31 de octubre de 2012 - 23:49

La encerrona energéti-K

Tras nueve años y medio de negación, el gobierno quiere recuperar el autoabastecimiento energético y parar la sangría de dólares. Apuesta a una vaca muerta. Pero las grandes petroleras quieren garantías.

Las exigencias son durísimas. Para invertir en serio en la exploración y explotación de hidrocarburos "no convencionales", las empresas norteamericanas y chinas con espalda para esas apuestas le plantearon al gobierno una serie de condiciones sin las cuales -dicen- no arriesgarían los miles y miles de millones de dólares que exige el desarrollo de estos yacimientos, ubicados en las entrañas de la tierra, en las profundidades de la "roca madre".

Esas condiciones, hicieron saber en sintonía empresas como las norteamericanas Chevron y Exxon Mobil y la china Sinopec, incluyen:

- La sanción de una nueva ley, que ampare la operatoria, brinde cobertura a los contratos y disipe dudas; por ejemplo, acerca del dominio -nacional o provincial- de los recursos.

- La firma de contratos de exploración y explotación (en forma de concesiones o, en las asociaciones con YPF, acuerdos de producción compartida) de entre 40 y 50 años.

- Libre importación de equipos e insumos, sin restricciones cuantitativas ni trabas administrativas.

- Libre disponibilidad de hidrocarburos (esto es, del petróleo y gas "shale" y "tight") y de las divisas que consigan por exportarlos.

- Precio internacional para la parte que vendan en el mercado interno.

- Nuevo régimen laboral, que les permita trabajar de noche, en regímenes continuos de 24 horas, posibilidad que está vedada por las actuales leyes laborales del sector.

- Apoyo y resguardo ante los reclamos ambientales y territoriales que inevitablemente surgirán -ya están surgiendo- en respuesta a técnicas de explotación que implican uso masivo de agua y químicos, riesgo de contaminación de acuíferos y napas, acumulación de desechos, uso intensivo y probable rotura de caminos e infraestructura local, contaminación paisajística y sonora, desplazamiento de comunidades locales y hasta posibles sismos de baja intensidad.

El gobierno no parece tener demasiadas opciones. Tras nueve años y medio de gestión, las reservas de gas natural (fuente primaria de más del 50% de la energía que consume el país) han caído a la mitad, las de petróleo (fuente de otro 35% de la torta energética nacional) entre 15 y 18% y la balanza comercial del sector, que llegó a aportar un superávit de 6.000 millones de dólares, registró en 2011 un déficit de más de 3.000 millones, con importaciones por 9.363 millones (cifra que, escandalizada, citó la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, CFK).

Hace tres semanas, desde China, donde buscó interesados en construir las represas hidroeléctricas Néstor Kirchner y Jorge Cepernic -que está licitando por tercera vez-, Julio De Vido aseguró que, a partir de la estatización del 51% de YPF, la Argentina reducirá a un ritmo del 10% anual -y por ahí hasta al 20%, si YPF realiza buenos hallazgos- las importaciones de gas, combustibles líquidos y electricidad, y recuperará "en seis o siete años" la autosuficiencia energética. "La idea es autoabastecernos, llevar la importación a cero", afirmó el ministro de Planificación. Y anteayer, Carlos Alfonsi, director ejecutivo de downstream de YPF, adelantó la fecha: bajo la batuta de Miguel Galuccio, dijo que YPF recuperará el autoabastecimiento local "entre 2014 y 2015" y además construirá una nueva refinería, que estaría lista hacia el año 2017.

Son proyecciones audaces. En los primeros siete meses de este año, la compra de gas a Bolivia insumió 2.669 millones de dólares, 89% más que en igual período de 2011. Y es sólo parte de la cuenta. Jorge Lapeña, uno de los miembros del grupo de 8 ex secretarios de Energía que vienen alertando sobre esta situación, estima que este año las importaciones energéticas rondarán los 12.000 millones de dólares.

