Emilio Antonio Abril y la vanguardia mendocina

Fue un activo miembro de la vanguardia literaria sudamericana vinculándose con escritores contemporáneos de dicho movimiento en Chile y Argentina

Emilio Antonio Abril y la vanguardia mendocina
Un retrato y tres poemas breves del autor, en un número de la revista Directrices (1929).

Entre los participantes del movimiento literario mendocino en las primeras décadas del siglo XX puede mencionarse a Emilio Antonio Abril, escribano y periodista, además de poeta. Si bien había nacido en Córdoba en 1899, se afincó en Mendoza y formó parte del más avanzado grupo literario mendocino de la época, en el que figuraron -entre otros- Ricardo Tudela, Américo Calí, Pedro Corvetto, Vicente Nacarato, Jorge Enrique Ramponi, Guillermo Petra Sierralta, Serafín Ortega y Ricardo Setaro.

Todos ellos se nuclearon en el grupo vanguardista denominado “Megáfono”, responsable de la versión mendocina de un fenómeno muy característico del movimiento vanguardista (que coincide con el auge de la radiotelefonía) cual es la denominada “revista oral”. Así por ejemplo, la que se generó desde el café porteño Royal Keller, en los años 1925 y 1926, creada por el poeta peruano Alberto Hidalgo, que contó con la colaboración de importantes figuras literarias argentinas, como Jorge Luis Borges y Macedonio Fernández. El proceso era el siguiente: “Grabada previamente (y por partes) con un gramófono, y emitida y actuada generalmente los sábados a la noche, la ‘Revista’ consistía en la simulación oral de un producto gráfico. Desde una pretendida mesa de redacción, los ‘periodistas’ emitían a viva voz artículos, editoriales y apócrifas cartas de lectores, ante un salón abarrotado de ‘oyentes’. Estas emisiones se reiteraron en dieciocho oportunidades, además de imprimirse un suplemento gráfico, acontecimiento que se dio en al menos dos oportunidades” (Villanueva, 2008, p. 151).

Como se lee en la página de la Biblioteca Virtual Fandom, Emilio Abril “Fue un activo miembro de la vanguardia literaria sudamericana vinculándose con escritores contemporáneos de dicho movimiento en Chile y Argentina”. El principal referente fue Ricardo Tudela, y el grupo se caracterizó por una fuerte militancia de grupo vanguardista” preocupado “por elaborar una teoría estética en Mendoza, tomando como base lo realizado por los escritores chilenos” (cf. https://biblioteca-virtual.fandom.com/es/wiki/Emilio_Antonio_Abril. Consultada el 13/04/ 2024).

Por testimonio de Ricardo Tudela, sabemos, precisamente, que Emilio Abril dirigió las emisiones radiales de “Megáfono”. También figura, encabezándolo, en el volumen colectivo que incluye a los autores del grupo: Megáfono, un filme de la literatura mendocina de hoy (1929). Publicó también otros dos volúmenes: Volantines de colores ([s. e.] [s. f.]) y Un hombre y sus sueños (1947, con portada de Roberto Azzoni). En este libro sobrevuela a lo largo de las páginas, la soledad y el dolor por la muerte temprana de uno de sus hijos (el autor se casó con Ema Moyano y tuvo tres hijos: Eduardo, Jorge y Carlos Emilio) y la melancolía de un amor perdido, pero también la descripción poética de las bellezas naturales de su Mendoza querida (cf. https://biblioteca-virtual.fandom.com/es/wiki/Emilio_Antonio_Abril).

Ya sobre el final de su carrera publicó, sin proyección comercial: Mendoza, fábula y sueño, una novela descrita por él mismo como “un emocionario escrito en prosa poemática”; Pan, señor de las cosechas, título en el que parafrasea a Charles Baudelaire y Fuga del Ángel, un libro de versos. También colaboró en el diario Los Andes y la revista Égloga, revista literaria mendocina dirigida por Américo Calí (cf. https://biblioteca-virtual.fandom.com/es/wiki/Emilio_Antonio_Abril).

