Mendoza ha ingresado hace algunos años en una pendiente peligrosa, que está lejos de su final, por más que algunos crean que no puede haber nada peor que el presente.
Mendoza ha ingresado hace algunos años en una pendiente peligrosa, que está lejos de su final, por más que algunos crean que no puede haber nada peor que el presente.
Antes ya se pensó lo mismo y está visto que era posible caer aún más. Pero lo que más atemoriza, alerta, ya no es la caída en sí, sino la incapacidad que demuestra por estos días la dirigencia política para salir de esta situación.
Todos, oficialistas y opositores, parecen más ocupados en tramar alguna treta, una picardía, que les permita ganar una batalla mínima, que en encontrar soluciones perdurables a problemas de fondo. El pragmatismo todo lo puede y lo que se opina hoy puede variar 180° mañana.
Así como lo que se pensaba ayer es distinto a lo que se dice hoy. Todo depende de las necesidades y el lado del mostrador en que se encuentre.
Un informe de la Universidad Tecnológica Nacional regional Buenos Aires, sobre el crecimiento sanjuanino, aborda lateral e inevitablemente la situación mendocina y lo que concluye avala lo que a priori parece sólo una sensación: en la larga década kirchnerista, la participación de nuestra provincia en el Producto Bruto Interno del país cayó del 3,88% en 2004 al 3,54% en 2013.
La diferencia parece ínfima, pero llevado a dinero contante y sonante se trata de casi 15 mil millones de pesos menos que produjo la economía mendocina el año pasado. No es poco para una provincia que se pasó ocho meses discutiendo si el Gobierno podía o no endeudarse por 1.000 millones de pesos.
Las presidencias de Néstor y Cristina Kirchner atravesaron cuatro gestiones provinciales: los últimos seis meses de Roberto Iglesias, los mandatos completos de Julio Cobos y Celso Jaque, y lo que va de Francisco Pérez. Ninguno de ellos pareció encontrarle la vuelta, ni aun en los años de mayor crecimiento del país.
Este tiempo ha pasado con debates espasmódicos sobre los mismos temas que van y vuelven, así como las posturas de quienes han conducido la Provincia. Entonces, todo se hace a medias, sin convicción, a los manotazos y por oportunismo.
La semana que pasó nos dejó dos de esos debates siempre presentes: aquel intento de reforma política light que fue la aprobación de las primarias abiertas y el desarrollo de la minería. En las dos, el gobernador Pérez pareció borrar con el codo lo que había escrito con la mano.
La reforma política es un latiguillo que se viene escuchando desde hace un par de décadas. Y nunca los dos partidos mayoritarios que se han turnado en la conducción de la Provincia quisieron abordarlo con seriedad.
Las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias locales parecían destinadas a ser una de las pocas marcas que iba a dejar Pérez tras su paso por la Casa de Gobierno.
Pero aquella ley festejada y mostrada como un logro, a raíz del adelantamiento electoral en Capital, fue modificada por el propio mandatario con un decreto que anuló el financiamiento estatal de las campañas electorales, algo que sí ocurre a nivel nacional.
La decisión de Pérez beneficia a los dos grandes partidos en la general, porque siempre hay aportantes más que interesados en apoyarlos con fondos nunca del todo declarados. Y en las PASO, los beneficiados son aquellos que a priori aparecen con más posibilidades de ganar y más vínculos con el establishment tienen.
Tal como quedaron, las PASO pierden su espíritu igualador y vuelven a potenciar el peso de las estructuras partidarias. Aquel que las maneje tendrá seguramente más dinero para gastar en publicidad. Y los que quieran hacer frente al dedo decisor que ha imperado en los últimos años tanto en el PJ como en la UCR, no tendrán otra que competir en desventaja, también monetaria.
¿Por qué Pérez va contra una ley aprobada con su aval? Más allá de las razones ligadas al ahogo financiero del Estado, la verdad es que nunca estuvo convencido del todo y en realidad fue una respuesta a una avanzada radical para imponer la boleta única y el voto electrónico, otras dos innovaciones ineludibles para transparentar el sistema electoral, sobre todo porque implican el fin de la lista sábana.
Con la aprobación de las PASO, el Gobernador había dado un doble golpe político: al “aparato” peronista, que él ahora conduce formalmente, con la amenaza de impulsar un candidato propio en 2015 y a su mayor enemigo político, el intendente de Godoy Cruz Alfredo Cornejo, quien rechazaba ese sistema justamente porque atenta contra el peso de las estructuras partidarias, que él maneja a su antojo en la UCR.
Así, la ley no fue más que una herramienta para atemorizar o castigar y no la consecuencia de una verdadera y profunda vocación de cambio, que dejara de lado los intereses personales y partidarios.
Por eso, su vigencia duró sólo un año. Ahora, antes de aplicarse, queda en pie sólo parte de ella.
Pero todo se hace así acá. Depende de las necesidades en un determinado momento del que tiene la birome que decide. Esto ocurre en el oficialismo y también en la oposición radical, la única con reales posibilidades de sacar al PJ de la gobernación en 2015. No es que la ley electoral vaya a cambiar la realidad provincial, pero puede ayudar a darle más transparencia y opciones.
Los Salieri de Gioja
La semana que terminó, Pérez sumó otra derrota legislativa a su historial gubernamental. La oposición, encabezada por el radicalismo cornejista, mandó al archivo un proyecto que el oficialismo estaba usando como prueba piloto para "resucitar" la minería en Mendoza.
Cobos, Jaque y Pérez consideraron a la minería como la gran posibilidad de cambiar la “matriz productiva” de Mendoza. Pero ninguno pudo contra la oposición social.
Lo cierto es que esa salida no es más que una copia del “modelo” sanjuanino, que se quiere adaptar a Mendoza para ver si atrae inversiones y genera empleo.
Pero luego de casi una década de discusiones repetidas, y pese a que su instauración siempre choca con el mismo escollo, a nadie se le ha ocurrido otra idea para hacer crecer la alicaída economía mendocina, golpeada por la baja del valor de nuestra producción agrícola y el retroceso petrolero.
La salida es minería o minería, parece ser el eslogan de las dirigencias política y económica mendocina. Habrá que esperar a que a alguna de las provincias vecinas se le ocurra algo nuevo para cambiar de metejón.
Acá entran de nuevo las contradicciones de Pérez. En la campaña de 2011, necesitado de protagonismo y votos cuando corría de atrás al radical Roberto Iglesias, fue a la Legislatura a “ordenarles” a los legisladores peronistas que archivaran el proyecto San Jorge.
Y en ese mismo instante, hasta hace unas semanas, pareció él también archivar su idea, reconocida en su época de ministro, de potenciar la minería. Sólo quedó lugar para Vale, aquel proyecto para extraer sales de potasio en Malargüe que hace un año y medio levantó campamento por razones propias y también por los obstáculos que le ponía la economía argentina.
A punto de cumplir tres años en el Gobierno, sin grandes logros que mostrar, una ambigüedad política por la que todos le desconfían y un gabinete que piensa más en su futuro político que en su trabajo actual, Pérez ha entrado en la recta final de su mandato acorralado por un radicalismo al que acusa hasta de sus propios errores.
Del otro lado, prometen a partir de ahora decirle que no a todo, con la ambición de remplazarlo en 2015. Aunque el camino al poder no se construye sólo con rechazos y golpes de efecto.
Tal vez, si quiere gobernar, la UCR debería empezar a pensar qué va a proponer como salida para la economía mendocina, y así no caer en otro debate estéril por la minería.
Marcelo Zentil - [email protected]