Querido cura Héctor Gimeno, hoy que han pasado tantos años de tu partida, te recuerdo fundamentalmente por cómo marcaste mi vida y la de tantos amigos míos, con tus enseñanzas, tu afecto, tu presencia, siempre, para dar una enseñanza de vida; tu generosa ayuda incondicional, tu alegría interminable, tus retos necesarios y, fundamentalmente, los consejos para nosotros y para transmitir a nuestros hijos, para que el día de mañana fuesen un ejemplo de vida, como lo fuiste vos.