Igualmente, dirigió Abril otra publicación que sirvió de expresión al movimiento vanguardista: Antena; Revista de la Joven Generación Mendocina, que se publicaba como apéndice de la Revista Mendocina de Ciencias Naturales y Pedagógicas, y de la que aparecieron dos números en marzo y abril de 1930. “Colaboraron en ella Emilio Abril, Jorge Ramponi, Augusto Santélices, Vicente Nacarato, E. Jiménez Caballero, Benjamín Morgado, Guillermo Petra Sierralta, José E. Peire, Ricardo Setaro, Héctor Pedro de la Fuente, Atilio García Mellid, Luis Dalla Torre Vicuña, Serafín Ortega, Daniel de la Vega, Gerardo Seguet” (cf. Videla de Rivero, “Notas sobre la literatura de vanguardia en Mendoza: el grupo Megáfono, 1985).

También aparecen textos suyos en Directrices. Revista de la Cultura Artística y Literaria, que apareció en Córdoba en 1929 y es hoy prácticamente inhallable. Aunque solo publicó dos números, es un importante testimonio del desenvolvimiento de la vanguardia en Argentina fuera de Buenos Aires. En el segundo número, por ejemplo, colaboran los escritores Carlos Brandán Caraffa, Oliverio de Allende, Miranda Klix, Alfredo Fragueiro, José Pablo Manfredi, Alfonso Reyes, Manuel Rodeiro, Saúl Taborda y Pedro Juan Vignale y bajo el título “Exposición de la nueva literatura mendocina por el Grupo Megáfono” aparecen textos de Jorge Enrique Ramponi, Vicente Nacarato, Ricardo Tudela, Luis J. Dalla Torre Vicuña, Guillermo Petra Sierralta, Serafín Ortega, José E. Peire y Emilio Antonio Abril.

Las obras de Emilio Abril se destacan, en general, por el empleo de la metáfora y el verso de métrica libre. En el volumen colectivo de 1929 colabora con cuatro obras, “Dibujando un destino”, “Elegía a la muerte de mi hijo”, “Versos para una muchacha que se llama Pura”, y “Una imagen de los cerros”, en las que se advierten estas características, aunque con un matiz afectivo que las distingue de otras producciones contemporáneas, más orientadas a la búsqueda de la imagen original, inédita o al humorismo.

El dolor causado por la temprana muerte de su hijo, ya aludida, se advierte claramente en el texto elegíaco que le dedica: “Te apagaste al alba. / Los luceros jugaban a la ronda” (1929, p. 10); mientras que su amor a la tierra de Mendoza, patria de adopción, aparece en “Dibujando un destino”: “maduro de recuerdos me has cosechado, amiga. / Tu cariño me ha sido: / el júbilo de un niño con muchos volantines. / Lámpara sin destino castigada de vientos… / noche herida de sombras” (1929, p. 9).

En el texto anteriormente citado, del mismo modo que en otro de similar temática, titulado “Una imagen de los cerros” (1929, pp. 11-12) se advierte la presencia de imágenes vanguardistas que traducen una definición original del objeto observado, tal como “colinas, caravanas dormidas”; “la cinta nueva de un camino”; “el avión de un chimango mintiendo aterrizajes”; “el viento de los campos jineteador de leguas” o “Cerros: cansancio de los años de edificar paisajes”.

Estos poemas son una pequeña muestra del arte de Luis Emilio Abril y tienen el valor de anticipar lo que será su obra posteriormente publicada, en lo temático y en lo formal; obra que lo erige en otro digno representante del incipiente vanguardismo mendocino de los años 20, tanto por la producción poética como por su acción cultural, como participante de empresas tales como la fundación y dirección de revistas, entre las que sobresale, por ser expresión característica del movimiento vanguardista, la revista oral Megáfono.

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