18 de octubre de 2012 - 01:39

Entrevista a Roberto de la Mota

El enólogo y socio de Mendel Wines, que además es vicepresidente de Wines of Argentina, dialogó con FINCAS, sobre el panorama actual de la vitivinicultura argentina. Se mostró preocupado ya que los aumentos de costos están afectando seriamente la rentabil

Roberto de la Mota junto a Annabel Sielecki son socios en Mendel Wines, bodega que exporta más del 90% de su producción al mercado externo. Este enólogo, reconocido por todo el mundo, es además vicepresidente de Wines of Argentina. En esta entrevista, De la Mota destaca la situación en la que se encuentra la vitivinicultura.

-Durante mucho tiempo los vinos embotellados argentinos crecieron fuertemente en el mercado externo, ¿en qué situación se encuentra hoy la industria?

-Las exportaciones de vino crecieron durante muchos años a dos dígitos, posicionándose en los mercados internacionales. Sin embargo, los años de bonanza se terminaron y Argentina está viviendo una época de baja rentabilidad, incrementando inevitablemente el precio de venta de sus productos en los mercados externos. En consecuencia, las exportaciones han experimentado un parate. Sin embargo, a pesar de haber aumentado el precio del vino en un pequeño porcentaje, todavía no podemos hacerlo al ritmo de la inflación.

-¿En qué franja de precio promedio se ubica la empresa? ¿Sigue siendo rentable?

Mendel, es una bodega mediana, que actualmente produce 14 mil cajas para la exportación. Nuestro precio promedio de exportación es de USD 100 y la caja más económica que vendemos se ubica en los USD 60. En este sentido, a pesar de que la rentabilidad se achicó, aún sigue siendo negocio.

Sin embargo, sabemos que esto que nos sucede, no es la realidad de todas las bodegas de Argentina. El país siempre se posicionó en los segmentos de los U$S 35 la caja, con una excelente relación precio calidad, que era difícil de nivelar para otros países. Hoy, Argentina prácticamente ya no puede competir en esta franja. En este espacio, sólo han quedado algunas bodegas grandes que la han mantenido con el objetivo de ofrecer un mix  de productos a sus importadores, solventándola con otras líneas más caras. Mientras que los establecimientos chicos y medianos directamente se corrieron hacia franjas más altas.

-¿Cuáles son los costos más relevantes en una bodega?

-La mano de obra es sin ninguna duda el costo que más ha aumentado en los últimos años, a un promedio anual del 25%. Hace unos años, la mano de obra representaba un 33% del costo de un vino, hoy supera el 50%.

En segundo lugar se ubica la materia prima. También está la botella que ha ido aumentando de manera significativa en el último tiempo. Sin embargo, representa menos de un tercio del costo total.

- Frente a estos aumentos, ¿qué estrategia adopta la empresa?

-Buscamos permanentemente la eficientización, aumentando el número de botellas. Cuando sos bodega mediana a pequeña, como lo es Mendel Wines, no podés hacer fuerza ante los proveedores de insumos.

De esta manera, el desafío para el año próximo es  unirnos con otras bodegas para hacer un pool de compras. Hoy no lo estamos haciendo ni desarrollando pero podría ser una de las alternativas para afrontar la inflación.

Con respecto al aumento de los insumos, no podemos hacer mucho. Continuaremos en el posicionamiento de los mercados, nos obligamos a mantener la calidad, por lo que no podemos buscar otras opciones. La imagen, el packaging, los corchos, cápsulas deben continuar siendo de buena calidad. En el caso de la botella, hemos optado por un tema de costos y sustentabilidad, elegir envases más livianos.

Finalmente, creo que la cosecha 2013 va a ser todo un desafío con los productores. Durante la cosecha 2012 los precios de la uva se mantuvieron semejantes a los del 2011. Sin embargo, este año no podrán. Ellos buscarán la rentabilidad aumentando el precio de la uva o aumentando la productividad de los viñedos, en consecuencia disminuyendo la calidad.

-En general ¿cómo ve a los principales mercados de Argentina para vino fraccionado?

-Nuestro principal mercado continúa siendo Estados Unidos que sigue comprando vinos argentinos, aunque con un ritmo menor. Por otro lado, Canadá se está mostrando como un destino fuerte y con un precio promedio interesante.

Con respecto a Brasil, la situación sigue siendo compleja. Las licencias están demorando 60 días, lo que produce que el proceso sea muy lento.  Esto nos ha perjudicado mucho y el panorama no parece aclararse.

Los brasileños tienen una burocracia importante y eso va en detrimento de un comercio fluido. Para ellos, según nos comentaba nuestro importador, desde que realizan la orden de compra y tienen el vino argentino en su poder para comercializarlo, la demora es de aproximadamente entre 100 y 150 días. Mientras que en el caso de los vinos europeos, la demora no pasa los 100 días.

Chile y Argentina, han sido los proveedores en volumen más importantes y esto continuará, aunque de a poco el espacio que estamos dejando de ventaja, los competidores lo utilizarán con grandes estrategias de negociación.

Finalmente, otro de los mercados en los que Argentina ha hecho foco en los últimos años ha sido Latinoamérica. Colombia, Perú, Venezuela, son destinos que comienzan a afianzarse.

-¿Las trabas a las importaciones los están afectando? ¿Cómo lo han sobrellevado?

-En algunos insumos sí nos ha afectado, como por ejemplo en maquinaria y provisión de elementos enológicos. Los proveedores de barricas, o sustituto a estos materiales, están teniendo inconvenientes para obtener los permisos para importar. Sin embargo, vamos sorteando esta situación haciendo los pedidos con más tiempo.

-¿Le preocupa el crecimiento de la exportación de vinos a granel, en detrimento del fraccionado?

-Por un lado, el aumento de las exportaciones de vino a granel corresponde al volumen de vino que antes se consumía en el mercado local. Frente a esta situación, creo es muy bueno para Argentina, ya que representa una entrega importante de divisas.

No obstante, hay otro gran porcentaje del aumento que corresponde a la sustitución del fraccionado. Aquí es donde corremos peligro. El granel es un commodity que pierde identidad y no tiene el respaldo del terruño. Empieza a dejar de ser vino ligado a un suelo, a un cepaje, a una cultura. En algunos casos, de acuerdo a quien sea el importador, algunas empresas logran exportar a granel y fraccionarlo en los mercados de destino, manteniendo el origen del producto, apelando a reducir los costos. Pero, en muchos otros casos, simplemente exportan el granel y no saben después qué pasa con el producto.

-¿Cuál es la situación de la compañía frente a los retrasos de las devoluciones de IVA y reembolso de exportaciones?

-Se están haciendo muy difíciles los pagos. Desde que comenzó el año, que no hemos recibido nada. Esto para nosotros significa directamente un aumento de costos.

-¿Qué perspectivas tiene para lo que resta del año y para 2013?

-Nuestro objetivo es mantener los mercados y aumentar escalonadamente los precios de los vinos. La conquista de mercados es difícil pero apostamos a Europa del Este y a Asia. Esto lo lograremos, siempre que mantengamos la calidad de nuestros productos, y agudicemos el ingenio para sortear esta etapa complicada.

No podemos recaer en que la única solución sea el tipo de cambio, pero no tenemos muchas herramientas para luchar con la inflación. En el 2013 creemos que el tipo de cambio se irá ajustando, pero no al ritmo de la inflación.

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