Acerca de la narrativa histórica y de la obra de Eliana Abdala

Un análisis de la obra de esta autora nacida en Rivadavia y, en especial, de su novela “Morir en Alejandría”.

La escritora mendocina Eliana Edith Abdala.
La escritora mendocina Eliana Edith Abdala.

Jorge Luis Borges manifiesta en uno en sus textos que “con todo anciano que muere desaparece una biblioteca de Alejandría”, en referencia en primer lugar a la importancia del saber tradicional, aquel que se transmite de padres a hijos, y luego, al inmenso caudal de conocimiento que se atribuía a la legendaria biblioteca, suma del saber antiguo, y que se perdió con su incendio. Este hecho, referido por la historia, es también tematizado por Eliana Abala, en su magistral novela Morir por Alejandría.

Eliana Edith Abdala nació en Rivadavia, Mendoza, en 1951. Es Maestra Normal Nacional Regional, Profesora de Enseñanza Media y Superior en Letras y Licenciada en Letras, títulos obtenidos en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Cuyo. En el año 2002 realizó una Maestría en Literatura Hispanoamericana en el mismo establecimiento. Desde su formación académica, estudia e incorpora la crítica literaria la obra de poetas desde los cánones folclóricos, olvidados por las academias.

Dicta cursos y conferencias varios de ellos organizados por el Ministerio de Cultura, Dirección de Música y Danza, en distintas ciudades del país. Es miembro de la Fundación Atahualpa Yupanqui. Su labor como investigadora y crítica literaria ha dado como fruto los siguientes títulos: Guitarra, dímelo tú: la poesía de Atahualpa Yupanqui (2008) y El vanguardismo literario. Poesía en el folklore y el tango: Atahualpa Yupanqui, Hamlet Lima Quintana, Armando Tejada Gómez (2014). Entre sus libros de ficción destacan: La fuerza de los Monterrey (1996); Clamor y otros cuentos (2002); Morir por Alejandría (2009); Julio: la patria eterna (2012) y Amor en Baalbeck (2016). Ha publicado recientemente La cajita de plata (2023), novela histórica para niños. Ha obtenido numerosos premios y distinciones.

En general, podemos decir que la realidad argentina es una de las preocupaciones centrales en la obra de Eliana, pero sin olvido de sus raíces étnicas. Y también la historia, universal y argentina, es objeto de particular interés en su labor creativa, en la que se destaca la novela Morir por Alejandría que, a mi juicio, es la más lograda de su producción y verdadera joya de la literatura mendocina contemporánea.

Entonces, como primer paso, se impone una pequeña reflexión sobre esta modalidad literaria, formulación oximorónica en apariencia, auténtica contradictio in terminis, en tanto como señala Noé Jitrik (Historia e imaginación literaria, 1995) “el término novela, en una primera aproximación, remite directamente en la tradición occidental a un orden de invención histórica. En la misma tradición, parece situarse en el orden de los hechos”. Se trata, en consecuencia, de un ejercicio creativo que se fundamenta en el estatuto de la historia como ciencia poética.

En efecto, la historia no es una realidad natural ofrecida a nuestra atención especulativa, y por lo tanto no puede fundar una ciencia teórica. Y si consideramos que el orden práctico es aquel que la razón impone al acto voluntario, advertimos también su diferencia con los hechos puestos bajo la mirada del historiador. En cuanto al orden poético, el orden descubierto por el historiador para explicar los sucesos acaecidos en un tiempo pasado no es inventado; sin embargo, la reconstrucción que de él realiza el estudioso tiene mucho de creación. Es, en última instancia, relato, narración.

Esta afinidad ha abierto entonces la posibilidad a la existencia de este género literario ―la novela histórica― que en su versión más tradicional supone la reconstrucción arqueológica de un tiempo pasado, que sirve de telón de fondo al accionar de los personajes principales, generalmente ficticios, mientras que los verdaderamente históricos se relegan a un segundo plano como requisito de ese efecto de verosimilitud buscado.

A priori, en esta línea puede ubicarse la novela de Eliana Abdala, si bien también en su construcción poética encontramos también elementos de la denominada nueva novela histórica, en tanto los protagonistas –o la protagonista excluyente, Hipatia, la Maestra de Alejandría, es un ser real e histórico: una filósofa y maestra neoplatónica griega, natural de Egipto, que se destacó en los campos de las matemáticas y la astronomía, miembro y cabeza de la Escuela neoplatónica de Alejandría a comienzos del siglo V.

Seguidora de Plotino, cultivó los estudios lógicos y las ciencias exactas, y llevó una vida ascética. Educó a una selecta escuela de aristócratas cristianos y paganos que ocuparon altos cargos, entre los que sobresalen el obispo Sinesio de Cirene ―que mantuvo una importante correspondencia con ella―, Hesiquio de Alejandría y Orestes, prefecto de Egipto en el momento de su muerte. Hija y discípula del astrónomo Teón, Hipatia es la primera mujer matemática de la que se tiene conocimiento razonablemente seguro y detallado. Escribió sobre geometría, álgebra y astronomía, mejoró el diseño de los primitivos astrolabios ―instrumentos para determinar las posiciones de las estrellas sobre la bóveda celeste― e inventó un densímetro.

Personaje de trascendencia histórica, entonces, pero sobre cuyas motivaciones interiores Eliana se permite conjeturar, porque tal es el oficio de la literatura, ofreciéndonos el retrato exquisito de una mujer que por sobre todas las cosas es eso, una mujer capaz de los mejores sentimientos y con una irrenunciable vocación de libertad, en un contexto histórico en que esa condición imponía una serie de condicionamientos.

Y en esa reconstrucción histórica juega nuestra autora su enciclopedia, su sabiduría. Detrás de toda novela histórica sin duda encontramos un trabajo de dos instancias: la circunstanciación histórica, pero también la universalización simbólica; vale decir, el estudio minucioso de esa realidad que se pretende evocar, y la invención literaria con la libertad de sus recursos.

Precisamente la sabiduría de Eliana consiste en haber podido ser fiel en esencia a esa Hipatia cuyo rostro histórico hemos reseñado brevemente, pero a la vez, en la capacidad para hacerla vivir literariamente en toda su riquísima personalidad de mujer que sintetiza en sí toda la sabiduría del mundo antiguo: Hipatia Maestra erigida en símbolo, del mismo modo que el faro o la mítica biblioteca son Alejandría.

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