Los docentes buscan legitimarse frente a sus alumnos, a los padres, a las autoridades educativas, pasaron los tiempos en que su rol, per se les otorgaba autoridad.
Los docentes buscan legitimarse frente a sus alumnos, a los padres, a las autoridades educativas, pasaron los tiempos en que su rol, per se les otorgaba autoridad.
Sin duda, las condiciones históricas actuales hacen que al docente le resulte particularmente difícil situarse en el punto justo entre el autoritarismo y la ausencia de autoridad.
Hay que construir un vínculo asimétrico. Es un problema complejo en el que inciden las transformaciones del papel del adulto y las nuevas subjetividades adolescentes. La autoridad del docente se ve permanentemente cuestionada, si no directamente impugnada como menciona Noel (2008) de distintas formas:
- Por falta de méritos, "porque no sabe nada" (impugnación personal).
- Porque se excede en sus competencias: "quién es usted para decir esto" (impugnación de la posición).
- Porque se lo acusa de autoritarismo.
¿Qué condiciones harían posible el ejercicio de la autoridad hoy en la escuela?
Arendt considera que corresponde al adulto la responsabilidad de transmitir a las nuevas generaciones los valores de una civilización a la que los niños irrumpen como extraños pero cuya continuidad solo puede asegurarse si son introducidos en ella.
Los jóvenes, que en tanto sujetos sociales constituyen un universo social cambiante y discontinuo, que en la escuela están en condiciones de aceptar o impugnar la autoridad.
Esos alumnos son los que deben permanecer hoy en la escuela aun cuando no le encuentren pleno sentido.
Factores que intervienen en la construcción de legitimidad. Así como la modernidad se caracterizó por su capacidad para disolver ciertos sólidos (tradiciones religiosas, antiguos regímenes políticos) para instaurar otros nuevos, nuestra época actual ha disuelto los sólidos de la modernidad sin producir otros nuevos.
Nuestro contexto es líquido, sus instituciones débiles y solo impera lo que fluye, lo que cambia, lo que no permanece.
No basta destruir lo que estorba, hay que construir lo que falta. El síntoma más significativo de la crisis es que se ha difundido hacia áreas como la familia, la crianza de los hijos y la educación, en las cuales la autoridad, siempre había sido aceptada como una necesidad natural.. (Arendt 1996).
Las transformaciones en el papel adulto y su responsabilidad.
El papel adulto atraviesa una fuerte crisis que deja sentir sus efectos, especialmente en el ámbito de la familia y de la escuela. Para los adolescentes, los adultos dejaron de ser modelos. ¿Cómo construir autoridad en estas condiciones? ¿Qué lugar tiene en un mundo en movimiento? ¿En qué puede fundarse la autoridad en una época de transición?
Para pensar en estas preguntas deberemos pensar en: las transformaciones del papel del adulto, el surgimiento de las nuevas subjetividades del adolescente y el predominio de algunos valores en la sociedad actual en el marco de la crisis de los supuestos de la modernidad.
Estos cambios a los mayores les hicieron dudar y les dejaron sin modelos; fueron cambios que produjeron un doble impacto: sobre ellos mismos como adultos y sobre ellos en relación con los niños y jóvenes.
Son cambios que provocan un profundo desasosiego y que, frente al miedo a caer en el autoritarismo, los llevaron muchas veces a cuestionar su propia autoridad sobre sus hijos o alumnos. Así las cosas, transmitir algo a los hijos se hacía cada vez más difícil.
Entre la nueva libertad y la sensación de orfandad que producía la falta de modelos en los cuales apoyarse. Esto hace que no se pueda pensar en los adultos como pertenecientes a un conjunto homogéneo (De Segni, 2002):
Encontramos adultos que:
- Tratan de atrincherarse en viejas formas de vida e intentan crear islas en las que seguir viviendo ilusoriamente dentro de un mundo conocido.
- Tratan de mantenerse sumergidos en los valores de la cultura de los adolescentes, para quienes ser adulto ya no es un ideal, y privilegian la horizontalidad en los vínculos, lo que los convierte, a veces, en personas poco propicias para el establecimiento de límites y normas.
- Muestran continuos conflictos y contradicciones entre ser adulto o no serlo; en este caso, la inseguridad, la confusión, la indecisión y la incapacidad para ejercer la autoridad son aspectos no resueltos que pueden aparecer en cualquier circunstancia.
Creemos en la autoridad entendida como acompañamiento, como protección; noción que da cuenta de su sentido etimológico: ‘hacer crecer’ (del latín autoritas, que a su vez deriva de auctor-augere, ‘hacer crecer’). Un docente con autoridad debe tener: proactividad, empatía, asertividad, asimetría, afectividad y esperanza…
Esperanza de lograr esa autoridad que hace crecer. Es un derecho de los alumnos tener adultos con autoridad. Lo están pidiendo, escuchémoslos.