La sinfonía de Rott: prehistoria de Mahler o eslabón perdido entre Brahms y Bruckner

Hace 35 años aparecía la primera grabación de esta obra que revolucionó el mundo musical al mostrar que pudo haber influido a compositores de su tiempo.

La sinfonía de Rott: prehistoria de Mahler o eslabón perdido entre Brahms y Bruckner
Rott y la portada de la primera grabación de su Sinfonía en Mi mayor.

Este fue el disco que puso a Hans Rott (1858-1884), por fin, en la constelación de los pioneros del gran sinfonismo post Beethoven. Si así fue, esto es, primero y principal, por su relación vital y musical con Gustav Mahler, un músico para el que ya “el tiempo había llegado” y había preparado el terreno para descubrir lo que algunos se han atrevido a llamar su “germen”.

Rott (muerto prematura y dolorosamente en un hospicio) dejó una obra tan breve como fascinante. Tanto que fue su amigo Mahler quien quiso dejar por escrito su relevancia: “Lo que la música ha perdido con él es inconmensurable: su genio se elevaba a tal altura, ya en esa primera sinfonía que escribió con apenas 20 años, que no exagero al decir que fue él el fundador de la Nueva Sinfonía, tal y como yo la entiendo. Pero lo que quería no llegó a conseguirlo plenamente. Es como si alguien lanzase algún objeto con todas sus fuerzas pero, todavía poco hábil, no alcanza plenamente su objetivo. Pero yo sé adónde quería llegar. En efecto, Rott se encuentra tan próximo de aquello que me resulta más personal e íntimo que ambos somos dos frutos del mismo árbol, nacidos del mismo suelo, nutridos por el mismo aire. Hubiera podido aprender mucho de él y, quizá, hubiéramos explotado los dos a fondo el contenido de esta nueva época que está en vías de brotar para la música”.

El juicio de Mahler, tan consagratorio, era difícil de constatar hasta que a principios de 1980 el musicólogo Paul Banks consiguió reconstruir la Sinfonía en mi mayor, que Rott escribiera en 1878 y que pocos conocían hasta entonces. Volcada en una partitura completa, la pieza fue tomada por el director alemán Gerhard Samuel y estrenada el 4 de marzo de 1989 en Cincinnatti (Estados Unidos), con la juvenil Cincinnatti Philharmonia Orchestra. Como se preveía, el estreno causó sensación, y tras las funciones inaugurales, el director y su cuerpo orquestal completo viajaron a París para tocar la obra allí el 10 de ese mes. Dos días más tarde, ya en Londres, Samuel y la orquesta entraban a grabar durante dos días esta obra, en un estudio de excepción: la monumental Iglesia Saint James, en el Picaddilly londinense. La producción y edición del sello Hyperion dieron por resultado uno de los discos más celebrados de ese mismo año.

Por entonces, y como decíamos, la grabación y los conciertos fueron para muchos una “revelación”. En especial porque la escucha de la obra de Rott permitía, en efecto, relacionar su estilo musical con las tres primeras sinfonías de Mahler. Tanto que se habló, con hipérbole, de plagio. Pero lo cierto es que los parentescos sonoros entre las sinfonías de estos amigos eran notables. El adagio (movimiento 2, Sehr langsam) nos conecta, por ejemplo, con la Sinfonía Nº 3 de Mahler. El scherzo (movimiento 4, Frish und lebhaft) con el 2 “a toda vela” de la Titán.

Por algo el Sunday Times, al comentar el disco de Hyperion, advertía: “Ningún interesado en cotejar la autenticidad de Mahler puede atreverse a ignorar la preciosa sinfonía de Rott”. El Musical Times, por su parte, incidía en la cuestión: “(El disco es) una revelación… por un lado sorprenden los numerosos temas que uno siempre asumió eran propios de Mahler, pero, por otro lado, la obra prueba tener una integridad y un universo sonoro propios”.

El morbo “mahleriano” del asunto, si bien estuvo servido como para llamar a la obra “la sinfonía 0 de Mahler”, se fue mitigando después, en especial cuando pudo valorarse, con más escuchas y mejor perspectiva, el entramado de la obra. En ella aparecen, sí, esas novedades que se encaminaban a la “nueva sinfonía” de la que el autor de La canción de la tierra sería gran valedor, aunque también citas del propio Rott a otros compositores insignes: Bruckner, Wagner y Brahms. La dialéctica musical (y esto corre por cuenta del firmante de esta nota) hace que pueda considerarse esta obra como el eslabón perdido entre Brahms y Wagner (o Bruckner).

Fuera de su papel en la historia, esta bellísima Sinfonía en mi mayor de Rott merece el rescate del que ha sido objeto. Luego de la referencial grabación de Samuel, han aparecido otras versiones, incluso con orquestas de mejor nivel (baste mencionar a Russell Davies y la Sinfónica de la Radio de Viena, para CPO; Leif Segerstam con la Sinfónica de Norrköping, para BIS o Paavo Järvi y la Sinfónica de la Radio Fráncfort, para RCA), pero la Cincinnatti Philharmonia Orchestra, con su gran interpretación que cumple 35 años, ya tiene su sitial de honor atado por siempre al redescubrimiento de Hans Rott para las generaciones venideras.

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