23 de febrero de 2013 - 00:09

El entretenimiento no tapa la realidad

Con el relato ideológico, el cristinismo intentó sustituir la realidad concreta por una ficción doctrinaria. Fallado ese intento hoy busca simplemente tapar, ocultar la realidad, mediante la estatización o para-estatización de los programas de evasión rad

Convencido de que uno de los factores decisivos para lograr su continuidad en el tiempo es un estratégico montaje del espectáculo político, el Gobierno nacional avanza bajo la consigna de "vamos por todo" sobre los contenidos de los medios. Lo hace de modo arrebatador y a cualquier precio.

La Presidenta y sus funcionarios creen que concentrando audiencias populares como las que convocan las transmisiones deportivas -el fútbol en especial- o el programa de Marcelo Tinelli, podrán modelar la conducta electoral de amplios sectores sociales y hasta adoctrinarlos políticamente.

Es un sueño acariciado eternamente por el poder, aunque en esta especial circunstancia que vive la Argentina tiene sin embargo riesgos elevados.

Este tema ha sido siempre el eje de un interminable debate intelectual, pero la historia contemporánea demuestra que pese a la cada vez mayor teatralización de la vida pública y hasta privada de las personas, el adormecimiento de la conciencia crítica de la sociedad encuentra su límite en la realidad. Hoy en el país la realidad está cruzada por datos preocupantes de la economía, el trabajo, la inseguridad y hasta de las garantías constitucionales que amenazan la convivencia democrática. Nada de eso se arregla con mensajes mediáticos.

Nos miran

La feroz embestida contra el periodismo crítico va cerrando un círculo que busca asfixiarlo por distintas vías. Una es la formación de un inmenso multimedios que responde disciplinadamente al Gobierno y que se lleva más del 80 por ciento del cuantioso presupuesto destinado a difusión y propaganda. Con esos recursos se compran conciencias y empresas y también hacen su aporte los amigos del poder que se benefician por negocios con el Estado.

Otra de las vías es la reciente prohibición a las compañías privadas para que no contraten publicidad en aquellos medios que no son dóciles a la voluntad de la Casa Rosada. Las amenazas anticipando represalias administrativas o personales, según cuentan algunos atemorizados ejecutivos, son métodos de uso habitual.

Esta estrategia del Gobierno está siendo observada con notoria desconfianza por algunas representaciones diplomáticas en Buenos Aires, a las que están ligadas las empresas de capitales con la misma nacionalidad. En distintos foros de negocios se ha comentado en los últimos días que las embajadas de tres países que hacen un culto de las formas democráticas, han enviado a sus respectivos gobiernos informes muy duros sobre la coacción a las que son sometidas esas compañías. "Se nos obliga a ser cómplices de un ahogo a la libertad de expresión", llegó a decir el director de Relaciones Externas de una poderosa firma francesa.

Lo que la Presidenta no ha podido revertir todavía, a través del sistema de medios oficiales, es el malestar que han generado algunas de sus decisiones y actitudes de las últimas semanas. La insistencia de aprobar de manera apresurada en el Senado el acuerdo con Irán tendrá un costo importante entre la colectividad judía y también en la política exterior. Falta todavía saber si el oficialismo logrará el quórum necesario para la aprobación en Diputados.

La movilización de hace unas horas en la Plaza de Mayo al cumplirse un año de la tragedia de Once, acumuló aún más desánimo en personas que hasta no hace mucho tiempo adherían con entusiasmo a la política oficial. Tanto la tragedia de la AMIA como la de Once están caracterizadas por la sensibilidad que despierta una fuerte carga de dolor y angustia. Eso tampoco se disimula con mensajes enviados desde la industria del entretenimiento, que es la base utilizada por el Gobierno para montar su espectáculo político.

Otro objetivo

El conflicto docente que impide la iniciación normal de las clases en gran parte del país, es otra contradicción del discurso oficial. Los principales gremios que encabezan la protesta adhieren a la CGT cercana al Gobierno, pero fue tanta la presión de las bases que sus dirigentes no pudieron oponerse a las medidas de fuerza. Inquietudes similares existen en muchos otros sindicatos, lo que anticipa un mes de marzo altamente conflictivo.

En la cúpula del poder la preocupación parece ser otra: encontrar la fórmula que posibilite un triunfo electoral en octubre y que permita sumar los votos necesarios para reformar la Constitución y así avanzar con la re-reelección de Cristina. Pero la mirada oficial va más allá. Si las urnas no lo hacen posible, por la vía de los hechos modificar el sistema político, utilizar herramientas plebiscitarias y esquivar los actuales impedimentos legales.

Nada de eso puede hacerse sin una fuerte confrontación y sin profundizar las peligrosas grietas que muestra hoy la sociedad.

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