17 de julio de 2026 - 12:48

Así vive Momo, el hijo de Julián Weich: viviendas ecológicas y vida en comunidad en Córdoba

Jerónimo “Momo” Weich eligió una vida alejada del ritmo urbano. En Córdoba construyó una casa de barro.

Jerónimo “Momo” Weich, hijo de Julián Weich, eligió vivir lejos de los circuitos tradicionales de la fama. En el Valle de Traslasierra, Córdoba, construyó una vivienda ecológica donde el barro, la madera, la huerta y el trabajo comunitario ocupan el centro de la escena.

La casa no responde al modelo clásico de vivienda urbana. Está basada en bioconstrucción, permacultura y vida en comunidad, tres conceptos que organizan tanto la arquitectura como la manera de habitar el lugar.

Una casa de barro hecha con lógica comunitaria

La vivienda fue levantada con materiales naturales y reutilizados, entre ellos barro, madera, piedra y elementos reciclados. La construcción no se pensó como un objeto aislado, sino como parte de un entorno serrano y de una red comunitaria.

Uno de los rasgos más importantes del proyecto es la participación colectiva. En este tipo de experiencias suelen realizarse mingas, jornadas de trabajo en las que distintas personas ayudan a levantar paredes, preparar mezclas o avanzar con tareas concretas.

Qué significa vivir bajo principios de permacultura

La permacultura no se limita a tener plantas o una huerta. Propone diseñar los espacios para que funcionen con menor consumo, mayor aprovechamiento de recursos y respeto por los ciclos naturales.

En una vivienda de este tipo, cada decisión puede cumplir más de una función. La orientación ayuda a regular la temperatura, los materiales naturales colaboran con la aislación y la huerta se integra al abastecimiento cotidiano.

También aparecen sistemas de captación de agua, bancos hechos con madera reutilizada y espacios pensados para reducir la dependencia de soluciones industriales.

El viaje que cambió su mirada

Momo no llegó a Traslasierra de un día para el otro. A los 18 años comenzó un recorrido por América Latina como mochilero. Pasó por países como Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, Costa Rica, Panamá, Guatemala, Nicaragua y México.

En distintas entrevistas explicó que ese viaje le permitió conocer otras formas de vivir, relacionarse y entender el mundo. Esa experiencia lo acercó a la bioconstrucción y a comunidades donde el dinero no era el único eje de intercambio.

Una de sus frases resume ese cambio: “Lo que me abrió la cabeza fue ver otras formas de vivir, de relacionarse, de entender el mundo”.

Barro, huerta y menos consumo

La casa de barro no debe interpretarse como una vivienda improvisada. La bioconstrucción utiliza técnicas específicas para levantar muros, regular temperatura y proteger la estructura de la humedad.

El barro puede aportar masa térmica, es decir, capacidad para conservar calor o frescura según el momento del día. La madera, la piedra y otros materiales completan un diseño que busca adaptarse al clima local.

La huerta suma otra capa al proyecto. No funciona solamente como decoración: forma parte de una búsqueda de alimentación más cercana, contacto diario con la tierra y menor dependencia de consumos externos.

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