Equilibrio y rentabilidad para los pequeños viticultores de Argentina

Carlos Iannizzotto, gerente de la Asociación de Cooperativas Vitivinícolas, sostiene que ante la situación que vive la industria los productores, que son el eslabón más débil, se convierten en la variable de ajuste.

Desde el cooperativismo, que centra su actividad en la integración y en el asociativismo como medio de protección al pequeño y mediano productor posibilitándole participar en toda la cadena de valor, vemos que la vitivinicultura está siendo afectada en su equilibrio porque se ha deteriorado la rentabilidad, en mayor medida sobre el pequeño viñatero, que es el eslabón más débil de toda la industria, que también sufre.

Todos sabemos que en el mercado del vino las expectativas son fundamentales. En ese sentido, la cantidad de meses que existen de stock -aproximadamente 5-  no es motivo para que haya una tendencia a la baja en el precio de traslado; todo lo contrario, es un stock mínimo para tener bien abastecidos los mercados, si se piensa en cualquier contingencia.

Sin embargo, la inflación es lo que hoy desvela al productor, quien teme que este flagelo le gane a esas expectativas.

Por lo tanto, hay que dar señales en el mercado para que el productor no se desespere, tenga auxilios financieros y así pueda retener y vender solamente lo que necesite, sin salir a sobre ofertar al mercado y que eso favorezca la especulación.

En el mercado hay actualmente dos variables que afectan al precio del vino de traslado: la inflación en el mercado interno y el atraso cambiario en el mercado externo.

Sabemos que la alteración súbita del precio del vino en góndola afecta seriamente el consumo. Por lo tanto, no se puede trasladar el aumento de precios en el mismo porcentaje que aumenta la inflación. De esa manera, toda la cadena se afecta pero la variable de ajuste es el productor, porque no tiene espalda para aguantar.

Esto se complica cuando no podemos llegar al mercado externo por el tipo de cambio. Las estadísticas oficiales comienzan a reflejar las dificultades que enfrentan las empresas para exportar, debido a la pérdida de competitividad de nuestros productos en un contexto en el que los costos han crecido a un ritmo mayor que el tipo de cambio y a la adopción de medidas que tienden a reducir el comercio (trabas para importar insumos, reducción de plazos para liquidar divisas, demoras para el reintegro del IVA exportación, entre otras). En consecuencia, tenemos otra presión sobre los precios que también impacta en toda la cadena por una sobreoferta, puesto que eran vinos con destino internacional que pasan a llenar nuestras góndolas.

Estos problemas pueden no ser serios si rápidamente damos señales al mercado de que el stock y la falta de perspectivas de vender al exterior no van a dañar el precio. Para ello, el sector público y el privado deben ponerse de acuerdo y establecer un precio de referencia para que el productor sepa a qué atenerse.

Otro aspecto diferente es el del mosto. Más allá de que está en discusión si el mosto es simplemente una variable para tonificar el precio del vino (como fue su inicio) o si es en sí mismo una alternativa de diversificación (a eso se tiende, en la medida en que la Cámara del Mosto está con un plan estratégico), lo cierto es que el acuerdo Mendoza-San Juan tuvo sus frutos por tener continuidad, lo que se refleja sobre todo en la calidad y se comenzó a ganar mercados, ayudado por situaciones del comercio internacional que lo llevaron a un precio récord (de U$S 800 la tonelada a U$S 2.400 el año pasado).

Pero hoy no se encuentra ese precio por varios motivos: los compradores internacionales saben de nuestra situación de una cosecha mayor a la pronosticada, la menor demanda internacional y la baja del precio del mosto de manzana.

De todas formas, habrá que esperar el resultado de la próxima cosecha de Estados Unidos para tener un panorama más claro. Lo cierto es que hoy no se consiguen compradores por más de U$S 1.450 y ese precio no le cierra al productor ya que representa mucho menos de $ 2 el litro de vino blanco escurrido. Esto deprime al mercado.

En vista de este escenario, son oportunas las medidas anunciadas recientemente por el Gobierno mendocino tendientes a sostener el precio del mosto en el mercado internacional. Esperemos que rápidamente se implementen para que no queden en un anuncio y tengan el efecto contrario.

En definitiva, estamos en un momento de transición que se sortea con reflejos, decisión y acciones concretas: que el gobierno instrumente rápidamente el operativo compra de mosto al precio anunciado y que se lleve a cabo la articulación público-privada para reanimar el mercado de compra de vinos, puesto que aparentemente el stock no es tan sustancial que justifique un mercado tan estático.

Esto es coyuntura, claro, pero  también es imprescindible trabajar a la vez en medidas de fondo como el mercado de cambio, el reintegro de las exportaciones, la eliminación de las retenciones, la compensación de la inflación y, sobre todo, en el costo salarial y de fletes.

El productor independiente puede hacer poco frente a la concentración económica, salvo que busque asociarse e integrarse, tanto horizontal como verticalmente, como es nuestra organización cooperativa. Éste es el mejor modo de aumentar su rentabilidad, bajando costos y participando en un mayor porcentaje del precio final del producto, tal como sucede con nuestros asociados.

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