Crítica de "90 cosechas de una misma cepa": la Vendimia y un eterno "loop" que busca reinventarse
"90 cosechas de una misma cepa" propuso oportunamente un recuento histórico, y aunque no terminó de ensamblarse bien con los tópicos fijos, cumplió su objetivo pedagógico y de alto impacto. El show de drones posterior sorprendió al público y confirmó que la Vendimia necesita renovarse de cara al centenario.
Uno de los cuadros del espectáculo “90 Cosechas de una misma cepa” en la Fiesta Nacional de la Vendimia.
Foto:
Ramiro Gómez / Los Andes
Fiesta Nacional de la Vendimia “90 Cosechas de una misma cepa”
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Ramiro Gómez / Los Andes
Uno de los cuadros del espectáculo “90 Cosechas de una misma cepa” en la Fiesta Nacional de la Vendimia.
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Ramiro Gómez / Los Andes
Uno de los cuadros del espectáculo “90 Cosechas de una misma cepa” en la Fiesta Nacional de la Vendimia.
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Ramiro Gómez / Los Andes
Uno de los cuadros del espectáculo “90 Cosechas de una misma cepa” en la Fiesta Nacional de la Vendimia.
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Ramiro Gómez / Los Andes
Uno de los cuadros del espectáculo “90 Cosechas de una misma cepa” en la Fiesta Nacional de la Vendimia.
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Ramiro Gómez / Los Andes
Un show de drones deslumbró a los espectadores del Acto Central de la Vendimia y sorprendió al finalizar el espectáculo "90 Cosechas de una misma cepa"
Hay tradiciones que se sostienen por inercia y otras que sobreviven porque logran reinventarse. La Fiesta Nacional de la Vendimia pertenece casi invariablemente a esa zona ambigua donde conviven ambos impulsos: la necesidad de conservar un ritual colectivo y el desafío permanente de volverlo significativo para cada nueva generación. La edición número noventa, titulada " 90 cosechas de una misma cepa", llegó con un pie en cada dirección. Sin embargo, este año, y quizás por efecto del mismo aniversario, fue más patente la sensación de que nos movemos en un eterno "loop". Repetición y estancamiento.
La Fiesta tendría que haber sido la reafirmación absoluta de una tradición casi centenaria, y en lugar de ello asistimos a algo que será recordado más por los percances de la lluvia y un espectacular show de drones (que parece haber llegado para quedarse). ¿Es falta de inventiva, un presupuesto amordazado o simplemente la imposibilidad de romper el cristal de los convencionalismos? Probablemente un poco de todo.
En "90 cosechas de una misma cepa", el director Pablo Mariano Perri y la guionista Silvia Moyano (el mismo tándem de 2024) intentaron maniobrar en esa encrucijada imposible. Apostaron una vez más al maximalismo, acudiendo a todo aquello que pudiera provocar un impacto perceptivo: luces a pleno, fuegos artificiales, aguas danzantes, máquinas de fuego, 600 metros cuadrados de cajas lumínicas (contando frisos), casi 100 metros cuadrados de pantalla, 50 músicos y, fundamentalmente, la energía de 750 artistas que dejan la piel en el escenario.
No hay forma de que el mendocino no apruebe esta épica una vez más, y el turista aplaudirá indefectiblemente tal mosaico de postales regionales. Muchos incluso podrían argumentar que la Fiesta de la Vendimia no es más que eso. Desde hace décadas, críticos y periodistas han alertado sobre el peligro de que la fiesta caiga en ser un "acto escolar" de alto presupuesto: una sucesión de cuadros en los que se suele sacrificar la dramaturgia en pro de la literalidad aleccionadora y la poesía más cursi. En los años posteriores a la pandemia, solo "Milagro del Vino Nuevo" (Vilma Rúpolo y Federico Ortega Oliveras, 2022) logró despegarse radicalmente de esta suerte de karma.
Acto Central de la Vendimia 2026
Fiesta Nacional de la Vendimia “90 Cosechas de una misma cepa”
Ramiro Gómez / Los Andes
Perri y Moyano, hay que decirlo, intentan salirse también de esta inercia costumbrista. Para ello apelaron al mismo aniversario de la Fiesta con un concepto dramatúrgico prometedor y, en este caso, un tanto inevitable. Desde el comienzo que el tema estaba casi cantado: había que escribir un guion que recorriera la historia de la celebración, haciendo paradas en su evolución, los personajes que la marcaron e hitos artísticos. La idea de que Guillermo Cano (Federico Martín Moretti Tibaldi) y Frank Romero Day (Aníbal Villa), invocados como espíritus hacedores, fuesen los personajes que nos guiaran en esa travesía parecía una buena solución narrativa. Ahora bien, ¿cómo ensamblar esta línea argumental tan precisa y prometedora con los tópicos vendimiales de siempre? Creemos que aquí apareció el primer problema.
