Jimena Monteverde y Mariano eligieron una casa histórica construida en 1854 como refugio familiar lejos del movimiento de la ciudad. La propiedad, conocida como El Tordillo, está ubicada en el partido bonaerense de 25 de Mayo y fue sometida a un proceso de reciclaje para conservar su identidad original.
La pareja adquirió la vivienda en 2023 y mostró públicamente distintos momentos de la restauración. Cuando comenzaron las tareas, la construcción presentaba humedad, sectores deteriorados y ambientes que necesitaban nuevas instalaciones, pero todavía conservaba la fachada, los techos altos y numerosos detalles de época.
Aunque suele hablarse de una casa con 170 años, en 2026 la propiedad tiene alrededor de 172. La cifra se utiliza de manera aproximada para describir una vivienda que atravesó más de un siglo y medio de historia.
Una casona colonial rodeada de campo
El Tordillo se encuentra lejos del paisaje urbano y rodeado por árboles, jardín y grandes extensiones abiertas. La fachada conserva una composición tradicional, con paredes gruesas, aberturas altas y una distribución vinculada con las antiguas casas rurales bonaerenses.
La propiedad funciona principalmente como casa de campo y lugar de descanso. Allí, Jimena y Mariano pasan fines de semana y períodos alejados de sus actividades habituales, en un entorno donde la cocina, el jardín y los espacios comunes ocupan un lugar central.
En el exterior se mantuvo una antigua pieza de mayólica ubicada en medio del jardín. También aparece un cartel con “consejos del buen vivir”, uno de los elementos que refuerzan la identidad tranquila y familiar del lugar.
Cómo fue el proceso de reciclaje
La recuperación no consistió en reemplazar todo por terminaciones modernas. La pareja buscó conservar parte del mobiliario, las aberturas, el hogar a leña y los rasgos que permiten reconocer la antigüedad real de la construcción.
Al mismo tiempo, fue necesario actualizar instalaciones, reparar paredes y resolver problemas de humedad. Las imágenes compartidas durante las obras mostraron sectores en proceso, materiales acumulados y habitaciones que todavía necesitaban intervenciones.
“No podemos dejarla caer”, expresó Monteverde cuando presentó el proyecto y mostró la magnitud del trabajo pendiente. También reconoció que había “mucho trabajo para hacer”, mientras documentaba los avances de la recuperación.
La cocina se convirtió en uno de los ambientes centrales
Como era de esperar en la casa de una cocinera, uno de los espacios más cuidados es la cocina. El ambiente mezcla elementos rústicos, muebles de madera y recursos actuales, sin perder la conexión con el estilo general de la casona.
La remodelación buscó que pudiera utilizarse de manera cotidiana y no quedara convertida solamente en una pieza de exhibición. La distribución prioriza superficies de trabajo, almacenamiento y sectores donde la familia puede compartir las comidas.
Los demás ambientes siguen la misma lógica. El hogar a leña, los muebles antiguos y los objetos recuperados conviven con piezas contemporáneas necesarias para que una construcción de 1854 funcione como una vivienda cómoda en la actualidad.