El furor de los fármacos para bajar de peso: qué son, cómo actúan y en qué casos están indicados

En los últimos meses, medicamentos como “Ozempic” ganaron una fuerte presencia en la conversación pública y mediática, muchas veces utilizados como sinónimo de una solución rápida para bajar de peso. Sin embargo, detrás de ese nombre comercial existe un conjunto de terapias más amplio y complejo que merece ser abordado con información precisa y respaldo científico.

La Dra. Magalí Sánchez, médica clínica, especialista en Obesidad, docente de la Facultad de Ciencias de la Nutrición de la Universidad Juan Agustín Maza y presidenta del Capítulo Cuyo de la Sociedad Argentina de Nutrición, explica de qué se trata este nuevo escenario terapéutico, cuáles son sus verdaderas indicaciones y por qué no deben banalizarse.

Una nueva clase de tratamientos

Hoy, cuando se habla de Ozempic, en realidad se está haciendo referencia a una familia de medicamentos que actúan sobre hormonas intestinales, señala la especialista. Se trata de los agonistas del receptor GLP-1 y, más recientemente, de las terapias duales GLP-1/GIP, desarrolladas a partir del conocimiento de los mecanismos biológicos que regulan el apetito, la saciedad y el metabolismo.

Luego de ingerir alimentos, el intestino libera hormonas como GLP-1 y GIP, que envían señales al cerebro indicando saciedad, disminuyen el hambre y colaboran en la regulación de la glucosa en sangre. A partir de estos procesos fisiológicos, la industria farmacéutica desarrolló moléculas sintéticas que reproducen estos efectos, pero con una acción mucho más prolongada en el tiempo.

“Estos fármacos permiten reducir el apetito, aumentar la sensación de saciedad, enlentecer el vaciamiento gástrico y mejorar el control metabólico, lo que se traduce en descensos de peso clínicamente significativos y beneficios cardiometabólicos, siempre que se utilicen con indicación médica adecuada”, explica Sánchez.

Semaglutida y tirzepatida: similitudes y diferencias

Dentro de este grupo, la semaglutida actúa como agonista del receptor GLP-1, mientras que la tirzepatida es un agonista dual, ya que actúa tanto sobre el receptor GLP-1 como sobre el receptor GIP. Esta doble activación potencia las señales de saciedad y el control metabólico, lo que en algunos pacientes se asocia a una mayor pérdida de peso y mejoría clínica.

“Pertenecen a la misma familia terapéutica, pero no son fármacos equivalentes. La indicación debe ser individualizada y evaluada caso por caso”, aclara la especialista.

Opciones disponibles en Argentina

En el país existen distintas presentaciones según la indicación clínica:

Para diabetes tipo 2:

  • Ozempic® (semaglutida – Novo Nordisk)

  • Dutide® (semaglutida – Elea)

  • Mounjaro® (tirzepatida – Adium)

Para obesidad:

  • Wegovy® (semaglutida – Novo Nordisk)

  • Obetide® (semaglutida – Elea)

  • Mounjaro® (tirzepatida – Adium)

“La diferencia no está solo en el nombre comercial, sino en la dosis, la indicación y el objetivo terapéutico, que deben definirse en una evaluación médica”, remarca Sánchez.

¿En quiénes están indicados?

Estos tratamientos están indicados en personas con obesidad y también en personas con sobrepeso cuando existen enfermedades asociadas, como diabetes tipo 2, hipertensión arterial, dislipidemias o apnea obstructiva del sueño. Asimismo, pueden indicarse en pacientes con diabetes tipo 2 y alto riesgo cardiometabólico.

No se trata de medicación de uso estético ni de indicación automática. La prescripción debe realizarse siempre por un profesional de la salud, considerando el índice de masa corporal, las enfermedades asociadas, los tratamientos previos y el contexto clínico individual.

Forma de uso, duración y efectos adversos

Son medicamentos inyectables de administración semanal por vía subcutánea y, dado que la obesidad es una enfermedad crónica, su uso suele plantearse a largo plazo, siempre dentro de un abordaje integral.

“La suspensión sin planificación suele asociarse a la recuperación del peso perdido”, advierte Sánchez.

Entre los efectos adversos más frecuentes se encuentran las náuseas, vómitos o diarrea, especialmente al inicio del tratamiento o durante los ajustes de dosis. En la mayoría de los casos, estos síntomas son transitorios y manejables con seguimiento adecuado, lo que refuerza la importancia de evitar la automedicación.

Expectativas y mitos

Una de las expectativas erróneas más comunes es pensar que estos fármacos son una solución rápida o que reemplazan los cambios en el estilo de vida. “No actúan sobre la fuerza de voluntad, sino sobre los mecanismos biológicos que regulan el apetito. Son una herramienta muy eficaz, pero deben integrarse a un plan médico personalizado y sostenido en el tiempo”, explica la especialista.

Respuesta de las obras sociales

En la práctica, el acceso por obras sociales y prepagas es variable: no hay una cobertura homogénea y suele depender de la indicación, los criterios médicos y las auditorías, lo que en algunos casos genera dificultades o demoras, sobre todo cuando la indicación es obesidad.

Un enfoque integral y basado en evidencia

“La obesidad no es una falta de voluntad, sino una enfermedad crónica, compleja y tratable”, concluye la Dra. Sánchez. Si bien los avances farmacológicos representan un cambio de paradigma, su verdadero impacto se logra cuando se integran a un enfoque integral, centrado en la persona y basado en evidencia científica, tal como recomiendan las principales organizaciones científicas y la Organización Mundial de la Salud.

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