El estudio de Alejandro Lerner, ubicado en el barrio porteño de Parque Chas, funciona como una síntesis de más de cuatro décadas de trayectoria. Entre fotografías junto a artistas de distintas generaciones, guitarras, pianos, discos, premios y recuerdos, el músico conserva incluso el viejo piano marrón con el que compuso "Todo a pulmón".
Con 24 discos editados, más de 500 canciones y más de 40 distinciones —entre ellas siete Premios Gardel, cuatro Martín Fierro, tres Konex y el Premio a la Excelencia Musical de los Latin Grammy 2024—, Lerner asegura que atraviesa una etapa muy distinta de su carrera: una vuelta a sus orígenes.
A los 69 años, el cantante sostiene que ya no busca demostrar nada. Después de llenar teatros, recorrer América Latina, trabajar junto a figuras como Tony Bennett, Lionel Richie y Tom Jones, y escribir éxitos para artistas como Luis Miguel, Mercedes Sosa y Paloma San Basilio, decidió reencontrarse con el joven que comenzó tocando en pequeños escenarios.
Ese regreso se refleja en sus recientes canciones, "Déjame volver" y "De otro mundo", esta última grabada junto a Juanse.
"El disco, la estética, la diversidad, la libertad creativa, todo eso me devuelve a una parte mía muy juvenil, muy creativa", explicó sobre esta nueva etapa artística.
Alejandro Lerner y Juanse: Una amistad de más de 30 años
El líder de Ratones Paranoicos ocupa un lugar central en este presente musical de Lerner. Ambos mantienen una amistad de más de tres décadas, marcada por escenarios compartidos y una relación que trasciende la música.
"Con Juan es más fácil porque son 30 años de amistad donde hemos tocado juntos en un montón de lugares, mucho más de lo que la gente cree", contó el cantante.
La admiración es mutua y Lerner no escatima elogios hacia su amigo. "Con Juanse, cuando queremos las cosas, las hacemos y salen. Él es un rockero de verdad", aseguró, antes de definir la relación entre ambos con una imagen sencilla: "Dos nenes que se están divirtiendo".
Aunque durante gran parte de su carrera fue reconocido por sus baladas, el artista recordó que sus primeras influencias estuvieron ligadas al jazz y al rock, con referentes como Los Beatles y Pappo. Hoy siente que esa energía vuelve a ocupar un lugar central en su música.
Escenarios más pequeños y un contacto más cercano
Tras la experiencia vivida en La Trastienda en 2024, Lerner decidió priorizar los teatros y los clubes por encima de los grandes estadios. El pasado 8 de junio celebró su cumpleaños con un recital en Niceto Club, donde presentó en vivo una de sus nuevas canciones.
"Quiero hacer una gira de teatros, no quiero hacer una gira de estadios, no tengo nada que demostrar", afirmó.
Para el músico, la decisión responde a una necesidad artística y personal. Considera que, en tiempos donde el éxito suele medirse por la cantidad de seguidores o reproducciones, prefiere recuperar la cercanía con el público.
"Es tan emocionante estar en un teatro donde se escucha bien, donde el escenario es lindo, donde hay un camarín y el público está cerca", resumió.
Más que una estrategia comercial, describe esta elección como un homenaje al joven que comenzó tocando en casamientos, hoteles, cabarets y pequeñas bandas, mucho antes del reconocimiento masivo. También recuerda a su padre, quien alcanzó a conocer esa etapa de esfuerzo, pero falleció antes de que llegaran los grandes éxitos.
La fe como motor de una carrera inabarcable
Durante la conversación también apareció un aspecto menos conocido de su vida: la espiritualidad.
Lerner explicó que desde muy joven estudia metafísica, una enseñanza heredada de su padre, y que mantiene una profunda fe en Dios.
"La espiritualidad y la metafísica te enseñan a tener un diálogo con el universo", sostuvo.
Según explicó, esa forma de entender la vida influyó tanto en su desarrollo personal como en su carrera artística.
"Aprendí que uno tiene derecho a hacer magia con su propia vida para manifestar lo que uno cree que puede, si uno tiene fe", aseguró.
Para el compositor, el éxito no se limita a la cantidad de discos vendidos o conciertos realizados. También implica conservar la capacidad de agradecer, seguir aprendiendo y mantener viva la ilusión.
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"El esfuerzo y la voluntad y la fe son fundamentales", afirmó.
Lejos de conformarse con el lugar que ocupa en la música argentina, Lerner continúa estudiando canto dos veces por semana, entrenando para mantenerse en forma y componiendo nuevas canciones.
Con la misma curiosidad que lo impulsó en sus comienzos, asegura que todavía quedan desafíos por delante.
Al despedirse, dejó una reflexión que resume el espíritu con el que encara esta nueva etapa de su vida y de su carrera: "Me queda mañana, el viernes, el sábado, el domingo, todo lo que el universo quiera dibujar o que queramos dibujar juntos".
Con esa filosofía, Alejandro Lerner transita un presente en el que el reconocimiento ya no es el objetivo principal, sino una consecuencia de una carrera construida con constancia y pasión.
Lejos de la nostalgia, mira hacia adelante con la misma curiosidad que lo impulsó en sus comienzos, convencido de que las mejores canciones todavía pueden aparecer y de que cada escenario representa una nueva oportunidad para reencontrarse con el público desde un lugar más auténtico y cercano.