Cuando proyectan en la pantalla de las noticias los escritos de los oyentes, solemos asombrarnos por los errores que se cometen, errores que, en más de una ocasión, nos dan risa porque el sentido de lo que se comunica resulta un disparate. Eso podemos observarlo, por ejemplo, cuando hay que diferenciar una ‘x’ de una ‘s’; leemos, por ejemplo, “Cuando Adrián pudo expirar, todos advertimos su agitación”. ¿Qué quiso decir el que escribió? ¿Que Adrián mostró su agitación después de morir? En efecto, hay dos verbos parónimos, ‘espirar’ y ‘expirar’; el primero señala la acción contraria a ‘inspirar’ puesto que significa “exhalar, echar el aire fuera de los pulmones”; ése es el verbo que correspondía al ejemplo, pues Adrián tenía una respiración agitada y dificultosa. En cambio, ‘expirar’ indica el fin de la vida o de un período de tiempo: “Expiró en brazos de su padre” y “Ya expira el plazo para la moratoria”.
Observamos también esa confusión entre ‘expiar’ y ‘espiar’: cuando lo escribimos con ‘x’, estaremos hablando de “borrar las culpas, de purificarse de ellas mediante algún sacrificio”; si lo referimos a un delincuente, se aludirá a que purga o sufre la pena impuesta por el tribunal. Entonces, podremos escribir: “Deberá expiar el crimen con una larga permanencia en prisión”. Si utilizo ‘espiar’ estaré refiriéndome a “fisgonear, observar disimuladamente algo”: “Nos gustaba espiar a nuestros hermanos mayores”. Resulta, entonces, gracioso escribir “Juan está espiando aquel crimen en la cárcel” pues significará que Juan está siendo testigo presencial de una muerte, cuando lo que se ha querido significar es que está pagando en prisión por el crimen que ha cometido. Probablemente, todos hayamos espiado algo o a alguien en el transcurso de nuestras vidas, pero es casi seguro que no hemos debido expiar algún delito o infracción grave. Tanto ‘expiar’ como ‘espiar’ se conjugan como ‘enviar’, esto es, se tildan sobre la ‘i’ en las personas del singular y en la tercera del plural, en el sistema de presente: yo espío, ellos expían, que ellas espíen, que tú no expíes.
Nuestro seseo nos lleva a pronunciar de igual manera el adjetivo ‘laso’ y el sustantivo ‘lazo’; con el primero, estaremos indicando que alguien es flojo o macilento; también, que está cansado o que no tiene fuerzas: “Se acostó, totalmente laso, y cerró los ojos”. Con el sustantivo ‘lazo’, en cambio, aludiremos a una atadura, a un trozo largo de un material flexible que sirve para atar cosas o que se utiliza como adorno: lazo para el cabello, lazos en el vestido. Figuradamente, alude a una relación interpersonal, como en lazos sociales, lazos de sangre, lazos de parentesco. También, la relación puede darse entre instituciones o partes: lazos comerciales, lazos internacionales. Esos dos vocablos tienen a un tercero que se enfrenta a ellos: ‘laxo’. Este adjetivo comparte con ‘laso’ su primer valor significativo: “Flojo, que no tiene la tensión que naturalmente debe tener”, como en “músculo laxo”. Pero, además, tiene el valor de “relajado o poco estricto moralmente”: “Las costumbres laxas han producido una decadencia social”. En ese sentido, puede aplicarse también a una persona que no es rigurosa o estricta: “Los alumnos, muchas veces, prefieren a un profesor laxo”. En el ámbito lingüístico, específicamente en la fonología y dicho de un sonido, se dice que es ‘laxo’ cuando se articula con escasa tensión muscular.
Se relacionan con ‘laso’ y ‘laxo’, respectivamente, ‘lasitud’ (“desfallecimiento, cansancio, falta de fuerzas”) y ‘laxitud’ (“flojedad, relajación”). Como puede advertirse, los dos sustantivos están muy cerca, tanto desde el punto de vista del significante como del significado.
Tampoco es igual decir y escribir ‘esclusa’ que hacerlo con ‘x’ y colocar o pronunciar ‘exclusa’. El primer término, curiosamente, tiene el mismo origen que el segundo pues proviene del latín “exclusa” y se aplicaba al agua excluida. En la actualidad, una ‘esclusa’ es un compartimento, con puertas de entrada y salida, que se construye en un canal de navegación; gracias a este mecanismo, los barcos pueden pasar de un tramo a otro de diferente nivel, según se llene o se vacíe el espacio comprendido entre aquellas puertas. En cambio, ‘exclusa’ es la forma femenina, casi en desuso, del participio irregular del verbo ‘excluir’; como tal, posee forma masculina y significa “excluido, rechazado, marginado”. Integran su familia léxica términos como ‘exclusión’, ‘exclusive’ y ‘exclusivo’, ‘exclusividad’, ‘exclusivismo’ y ‘exclusivista’.
Otros dos vocablos pueden incorporarse a esta lista de términos confundidos en la escritura: ‘faz’ y ‘fax’. El primero pertenece al ámbito formal y, en lo cotidiano, tiene poco uso; significa “rostro, cara de una persona”: “Brillaba su hermosa faz en la oscuridad”. También es la “apariencia de algo”: “Han cambiado la faz de la institución”. Otro valor es el de “superficie de una cosa”: “Se levanta a la faz de la tierra una nueva y gloriosa nación”. En relación con el papel, ‘faz’ es el lado de una superficie plana: “Haga las copias en doble faz”. Por último, ‘faz’ es también el aspecto o parte que compone algo, como en “Con esa reacción, puso en evidencia su faz autoritaria”. Se vincula ‘faz’ al adjetivo ‘facial’, que se define como “propio de la cara o relativo a ella” y que muestra claramente el origen latino “facies”, traducido como “cara”. Vinculado a estos valores de ‘faz’, se da la expresión latina “prima facie”, equivalente de “a primera vista”, “en primera apariencia”.
En cambio, ‘fax’ es un término mucho más moderno: proviene del acortamiento de “fac” y “simile”; si bien nos llega desde el inglés, los términos son latinos, ya que ‘fac’ (“haz tú”) era el imperativo del verbo “facere” (hacer) y ‘simile’ (“igualmente”) era un adverbio de modo. La pronunciación de la ‘c’ y de la ‘s’ originó el sonido de la ‘x’, de allí, entonces, ‘fax’. En la definición, corroboramos ese valor etimológico pues un ‘fax’ es el sistema que permite transmitir a distancia, por la línea telefónica, escritos o gráficos. La inclusión de “a distancia” se debe a que, originalmente, el término era ‘telefax’; el elemento griego ‘tele-‘ significaba “a lo lejos”.