Es el máximo responsable del Centro Regional Mendoza - San Juan del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria. La investigación, el desarrollo y la transferencia de tecnología al sector productivo es la razón de ser del organismo en el que viene desarrollado su actividad profesional.
Pero el ingeniero Carlos Parera acepta la propuesta de trasponer el plano estrictamente técnico y comparte, con FINCAS, algunas reflexiones sobre el escenario que se presenta para las actividades productivas regionales, y acerca de los desafíos que sería necesario asumir para afrontar nuevas realidades.
-¿Cómo ve el panorama de las producciones agrícolas de la región?
-Más que en las circunstancias coyunturales, creo que hay un par cuestiones estructurales que no debemos perder de vista, a futuro. Mendoza y San Juan son dos provincias que tienen su base agrícola fuertemente pegada a la vitivinicultura, que ha ido evolucionando hacia una mejor calidad. Pero la necesidad, a futuro, es empezar a buscar especializaciones y a diferenciarse por zonas.
-¿Cómo sería lo de las especializaciones?
-Me refiero, por ejemplo, a que en jugo de uva (Argentina tiene calidad y es el primer exportador mundial), tendría que haber cierto grado de especialización. No se puede manejar una uva para mosto como se maneja un varietal para la elaboración de vino. Hay que empezar a generar nuevos sistemas de conducción, altos rendimientos, alto contenido de azúcar y cosecha mecánica. En eso estamos trabajando desde INTA, pero creo que ese enfoque tiene que empezar a reflejarse en las decisiones empresariales.
-¿Qué implicaría la diferenciación por zonas?
-Por poner un ejemplo, creo que el malbec está agotado como variedad, en el sentido que hay muchos países que empiezan a producirlo. Necesitamos empezar a diferenciar las zonas de nuestra región, según sus atributos. Hay que empezar a vender el lugar, el terruño, por decirlo de alguna manera. No calificando si es mejor o peor el producto de una u otra zona, sino destacando las características que hacen que uno sea distinto del otro y que el consumidor elija.
-¿Cuál es la otra cuestión estratégica, a futuro?
-Puede parecer una obviedad, pero lo cierto es que la región tiene que pensar mucho en el uso del recurso hídrico y, en el caso puntual de la producción, la eficiencia del riego. No solamente por todos los diagnósticos de una menor disponibilidad de agua sino también porque cabe esperar una mayor demanda por parte de la población (que crece); y asociado a todo eso, el problema de la contaminación. Además, se necesita un muy buen inventario del recurso hídricos y su potencial a futuro.
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Al margen de lo que acaba de plantear¿qué gran desafío habría que plantearse?
Creo que el gran desafío es lograr el crecimiento de la agricultura. Tanto mejorando la producción en los oasis, como expandiendo la frontera agrícola. Hoy -en el caso de Mendoza- las actividades productivas están limitadas a el 3% de la superficie provincial. El desafío es mejorar la producción de los oasis y expandir la frontera agrícola, tenemos que buscarle actividades sustentables al resto del territorio. Venimos con muy baja tasa de crecimiento de la superficie cultivada en la región. Además, otro tema por analizar es limitar, de alguna manera, la división (por herencias) de la tierra de oasis. Porque vamos a terminar con parcelas que no van a ser unidades económicas. Va a resultar imposible mantener rentabilidad sobre superficies tan bajas.
-En cuanto a la actividad del INTA, ¿cómo van a trabajar, en el Centro Regional, a partir de 2013?
En 2012 culminamos un ciclo de proyectos trienales de investigación, diseñados y ejecutados en función de las cadenas productivas. Ahora cambiamos el enfoque, para armar nuestros proyectos a partir de las demandas territoriales, para abordar sus problemáticas específicas. Para eso hicimos durante el 2012 una fuerte capacitación de nuestros extensionistas, con una visión de prospectiva territorial. Cada Agencia de Extensión trazó los escenarios futuros que cabe esperar para su territorio, y planteó alternativas de acción institucional y su probable impacto en esos escenarios.
-Es de suponer que de ese análisis surgió el material necesario para definir los nuevos proyectos…
-Los últimos tres meses de 2012 estuvimos trabajando en la planificación y, efectivamente, aparecen problemáticas muy claras, que de alguna manera serán los ejes de nuestra actividad en los próximos años. Como el tema hídrico, la calidad y sustentabilidad de nuestra producción, o el problema de la mano de obra.
-¿Cómo piensan abordar el problema de la mano de obra?
-Conocemos las dificultades que hay, ya sea por disponibilidad como por capacidades. Estamos armando líneas específicas para desarrollar alternativas de mecanización de diversas labores culturales en distintos cultivos y acciones de capacitación para que los trabajadores rurales puedan mejorar su desempeño.
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Habló también de recurso hídrico y calidad de la producción…
-El problema del agua lo vamos a abordar tanto desde el punto de vista de la investigación y el desarrollo de tecnología para mejorar la eficiencia de riego, como desde la organización del sector para optimizar el uso del agua. También a través de la evaluación de cultivares y portainjertos que requieran menor cantidad de agua. En cuanto a la calidad de nuestros productos, no sólo me refiero a aspectos visuales, sino también al uso apropiado de agroquímicos por ejemplo, con una visión de mayor sustentabilidad de la producción regional.