aborda las catástrofes de los tiroteos en escuelas.
“Todas las habitaciones vacías” es un documental breve pero demoledor que documenta los dormitorios de niños y adolescentes que perdieron la vida en tiroteos escolares. La propuesta es tan simple como devastadora: mostrar los espacios que quedaron intactos después de la tragedia.
"Todas las habitaciones vacías" el documental de Netflix.
“Todas las habitaciones vacías” el documental de Netflix.
gentileza
El reportero Steve Hartman y el fotógrafo Lou Bopp recorren distintas ciudades de Estados Unidos con una misión clara: retratar las habitaciones que las familias decidieron conservar tal como estaban el día que todo cambió.
Para Steve Hartman, este proyecto no es un trabajo más. En 1997 fue el primer reportero en cubrir un tiroteo escolar en Estados Unidos. Desde entonces, fue testigo de cómo estos hechos se repiten con una frecuencia alarmante.
Los números impactan, pero se olvidan. Las habitaciones, en cambio, no. Son pruebas físicas del duelo y recordatorios de una crisis que parece no tener fin.
Embed - All The Empty Rooms | Official Trailer | Netflix
El documental funciona como un testimonio visual: no discute políticas públicas ni entra en debates legislativos, sino que muestra el rastro íntimo que deja la violencia armada en las familias.
Según explicó Hartman lo que convierte a este documental en una experiencia especialmente dura no es la exposición explícita de la violencia, sino la manera en que decide narrarla. La cámara se detiene en habitaciones que permanecen intactas: camas prolijamente hechas, mochilas apoyadas en una silla, ropa cuidadosamente doblada, como si en cualquier momento alguien fuera a cruzar la puerta.
El caso que te deja sin palabras
Entre las historias retratadas aparece la de Dominic, un joven de 14 años asesinado en la secundaria Saugus, en Santa Clarita. Al observar su habitación, el espectador comprende en segundos la magnitud de la pérdida: videojuegos sin terminar, apuntes escolares, recuerdos de una adolescencia que quedó suspendida.