Así vive el Chaqueño Palavecino: caballos, bodega de vinos seleccionados y privacidad

El músico transformó su finca en Rosario de Lerma en un ecosistema autosustentable que incluye un restaurante propio, museo de reliquias y hasta una huerta orgánica.

El Chaqueño Palavecino eligió alejarse del ruido urbano para instalarse en una imponente finca en Rosario de Lerma, a pocos kilómetros de la capital salteña. En un predio que se extiende por varias manzanas, el artista construyó un refugio que combina la vida rural con el confort de una residencia de alta gama.

El diseño de su hogar no es casual. Responde a una necesidad de integrar su carrera profesional con sus raíces culturales en un entorno controlado. La propiedad funciona como un centro de operaciones donde el folklore se vive en cada rincón, desde el quincho de cemento y madera hasta los establos donde descansan sus caballos y llamas.

Una bodega artesanal y el museo de los afectos

Dentro del predio funciona "El Patio del Chaqueño", un restaurante privado pensado para compartir platos regionales y música en vivo en un ambiente íntimo. Este espacio se complementa con una bodega artesanal donde el cantante conserva producciones propias y vinos locales, reforzando el vínculo con la producción de su tierra.

Esta estructura responde a una lógica de preservación de la identidad y funcionalidad operativa. Al centralizar su estudio de grabación, su gastronomía y su producción vinícola en un solo predio, Palavecino logra producir su obra y recibir a sus afectos sin romper el cerco de privacidad que su exposición pública le exige. Es la creación de un microclima diseñado para no depender de la logística externa.

La residencia también alberga un museo personal que custodia los testimonios de su trayectoria. En las paredes se mezclan fotografías de su carrera con objetos de gran valor simbólico, como camisetas de Boca Juniors firmadas por el Flaco Schiavi y una de la Selección Argentina con la firma de Diego Maradona.

Naturaleza, cultivos y tiempo en familia

La vida cotidiana en la finca está marcada por el contacto con la tierra. El cantante cuenta con una huerta propia donde cultiva papas, tomates, ajos y zapallos para consumo personal. El terreno también dispone de espacios recreativos como una pileta y juegos infantiles, lo que permite que el predio funcione como un lugar de encuentro para varias generaciones.

A diferencia de las mansiones urbanas tradicionales, la casa del Chaqueño prioriza la amplitud para actividades rurales como caminatas y paseos en bicicleta entre la vegetación autóctona. El estudio de grabación integrado permite que la creación artística conviva con la rutina del campo, cerrando un círculo donde el trabajo y el descanso ocurren bajo el mismo cielo salteño.

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