Sir Roger Scruton (foto), que acaba de morir liquidado por un cáncer sobrellevado con entereza, había nacido en 1944, y se convirtió en un conservador, según confesión propia, durante los disturbios callejeros de mayo de 1968, en París, cuando vio a los niñitos bien -grandes protagonistas de aquella caricatura de revolución- apedreando a los policías, abriendo barricadas en el barrio latino y proclamando a los cuatro vientos: “¡Queremos lo imposible!”.
Fue una de las personas más cultas que he conocido. Podía hablar de música, literatura, arqueología, vino, filosofía, Grecia, Roma o la Biblia y mil temas más, como un especialista, sin serlo en nada, pues, en verdad, era un humanista al estilo de los clásicos, y defendía en panfletos, artículos y libros -era una delicia leerlos-, un mundo absolutamente irreal que probablemente nunca existió, salvo en su imaginación y en los ensayos de algunos pocos soñadores como él.