La gran apuesta oficial es pegar un bingo energético con los recursos "no convencionales", tema que ganó impulso desde que, en abril de 2011, la Energy Information Administration (EIA) de Estados Unidos difundió un estudio que ubicaba a la Argentina como el tercer país del mundo, detrás de China y Estados Unidos, en ese tipo de recursos.

Repsol-YPF ya había hecho algunos anuncios al respecto, que suscribió la propia presidenta, desde la Casa Rosada. Pero a fines de 2011, cuando vio la factura energética, CFK decidió cargarle toda la culpa a Repsol y apostar a que una "nueva YPF" capitalizara los promisorios yacimientos. Un documento de Repsol afirma expresamente que los hallazgos en el yacimiento de "Vaca Muerta" fueron la "causa del pillaje", como llama a la estatización del 51% de la compañía mediante la expropiación de sus acciones.

Aquel estudio de la EIA estima que la Argentina tiene reservas "no convencionales" por 774 billones de pies cúbicos y atribuye buena parte de ellos a la cuenca Chaco-Paranaense, que el país comparte con Uruguay, Brasil, Paraguay y Bolivia, un área en la que históricamente no se han confirmado hallazgos importantes.

Recientemente, Gualter Chebli, uno de los geólogos más prestigiosos de la Argentina y durante 25 años miembro del área de Exploración de YPF, que llegó a dirigir, fue escéptico sobre esas proyecciones. En los últimos dos años, agregó, se han perforado unos 85 pozos en busca de hidrocarburos "no convencionales", y los resultados han sido más bien pobres. Para peor, dijo, de las 193 concesiones dadas en los últimos años, 81 fueron a empresas sin antecedentes en la materia. El amigopolio K, más inmobiliario que petrolero.

Mientras, en Estados Unidos, el país más avanzado en el tema, suenan alertas sobre la rápida declinación de los yacimientos "no convencionales". Además, las empresas que más apostaron están sufriendo las consecuencias de su éxito, pues el precio del gas natural bajó allí a menos de la mitad del nivel que había alcanzado en 2008, pico de la "fiebre del shale".

En 2009, Exxon Mobil, la mayor petrolera del mundo (el año pasado facturó 486.000 millones de dólares), adquirió XTO, una especialista en "shale", por 41.000 millones de dólares. Semanas atrás, Rex Tillerson, el CEO de Exxon (a quien CFK recibió en Nueva York, antes de partir hacia su fatídica conferencia en Harvard) reconoció que las técnicas de explotación no convencional no le están dando resultado en China y que en EEUU su empresa está "perdiendo hasta la camisa" en esa área de negocios.

Es cierto, son lágrimas de cocodrilo. Al 30 de junio de 2012, Exxon Mobil lleva registradas ganancias anuales por 25.410 millones de dólares y desde que en 2006 Tillerson asumió como CEO, la firma (surgida de la fusión de Exxon, descendiente de la Standard Oil de New Jersey, y Mobil, de la Standard Oil de Nueva York) acumula ganancias por 242.000 millones. Chevron, la otra petrolera de EEUU a la que apuesta el gobierno, es hija de la Standard Oil de California, Socal, con la que Perón firmó en 1955 acuerdos que significaban renunciar a la "soberanía petrolera" que predicaba la Constitución peronista de 1949. Chevron ya firmó con YPF un "memorándum de entendimiento" sobre exploraciones en Neuquén.

Hasta ahora, no son más que papeles. Las decisiones de peso vendrán cuando el gobierno responda al listado de condiciones que las grandes petroleras plantearon para invertir en serio. Tras nueve años y medio, el kirchnerismo no parece tener demasiadas opciones para recuperar a corto o mediano plazo el autoabastecimiento. Al punto que su gran esperanza es una vaca muerta.

Las opiniones vertidas en este espacio no necesariamente coinciden con la línea editorial de diario Los Andes.

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