Esa lucha interna, la comediante no la vive con tanto humor como en sus shows, donde realmente se convierte en lo que quiere ser: generadora de diversión. Es en ese despojo donde su público encuentra un punto de identificación, a punto de decir: "Yo también, soy como ella".
La humorista llega a la provincia con su espectáculo Experiencia Dalia Gutmann. Hará dos funciones este sábado 13 de junio, una a las 20 y otra (agregada a pedido del público), a las 22.15, en el Teatro Selectro (Capitán de Fragata Moyano y 9 de Julio, Ciudad).
“Hay algo del público de Mendoza que siempre siento: les gusta la comedia, y eso me encanta. No pasa en todos los lugares”, asegura en una charla con Los Andes.
El paso del tiempo, el cambio del cuerpo y el vínculo con los otros y con uno mismo son los ejes principales de este, y de la mayoría, de los espectáculos de Dalia. Como una catarsis grupal, ella, otras mujeres y esa minoría masculina que asiste a sus funciones pueden reírse, puertas adentro, de aquello que afuera viven como complejos, traumas o “mambos”, como ella misma los define.
Dalia Gutmann show en Mendoza.
Dalia Gutmann show en Mendoza.
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“El humor es lo más lindo del mundo porque es donde más verdadero uno es y tiene impunidad. Me río de todo. Pero en la vida cotidiana me enojo un montón y no lo tomo con tanto humor como en el escenario. Soy muy fiaca de lo estético, no me termina de cerrar la ecuación de dedicarle tiempo a peinarme, a maquillarme. Entonces siempre tengo esa lucha interna de que no quiero, pero lo tengo que hacer porque estoy en la tele”, explica la artista. Y aclara: “Justamente es un tema en el que no estoy relajada y por eso me río de esos temas en el show”.
Sin embargo, arriba del escenario se da una licencia y se permite reírse de sus contradicciones, de todo lo que no tiene resuelto y hasta de lo estético que tanto le “hincha las bolas”. En el teatro no importa su vestido ni su maquillaje: el eje pasa por lo que dice e interpreta con su cuerpo. Es en ese momento, el más despojado, la devolución del público suele ser la misma: “Dalia, me sentí muy identificada con vos”.
“En general, una persona que se sube a un escenario puede generar aspiración, como ‘quiero ser como esa persona’, o identificación, ‘soy como esa persona’. Yo, obviamente, encajo más en este último, porque soy una persona más o menos común”, dice, segura. Y luego, reafirmando esa versión tan fiel a sí misma, agrega que quizás no. “Me estoy metiendo en un barullo”, suma con una risita nerviosa ante su propia respuesta. Pide disculpas por el ruido de fondo. Se confiesa inquieta y cuenta que le gusta hacer cosas mientras responde entrevistas.
“Es muy complejo porque los estados anímicos son tan cambiantes... Hay días que uno está para reírse de cualquier cosa, otros días de nada. Hay días para reírse con microangustias o con macroangustias. En mi caso hay algo que me convoca mucho: el que no está preocupado por la mirada ajena y está entregado. No sé si estoy siendo clara con lo que te digo. Pero cuando veo a alguien caminando por la casa con una campera, medias y Crocs, como que ya le chupó un huevo todo. Hay algo de no estar preocupado por la mirada ajena que me parece muy divertido”, analiza.
Dalia Gutmann vuelve a Mendoza con "Tengo cosas para hacer"
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Por oposición, cree que lo que limita la comedia es la mirada del otro, la ausencia de delirio y la preocupación por el qué dirán, un sentimiento del que le gustaría poder desprenderse por completo.
“Cuando uno está contenido y no se siente cómodo, no es gracioso. Justo ayer me pasó que fui a un lugar y quería ser chistosa, pero me empecé a sentir avergonzada porque veía que no se reían y, en ese momento, se generó algo muy incómodo”, recuerda.
Dalia y su relación con Sebastián Wainraich: "Me hincha las bolas que..."
Otro de los ejes del show es el vínculo de pareja, cómo se transitan 25 años de relación, la convivencia y los hijos. Pero, en este punto, Dalia tiene una particularidad dentro del humor identitario que la caracteriza: su marido es el actor y conductor Sebastián Wainraich. Por eso, casi por defecto, la relación entre ambos suele convertirse en tema de conversación en las entrevistas y en cada lugar donde se presenta.
Sobre si le molesta que le pregunten por su marido, su primera reacción es cordial. Reconoce que “Sebas” es muy querido y que la gente suele pedirle que le mande saludos o que le diga cuánto lo aman.
Sin embargo, enseguida se relaja y suma: “Ay, no sé… Lo único que me molesta mucho es cuando alguien me llama y me dice: ‘Te escribo a vos porque no lo quiero molestar a él’. ¿Cómo, la puta madre? ¿Y a mí sí?”.
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Por primera vez, Sebastián Wainraich habló del cáncer que superó Dalia Gutmann
Entonces, se asume que le molesta que la tomen de vocera. Además, aunque ambos se dedican al humor, tienen formas muy diversas de trabajar: ella produce sus propios espectáculos y el teatro ocupa un lugar central en su carrera, mientras que él reparte su actividad entre la radio y las funciones. “Tenemos humores distintos”, resume, y reconoce que le resulta extraño que le pidan responder por alguien que piensa y crea desde otro lugar.
“Es el papá de mis hijos, el mejor papá del mundo, y tengo un orgullo personal enorme. Pero no me gusta cuando se mezcla profesionalmente tanta vida”, concluye antes de bromear: “Ay, dije un montón de cosas, 're' para terapia”.
La comedia por encima de todo
En una ola de artistas que se manifiestan políticamente, contrario a otras épocas de la historia argentina, actualmente esta masa omnipresente que es la sociedad pareciera haber instalado un reclamo ineludible: la obligatoriedad de que cada persona que se sube a un escenario o está frente a un micrófono deba expresarse políticamente o posicionarse frente a una causa.
“Cada uno tiene sus batallas internas y el otro generalmente no las conoce, o hay cosas que le llegan directamente y otras que no. Entonces, forzar que alguien se exprese sobre algo que tal vez no tenga una opinión clara —porque tener una opinión clara requiere mucha reflexión— no está bien”, contextualiza.
“Quizás en otro momento me sentía obligada a decir o no decir cosas, y hoy me respeto mucho más a mí misma. También pienso que hay cosas que uno lleva en su intimidad y no tiene por qué estar comunicando. Yo soy feminista en mi forma de ser, de manejarme en la vida y de pensar. No sé si me sale militar el feminismo, pero sí lo soy. Entonces hay cosas que forman parte de la identidad de uno”, cerró la comediante que, como rezaba uno de sus shows anteriores, “no se calla nada”, pero elige qué decir.