Ya prácticamente es un hecho que la empresa Vale se retiró del proyecto Potasio Río Colorado y lo más probable es que intente venderlo para recuperar, al menos en parte, lo que pagó por el mismo, más los costos de preparación y los de construcción, que habrían superado los 2.000 millones de dólares.
A esta altura de las circunstancias es necesario repasar algunos hechos significativos, porque podrían repetirse en otras ocasiones y sería lamentable que volvieran a tomar a las autoridades desprevenidas.
En primer lugar, hay razones externas, razones internas y razones propias de la compañía que se combinaron para llegar a esta decisión. Entre las razones externas, la más importante es la baja del precio internacional del mineral de hierro, que es la actividad principal de la compañía brasileña y una de las causas que habría desequilibrado sus finanzas.
No obstante, no sería una causa determinante, aunque podría haber sido condicionante. Es que la empresa cerró su balance del año 2012 con una utilidad de 12.000 millones de dólares y, si bien no está para perder plata, lo asume como riesgo de mercado, pero no lo quiere asumir cuando los riesgos son políticos.
Entre las causas internas, pueden citarse la pérdida de competitividad del tipo de cambio que hizo crecer los costos medidos en dólares, elevándolo en un 50%. De igual manera los impuestos locales son particularmente gravosos.
Pero hay un hecho no mensurado debidamente y fue el bloqueo al ingreso de la mina producido por un grupo de trabajadores despedidos (que ni siquiera contaban con el aval de la Uocra) que caló profundo en el ánimo de los ejecutivos de Brasil.
Durante casi 20 días un pequeño grupo se dio el lujo de mantener paralizada la obra sin que un juez o la policía ordenaran desalojar. Esto fue visto como una clara falta de defensa del derecho de propiedad y aunque pareciera un hecho menor, se vino a sumar a temores existentes después de la estatización de YPF.
Entre las razones internas, puede mencionarse el problema de los precios, pero también la aparición de otros yacimientos de potasio, incluso dentro de Brasil, donde la inversión es mucho más previsible.
Pero es indudable que el hecho de violencia generado por los activistas impactó fuerte en el ánimo de los directivos, cuyas máximas autoridades en Argentina fueron asignadas nuevamente a Brasil por razones de seguridad. Con un clima como éste, para muchas personas hay tasas de rentabilidad que no alcanzan a compensar semejante riesgo.
Claro que la situación del cepo cambiario también complicaba, aunque podían recurrir a mecanismos alternativos, como a los problemas para conseguir financiamiento para obras en Argentina.
El problema de Mendoza
Para la Provincia, la salida de Vale y la paralización del yacimiento es un golpe duro. La aparición de algunas obras públicas nacionales quizás podrían paliar en parte la caída de la inversión, aunque sus efectos se sentirían recién el año próximo.
Pero la Provincia tiene un problema más grave, que es silencioso y es producto de la pérdida de competitividad generada por los aumentos de impuestos provinciales. Una nota publicada en Los Andes el domingo pasado revela la forma en que muchas empresas medianas de ramas de la industria o la informática se están trasladando en forma silenciosa pero constante a otras provincias que les ofrecen mejores condiciones para operar.
Esto significa que Mendoza está perdiendo condiciones de competitividad frente a otras provincias, y esto es grave. Todas las provincias argentinas están afectadas por las condiciones macro de la economía argentina, todas padecen la caída de coparticipación, pero Mendoza hoy no atrae inversiones sino que facilita su salida.
Salvo el sector vitivinícola, que por razones de hábitat presenta condiciones inmejorables, muchas actividades industriales van buscando zonas más amigables. Recientemente, la inversión de una fábrica de corchos sintéticos se decidió por San Juan, simplemente porque recibió mejor atención.
La Provincia tiene un problema serio de desajuste del gasto fiscal. Este desajuste ha llevado a la Provincia a tener déficit, pese a haber aumentado los impuestos y haber eliminado exenciones. Pero parece que no alcanza. Los municipios también han contribuido, y el aumento de las tasas municipales y derechos de comercio en varios de ellos están generando fugas hacia comunas más amigables.
Un reciente proyecto del Ejecutivo plantea la posibilidad de subsidiar la tasa de interés de créditos para inversión, lo cual se presenta como una idea loable, pero parece estar faltando un plan directriz, un programa concreto que fije objetivos y metas y establezca indicadores objetivos para medir su eficacia.
Lo de Vale puede imputarse a la Nación, pero también es verdad que no hay claridad de objetivos. No se avanza con la minería por temor a las quejas de los ambientalistas, pero no se avanza en el ordenamiento territorial, que afecta más al ambiente. No se reclama a la Nación por los recursos extraídos en los últimos años o por las regalías de petróleo, pero se aumentan los impuestos locales, ayudando a que Mendoza sea una de las provincias más caras del país.
La partida silenciosa de empresas industriales no encuentra contrapartida en nuevas inversiones, por lo que cada día más gente pedirá ayuda de fondos públicos, agudizando el círculo vicioso.
Sería importante, a casi dos años de gestión, que el Gobernador clarifique hacia dónde quiere ir, cómo piensa hacerlo y con qué recursos piensa financiar su programa de gobierno. Es como para empezar.