El nuevo presidente apenas había prestado juramento como líder de España y su frágil gobierno ya debía enfrentar uno de los problemas más críticos del país: poner fin a la crisis de secesión catalana.
Ni siquiera habían pasado dos horas después de que Sánchez jurara defender la Constitución española, cuando el jefe de gobierno catalán, Quim Torra, exigió reunirse con Sánchez y hablar “de gobierno a gobierno” sobre el futuro de la agitada región del noreste de España.
"Presidente Pedro Sánchez, hablemos, razonemos, tomemos riesgos usted y nosotros. Sentémonos en la misma mesa y negociemos de gobierno a gobierno", dijo Torra tras tomarle juramento a su gabinete en Barcelona.
Torra, quien el mes pasado fue elegido por los legisladores separatistas para liderar la región, dijo que el objetivo de su gobierno será cumplir “el mandato del 1 de octubre”, o sea, avanzar hacia un Estado independiente.
Sánchez, líder del Partido Socialista español, llegó al poder después de haber derrocado con éxito a su predecesor Mariano Rajoy, quien perdió una moción de censura en el Parlamento el viernes.
Con el fin de reunir el apoyo para expulsar a Rajoy, Sánchez prometió iniciar conversaciones con Torra para obtener los votos que necesitaba de los legisladores prosecesionistas catalanes en el Parlamento nacional.
Sánchez dijo que iniciará un diálogo con el líder separatista de Cataluña. La formación de un gobierno catalán puso fin automáticamente a la toma extraordinaria de poder de la región del gobierno central español, como parte de su represión luego de una fallida declaración de independencia por parte de Cataluña en octubre.
Sánchez, sin embargo, insiste en que cualquier solución para Cataluña debe encajar en el marco constitucional. La Constitución española dice que la nación es indivisible y que la soberanía nacional reside en el Parlamento nacional con sede en Madrid.
Sánchez, de 46 años, es el séptimo presidente de gobierno en España desde el regreso de la democracia tras la muerte del dictador Francisco Franco en 1975.
Sánchez prestó juramento en una ceremonia encabezada por el rey Felipe VI en el Palacio de la Zarzuela. Rajoy estuvo presente en el acto y estrechó la mano de Sánchez tras la jura. Luego posaron juntos para una foto con el monarca y los presidentes de ambas cámaras del Parlamento.
Jura sin Biblia ni crucifijo
Sánchez prestó juramento de lealtad al rey y a la Constitución de España. Lo hizo sin jurar sobre una Biblia o un crucifijo, la primera vez para un presidente del gobierno español desde la restauración de la democracia.
El viernes, el Parlamento votó 180-169 para remplazar el gobierno de Rajoy por uno encabezado por Sánchez. Un legislador se abstuvo.
España es la cuarta mayor economía de la Zona Euro y un miembro influyente de la Unión Europea. Sánchez y su partido son fuertes partidarios de la UE y la moneda común.
Sánchez prometió combatir la corrupción y ayudar a los españoles afectados por años de recortes de gastos públicos con Rajoy. Ha prometido también realizar elecciones pronto, aunque sin precisar fechas.
Fin a la intervención: en Barcelona juró Torra
El nuevo gobierno catalán dirigido por el independentista Quim Torra tomó posesión también ayer, en un acto que pone fin a la intervención de la autonomía decretada por Madrid, e invitó al recién investido presidente del gobierno español Pedro Sánchez a dialogar.
Cataluña es una región de 7,5 millones de habitantes y con un 20% del PBI español.
El llamado al diálogo de Torra tuvo lugar después de que sus 13 consejeros -ministros regionales-, 7 hombres y 6 mujeres, prestaran juramento en el Palacio de la Generalitat de Barcelona, sede del gobierno catalán.
Algunos de ellos lucían ropa amarilla, color que se ha vinculado a la causa independentista.
Junto a ellos se podía ver una silla vacía con un lazo amarillo, en alusión a los políticos encarcelados por su papel en la fallida declaración de independencia de octubre pasado, o los que se marcharon al extranjero, como Carles Puigdemont.
La toma de posesión del nuevo ejecutivo catalán pone fin a casi siete meses sin gobierno, a raíz de la intervención de Madrid sobre la autonomía regional decretada el 27 de octubre, cuando el Parlamento catalán proclamó sin éxito la independencia.
Según la legislación derivada de esta imposición de control regional, Madrid tenía que levantar esta tutela tras la formación de un nuevo gobierno catalán.
Si bien Quim Torra había asumido el cargo el 17 de mayo, todavía no contaba con un ejecutivo por su intención de nombrar a ex ministros de su predecesor, Puigdemont, cesado por Madrid y a quien sigue considerando como el “presidente legítimo”.