26 de enero de 2014 - 04:34

Errores que se pagan caro

El país parece entrar en nuevo torbellino por el dólar que le va a salir muy caro a Mendoza. Pérez empieza a virar para cambiar de rumbo.

Otra vez a los tumbos, mirando el “minuto a minuto” del dólar y especulando con los precios. La novela argentina, aunque repetida, no deja de sorprender. Como no dejan de sorprender los gobernantes de turno, empecinados en sus “modelos”.

En los ’90 fue Carlos Menem, que desoyó las advertencias que empezaron a escucharse antes de su reelección en 1995. Ahora fue Cristina Kirchner, que se ha cansado de tildar de destituyentes a quienes desde hace al menos cinco años le avisan que aunque aparentemente estábamos bien, en realidad íbamos mal.

Encerrados en su realidad, en su micromundo, parecen no advertir las señales inequívocas y eligen estrellarse, “morir” en la suya.  Pero no son los únicos culpables. Porque buena parte del peronismo calló, cómplice, sólo por cumplir con aquel famoso verticalismo fundacional: el que gobierna manda y el resto acompaña.

Los dirigentes del PJ eligieron la comodidad del elogio, mucho más redituable y menos riesgosa que la crítica molesta, sobre todo cuando el criticado cuenta con el 54 por ciento de los votos. Como dice un funcionario mendocino, Cristina le aseguraba “competitividad electoral” al peronismo. Ganaba ella y hacía ganar al resto. Y con eso parecen no querer jugar.

En el peronismo provincial hace tiempo se escuchan críticas a la forma y el fondo de la gestión de Cristina Kirchner. Ya durante el conflicto con el campo de 2008, algunos dirigentes de peso, obviamente en el más estricto off, deslizaban reproches a la Presidenta. Pero nada dijeron en público.

Los dos últimos gobernadores, Celso Jaque y Francisco Pérez, sólo le prodigaron alabanzas. Ellos pusieron su granito de arena en la construcción de lo que el relato K llama “la década ganada”. Pérez quizá fue el más enfático, aunque ahora busca otros aires, tras su descubrimiento tardío de que las cosas no están tan bien como hasta hace poco insistía.

Pérez negó la inflación desde  la campaña y apenas asumió eliminó la medición local con tal de no contrastar con la realidad los adulterados índices del Indec. Tras la derrota de octubre, admitió que la suba de precios había sido una de las razones del voto mayoritario por la oposición. Pero ese reconocimiento es equivalente a cuando un médico acierta con el diagnóstico cuando el paciente ya está grave.

Tanto creyeron Pérez y los suyos en “el modelo” y el discurso oficial que hasta se animaron el año pasado a endeudar a la provincia en dólares linked (recibió pesos y debe devolver pesos pero de acuerdo a la cotización del dólar oficial), desoyendo las advertencias de economistas serios.

El 22 de mayo se colocaron 95 millones de dólares una tasa del 3 por ciento anual, con un plazo de devolución de tres años y uno de gracia. Ese día, la moneda norteamericana cotizaba a $ 5,25 y por eso la provincia recibía 500 millones de pesos. Hoy, por ese dinero debería devolver 760 millones. Es decir, 52 por ciento más en ocho meses, sin contar la tasa de interés. Cualquier casa de préstamos personales del Centro le hubiera cobrado menos.

El 24 de octubre colocó un bono por 55 millones de dólares linked (que cotizaba cada uno ese día a casi 6 pesos) a  una tasa anual de 2,75% y tiene cuatro años para devolverlo (con uno de gracia). Recibió entonces 330 millones de pesos y hoy debería devolver 440 millones, o sea, 33% más en tres meses.

Peor es el caso del tercer bono, lanzado el 13 de diciembre, cuando el Gobierno nacional ya había demostrado su clara intención de acelerar la devaluación. Ese día tomó el equivalente a 70 millones de dólares a cinco años y con uno de gracia con una tasa de 2,75% anual. El dólar oficial cotizaba a 6,30 o sea que recibió algo así como 440 millones de pesos. Hoy (nadie puede arriesgar qué puede pasar mañana), debería devolver 560 millones, sin contar el interés. Es decir 27% más en apenas un mes y medio. Más que usurario para la Provincia y un gran negocio para quienes compraron ese título.

Esas decisiones son muy difíciles  de justificar y delatan la desesperación oficial por llegar a fin de año con efectivo para pagar los sueldos y cerrar las cuentas. Aunque también es cierto que nadie del peronismo pareció advertir lo que terminó ocurriendo y lo que puede ocurrir. De hecho, el Presupuesto contempla un valor promedio del dólar para todo 2014 de $ 6,50, un valor ya largamente superado. Por eso pide la UCR replantear aquel proyecto que hoy tiene sanción de la Cámara de Diputados y espera su tratamiento en el Senado para febrero. Es que con el dólar se modifican los valores de ingresos y egresos del Estado.

La brusca devaluación del peso es mirada con preocupación por el Gobierno provincial, no sólo por el endeudamiento. Está por un lado el impacto que pueda tener en los precios y el efecto dominó que esto generará tanto en el humor como la realidad social. Pero también se avecinan las paritarias y los reclamos de los gremios estatales no serán los mismos que hasta hace una semana.

Algunos de los que tendrán a cargo la tarea de negociar dicen que intentarán hacer comprender a los sindicalistas que la situación no da para más y recuerdan la crisis que capeó Roberto Iglesias, con recorte salarial incluido, en 2001 y 2002.

El consuelo para el Ejecutivo es que ingresará a Mendoza más plata por las exportaciones y así se calmarán los reclamos de los empresarios (fundamentalmente bodegueros y productores agrarios), que pedían un dólar más alto (y también menos inflación) para recuperar competitividad en el mundo. Además, sabe que la caja del Estado se verá beneficiada por el aumento directo de las regalías petroleras.

La mutación

Este abrupto cambio del escenario económico nacional encuentra a Francisco Pérez en pleno proceso de mutación.

Durante los dos primeros años de su mandato, el Gobernador se impuso abocarse por completo a la gestión y dejó de lado el armado político de un sector propio que lo respaldara. Esto se tradujo en que siempre ha dependido del apoyo de alguna línea interna del oficialismo y no pudo imponer ni un solo candidato en las listas del Frente para la Victoria que se presentaron en octubre. Hoy, no hay ni un solo “paquista” sentado en las cámaras.

Aquella decisión inicial fue un error, como ya hemos señalado en esta columna. Y Pérez pareció haber tomado nota recién después de la derrota electoral, aunque tal vez sea tarde. Ahora,  en su entorno admiten que “gestión y política” son los objetivos para este año. Saben que sin el primero, no es posible lo segundo. “Hay que pasar un 2014 muy duro para llegar a 2015”, grafican. El plan es convertirse en el conductor del PJ para luego imponer el nombre de su sucesor.

Cada vez más lejos íntimamente del kirchnerismo duro, paso a paso Pérez parece acercarse al gobernador bonaerense Daniel Scioli. El encuentro de la semana que pasó, el segundo en dos meses, parece confirmarlo. Y también lo que dicen en la Casa de Gobierno sobre el, hasta ahora, más firme candidato presidencial del PJ para 2015: “Es el dirigente político con más peso del peronismo”.

Por ahora no hay nada firmado, pero cada vez lo miran con más simpatía. ¿Y si Cristina quiere imponer otro candidato? “Vamos a defender las conquistas sociales de esta década, por eso veremos quién las garantiza, pero definitivamente no vamos a apoyar a cualquiera”. La respuesta confirma el giro, hay que ver adónde nos lleva este nuevo rumbo.

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