Luis Ernesto Lamothe Zylberberg, nacido en 2012, transita ese momento clave en el que la infancia se mezcla con los primeros rasgos de la adolescencia. Aunque sus padres (Esteban Lamothe y Julieta Zylberberg) pertenecen al ambiente artístico, él se mantiene lejos del exhibicionismo habitual que rodea a muchos hijos de celebridades.
Ambos actores optaron por una crianza compartida que prioriza la estabilidad del niño. Lamothe suele reorganizar su agenda laboral de acuerdo con las actividades y responsabilidades de su expareja, algo que él mismo reconoce como una forma de sostener una dinámica familiar saludable pese a sus exigencias profesionales.
Julieta Zylberberg
El hijo de Julieta Zylberberg y Esteban Lamothe tiene 12 años y es un apasionado por la estética.
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El hijo de Esteban Lamothe y Julieta Zylberberg es un apasionado por la estética
Lo que más llama la atención en esta etapa es la libertad estética con la que Luis empieza a experimentar. Zylberberg contó que su hijo disfruta inventar peinados, teñirse mechones de colores y probar estilos distintos, a veces con la ayuda de una tía. En un viaje reciente, incluso lució trenzas y tonos vibrantes.
Estas elecciones no son caprichos aislados, sino señales de un adolescente temprano que empieza a buscar quién quiere ser. Y en ese proceso, sus padres lo acompañan desde un lugar equilibrado: permiten, observan y contienen, sin convertir esa búsqueda en un acto público permanente.
Esteban Lamothe
El hijo de Julieta Zylberberg y Esteban Lamothe tiene 12 años y es un apasionado por la estética.
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Esteban Lamothe
El hijo de Julieta Zylberberg y Esteban Lamothe tiene 12 años y es un apasionado por la estética.
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Esteban Lamothe
El hijo de Julieta Zylberberg y Esteban Lamothe tiene 12 años y es un apasionado por la estética.
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Además de su interés por la estética, Luis realiza actividades típicas de su edad: deportes, juegos, salidas y paseos. En las imágenes que Lamothe comparte en redes sociales se ve una relación cercana. Abrazos, gestos cómplices y miradas orgullosas revelan una paternidad comprometida que trasciende la pantalla.
Esta presencia cotidiana se vuelve clave en una etapa donde surgen preguntas, inseguridades y descubrimientos. Luis encuentra en sus padres un equilibrio entre guía y libertad, un acompañamiento que le permite explorar sin perderse.