Preside el organismo responsable de velar por la sanidad vegetal en la Provincia de Mendoza. El ingeniero agrónomo Leandro Montané reconoce que esta temporada agrícola se ve algo más afectada por las plagas que la anterior, y lanza una advertencia: el cambio climático global puede incidir en su biología y en su conducta. En el diálogo con Fincas, señala que la interacción público-privada es, en este escenario, más necesaria.
-¿Cuál es la situación fitosanitaria de la provincia en la actual campaña?
-Hay muchos componentes que podríamos tomar en consideración para evaluar la presente campaña en cuanto a la presencia de plagas. En términos generales la situación es de un año complicado que tiene mucho que ver con las condiciones climáticas que se han dado, bastante predisponentes para el desarrollo de plagas, en general. Porque hemos tenido un invierno muy benigno (al igual que el de 2011) y un verano con altas temperaturas y altos niveles de humedad.
-¿Han registrado mayor presencia de alguna plaga en particular en algunos de los oasis productivos de Mendoza?
-Sí, se puede hablar de un pequeño incremento en algunas de ellas, como es el caso de Lobesia, que fue introducida al país en2010. Hemos venido trabajando intensamente con el Senasa y el sector privado, pero este año se ha visto un aumento de los niveles de población y una expansión territorial.
En el oasis Norte-Este de Mendoza, (donde hay mayor presencia de esta plaga) se detectó una población mayor en las zonas rojas y una expansión hacia áreas donde no se había detectado antes. Esto se da, en buena medida, por el movimiento normal que tiene la uva en la provincia de Mendoza.
-Ustedes han establecido procedimientos para esos movimientos…
-Es cierto, una de las condiciones que hemos puesto -entre otras- es que la uva vaya a bodega cubierta con malla de media sombra parar evitar la dispersión de plagas. Pero esto no se cumple al cien por ciento y es bastante difícil fiscalizar todos los camiones que se movilizan en la provincia. Esto contribuye a la dispersión de la plaga. A eso se suma que las condiciones climáticas predisponentes favorecen el incremento de la población.
-¿Cuál es el panorama respecto de las otras plagas que ya tenían presencia en la provincia?
-En el caso de Carpocapsa, que afecta a las frutas de pepita, también registramos un incremento en la población, vinculado a las condiciones climáticas favorables pero también a la situación económico-financiera de los productores que, en algunos casos, tratan de minimizar los gastos (porque la situación de mercado para sus productos no es la óptima) y demoran los tratamientos indicados o directamente no los hacen. En cuanto a Grafolita (que afecta a las frutas de carozo) el panorama es similar al de Carpocapsa.
-¿Qué pasa con la mosca del Mediterráneo?
-De alguna manera, se ha dado una situación similar. Nosotros tenemos dos áreas libres, que son Valle de Uco y Sur, donde no hemos tenido eventos registrados, pero en el Norte-Este, que es un área de escasa prevalencia, sí hemos notado algunos brotes en zonas urbanas y periurbanas.
A través de nuestros técnicos de operaciones de campo hemos advertido a los productores para que tomen las precauciones necesarias, que hagan tratamientos, sobre todo a los que tienen fruta que se cosechan a partir de febrero-marzo.
-El programa oficial -que se complementa con las curaciones que tienen que hacer los productores- ¿ha venido aplicándose normalmente o tuvo recortes?
-Este año hemos liberado un mayor número de machos estériles. Ante un invierno con poco frío (habíamos tenido condiciones similares en 2011), esperábamos un ciclo de primavera-verano complicado por las plagas y arrancamos con un nivel de liberación mucho más alto que lo habitual para el comienzo.
Hacia mediados de setiembre ya estábamos liberando 150 millones de machos esterilizados por semana, y en octubre ya estábamos en los picos medios de liberación de la temporada estival (entre 200 y 220 millones de insectos por semana), y lo hemos mantenido a ese ritmo. A eso se suma el trabajo de las brigadas sanitarias que operan en las zonas urbanas, donde bajan la fruta de los árboles y hacen tratamiento del suelo por si hay pupas que luego se transformen en adultos fértiles. Esto se ha hecho con todos los medios necesarios. No hemos tenido restricciones.
-Esta mayor presencia de plagas ¿es suficiente para afectar el valor comercial de la producción?
-En primer lugar, hay que dejar de lado a los oasis Centro y Sur, que no tienen problemas. En el Norte-Este, la plaga se presenta como focos. En el caso de Grafolita puede ser un poco más generalizado, pero también depende de la conducta del productor. El que realiza aplicaciones con cierta periodicidad no ha tenido inconvenientes o ha visto muy poco afectado el rendimiento comercial de su cultivo.
El nivel de daño económico de una Grafolita sometida a un buen tratamiento quizás no alcance al 2% o al 3%. Pero si el productor se descuida y no hace las aplicaciones recomendadas, puede llegar a tener daño económico importante.
-¿Y en el caso de la mosca del Mediterráneo?
El productor afectado puede tener problemas importantes. Podríamos llegar a hablar de un 20% hasta un 50% y si tuviera ese nivel de daño prácticamente no podría comercializar, porque al comprador le resultaría muy difícil y costoso hacer la selección de esa fruta. Pero eso dependerá de si el productor ha hecho los tratamientos preventivos. Si el productor no hace las curas, no sólo se perjudica sino que también retrasa el programa oficial porque en la medida que colabora, bajan los niveles de población residual y al año siguiente va a ser más fácil el control de la plaga.
-¿Es posible que el cambio climático global pueda estar variando la biología y el comportamiento de las plagas, en general?
-Creemos que sí, que puede modificar la capacidad de adaptación de las plagas o provocar desequilibrios en el sistema de control biológico si la plaga tiene ventajas sobre su controlador. De hecho, el año pasado, cuando vino a Mendoza una misión del BID con gente de la Nación a trabajar con la Secretaría de Ambiente de la Provincia para tratar de preparar un estudio sobre el impacto del cambio climático, tuvimos una reunión en el Ministerio de Agroindustria en la que propusimos incluir un capítulo referido a la incidencia del cambio climático en el comportamiento de las plagas agrícolas en la región.