En efecto, quizás más que en otros años quedó a la vista lo que muchos vienen reclamando hace tiempo: la fórmula de la Vendimia está agotada. La idea de construir un espectáculo de corte histórico colisiona aquí de manera directa con los temas preestablecidos. A tal punto que esa suerte de doble línea argumentativa entre el repaso de la historia y la liturgia instaurada convierte a la narrativa, en más de una vez, en un pastiche divagante.
Por momentos parece que los tópicos resultan más un obstáculo que otra cosa. Asistimos a numerosos homenajes (Delia Larrive Escudero, Abelardo Vázquez, etcétera), recuentos históricos y hasta la recuperación de la primera canción de Vendimia, en un guion que también incluye a dos inmigrantes discutiendo sobre sus vinos, la gesta sanmartiniana y a la Patrona de los Viñedos eclosionando de una suerte de huevo prehistórico. ¿Hay forma de que todo esto se ensamble de una forma coherente? Aquí Moyano tuvo un desafío mayúsculo, que logró sortear gracias a su estilo didáctico.
Acto Central de la Vendimia 2026
Uno de los cuadros del espectáculo “90 Cosechas de una misma cepa” en la Fiesta Nacional de la Vendimia.
Ramiro Gómez / Los Andes
Quizás con el afán de incorporar a toda costa el audiovisual (un recurso ya adoptado, que ahora podía desplegarse en una pantalla de casi 100 metros cuadrados), se planteó una "apertura visual" dramatizada que explica los orígenes administrativos de la Fiesta: la redacción del Decreto N°87. Todo con una parsimonia tal que disipa cualquier atención y mata cualquier ritmo antes de que el primer bailarín siquiera toque el suelo. Afortunadamente, el espectáculo logra encarrilarse.
En relación a la puesta, contamos con un director con cierta experiencia. Perri dirigió la Fiesta del 2024, y ahora reincide en algunas falencias de cohesión que ya eran evidentes aquella vez y que sería tedioso ponerse a enumerar de vuelta. Aún así se valoran sus intentos de generar climas y quebrar estructuras, como en el cuadro distendido de los inmigrantes españoles e italianos, el "cuadro azul" o en el del olvido contra la memoria.
Pero Perri y Moyano también se embarcaron en un trabajo valioso. Al proponerse transmitir la historia de la Fiesta apelan a fotografías, notas de prensa y hasta la primera canción concursada, en 1936. Un rescate que habrá sorprendido a más de un mendocino: aplausos aquí.
En relación al trabajo coreográfico de Graciela Adriana Ruiz, hay que decir que cumplió su objetivo. Los diseños se potenciaron con el vestuario, a cargo de María Isabel Jaime (el 70% de las 7.500 prendas son recuperadas, una práctica que también se volvió común en los últimos años), y se coordinaron bien con la música.
Acto Central de la Vendimia 2026
Un show de drones deslumbró a los espectadores del Acto Central de la Vendimia y sorprendió al finalizar el espectáculo "90 Cosechas de una misma cepa"
Marcelo Álvarez / Los Andes
Porque la orquesta, bajo la dirección general de Julio Edgardo Paíto Figueroa y la batuta de Alicia Pouzo, confirmó también el alto estándar musical de Vendimia. El cuadro con "Zamba Azul", dedicado al Frank Romero Day ("teatro de piedra y magia"), es de una dulzura que estremece. Sin embargo, incluso en lo musical, hay un miedo paralizante a la vanguardia y todo se vuelca a la apuesta segura. En un momento, un cuadro pasa de "Zamba de mi esperanza" a "Entre a mi pago sin golpear" como quien escucha una playlist de "Éxitos del Folclore". Solo esa versión jazzera del "Canto a Mendoza" nos da un atisbo de lo que esta fiesta podría ser si se atreviera a abrirse a nuevos horizontes.
Paradójicamente, lo más sorprendente de la noche no ocurrió sobre las tablas, sino en el aire después del espectáculo. El despliegue de 500 drones dibujando reinas, cosechadoras y el rostro de San Martín sobre el cielo del Frank Romero Day fue un verdadero golpe de efecto. Hay talento, capacidad tecnológica y pasión en el escenario. Solo falta que quienes tienen en sus manos el futuro de la Vendimia se atrevan a romper la botella para que el vino, finalmente, empiece a fluir de nuevo con libertad.