Siempre tuve dudas sobre la capacidad de Mauricio Macri para ser un buen presidente porque no demostró una postura clara de líder: comunicador y con la suficiente fortaleza, perspicacia estratégica y conocimiento para actuar sobre nuestra realidad, y la que nos envuelve en este mundo tan cambiante e inestable. Él no es del todo responsable, porque un presidente no es una sola persona: es la suma de las inteligencias que lo rodean en su círculo íntimo.
La mayoría de los encuestadores miden solo en Buenos Aires. Otros incluyen algunas localidades del interior. Y, en general, usan el teléfono, o un sistema mixto, para entrevistar con preguntas muy simples, especialmente para medir la imagen.
De la cantidad de encuestadores que hay en Argentina, hay una que me gusta, Synopsis, que no es mediática y es confiable porque sus resultados fueron acertados en las últimas elecciones.
Analicé la última medición y la opinión de la gente indicaba la decadencia del gobierno en los temas económico, con expectativas negativas frente al futuro: un 52,5% rechaza el endeudamiento con el FMI y un 48,3% buscaría otra fuerza política para las elecciones de 2019.
En las encuestas publicadas, observo que existe un sesgo importante de la muestra estadística de los principales encuestadores, por una baja participación de los sectores sociales más bajos y pobres, especialmente cuando la entrevista es telefónica.
Esto no permite reflejar resultados representativos de la opinión de todas las personas. Si esos ciudadanos estuvieran bien representados, los indicadores de imagen, intención de voto, economía, seguridad, mostrarían una caída más pronunciada de la imagen (léase credibilidad) de Macri, y, por supuesto, de su gobierno. O sea, la tendencia negativa de Macri estaría más caída de lo que se piensa.
Vinculemos ahora, a esa imagen en descenso, la certeza de que la crisis se profundizará y que podría extenderse durante 2019, no solo por los factores internos, que los economistas pueden explicar, sino porque la situación internacional empeorará en un proceso de acomodo del capitalismo y la puja entre bloques de poder, especialmente China y EEUU, además de las crisis en otras economías, formando fuerzas negativas para los países emergentes, entre ellos la Argentina.
En otras palabras: la economía, los conflictos y la postura impredecible del gobierno, son hechos muy probables en una línea de tiempo hasta las elecciones que afectarían la elección de Macri.
Hay una ley en marketing: recobrar imagen positiva es muy difícil, más cuando hay frustración y opciones mejores. O enemigos mejores, tomando la teoría de crear un enemigo para que un oponente se fortalezca.
Pero el problemón que se nos viene, además del empobrecimiento del país, con el sufrimiento de mucha gente, es a quién se votará en las próximas elecciones presidenciales.
En el espacio político hay un vacío extenso, por la disconformidad con la política, para ser ocupado y se esperan muchos cambios importantes.
Si la crisis no se revierte, imaginemos el desmembramiento de Cambiemos y el surgimiento de fuerzas políticas nuevas; y la independencia de Vidal, que reúne cualidades y capacidades fuertes y persuasivas, y es la más clara competencia de Macri.
Por otro lado, el PJ –salvo que Cristina se presente y aglutine– no tiene, por ahora, candidatos con posibilidades de competir con ventajas.
¿Quién le pondrá el cascabel al gato?
En mi nota "La Encuesta Profunda", del 24-7-17, publicada por este diario, comentaba las debilidades de Macri y adelantaba, de alguna manera, que llegaríamos a esta crisis por los errores del gobierno:
"Antes de formarse Cambiemos, Elisa Carrió reiteraba en ocasiones que había que leer a Churchill. Quería significar que había que crear un gran frente, a pesar de las divergencias, para vencer al FPV, como lo hizo Churchill para derrotar a los alemanes. Entonces nació Cambiemos, no como un partido sino como una estrategia. Pero a los estrategas de Cambiemos les faltó la inteligencia y el liderazgo de Churchill que, cuando la guerra era inminente, emitió directivas precisas y preparó al pueblo inglés para lo peor. Unió a los británicos con sus discursos envolventes, con la verdad sobre lo que se aproximaba, afirmando que el Reino Unido saldría victorioso enfrentando al enemigo con ‘sangre, sudor y lágrimas’. Pero lo más sobresaliente fue su previsión".
Este gobierno no entendió, ni siquiera intentó aprenderlo, que lo más importante es la comunicación. La creación de un relato creíble. El relato, o la historia alrededor de un personaje, es la base sobre la que se construyen los hechos y los logros. No se puede negar, aunque alguien haga mal uso de él.
Es una técnica donde el discurso, las palabras claras y los gestos de un presidente, o de sus ministros, demuestran el estado de ánimo, la emocionalidad, credibilidad y honestidad para que la política se amalgame en un rayo que penetre las mentes de los ciudadanos para impulsar a la acción.
Lo del discurso épico, con contenido, significado y sentido, lo aprendieron muy bien el rey Jorge VI (película “El discurso del rey”), Obama, Castro, Perón, Balbín y Alfonsín, para nombrar unos pocos ejemplos de los muchos que hay en la historia.
Nuevamente quedaremos al costado del camino del desarrollo y de una calidad de vida mejor, en un país que tiene todo pero con un atraso tremendo en educación.
Me invade la tristeza por nuestros hijos, nietos; por mí y por todos; otra vez, el tiempo perdido. Encima endeudados –por razones improvisadas– con el FMI, que viene por más, para que vivamos penurias como Grecia.