A mediados de 1980 se vivía una época de transición. Los países que integran la región pedían con frenesí la vuelta a los gobiernos republicanos y democráticos y el regreso de los militares a sus cuarteles.
En los años 80, el encuentro entre Alfonsín y Sarney culminó con la Declaración de Iguazú que sentó las bases del proceso de integración bilateral entre ambos países y que seis años después florecería formalmente como Mercado Común del Sur.
A mediados de 1980 se vivía una época de transición. Los países que integran la región pedían con frenesí la vuelta a los gobiernos republicanos y democráticos y el regreso de los militares a sus cuarteles.
En esos momentos históricos, tres políticos se destacaron por su accionar con firmeza en pos de hacer realidad esos sueños: Raúl R. Alfonsín, Tancredo Neves y José Sarney.
Los presidentes Alfonsín y Sarney se encontraron en Iguazú para inaugurar el Puente Internacional Tancredo Neves denominado así en honor al presidente electo de Brasil que no asumió a causa de su prematuro fallecimiento.
El encuentro culminó con la Declaración de Iguazú que sentó las bases del proceso de integración bilateral entre ambos países y que seis años después florecería formalmente como Mercado Común del Sur.
Cuando Sarney visitó Buenos Aires en 1986, habló mucho ante el Congreso argentino, sobre integración y el vínculo argentino-brasileño como fundamental para conformar una Sudamérica autónoma.
Hoy, cuando el Mercosur ha sellado un acuerdo con la Unión Europea, la pregunta es si la región aún conserva aquella vocación de actuar como bloque en defensa de sus propios intereses y con una identidad común para negociar colectivamente ante un mundo que no se ordena solo por afinidades ideológicas.
Ese viejo sueño sigue presente a pesar de los retrocesos, las desconfianzas y las cambiantes coyunturas que soporta la humanidad toda.
* José Gabriel Duranti. Exlegislador provincial.