Venezuela es un espejo que anticipa la Argentina del futuro. La frase se ha convertido en el axioma preferido de los aterrados por el chavismo y los atemorizados por la eternización del cristinismo. Como toda sentencia, es un reduccionismo y como todo reduccionismo, contiene una dosis de verdad o de verosimilitud que lo hace creíble.
Por eso, en Buenos Aires cobra relevancia una vez más lo que en estos días ocurre en Caracas, donde el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) interpretó la Constitución a la medida de Hugo Chávez para que, al margen de plazos constitucionales de finalización del período presidencial y de fechas establecidas de jura de nuevo mandato, continúe al frente del Gobierno desde Cuba. Agregó, para no dejar de hacer su aporte al realismo mágico jurídico, que Chávez no está ausente ni incapacitado.
Interpretar la Constitución
Acá, mientras tanto, la Corte Suprema de Justicia (par del TSJ) sufre un inédito plan de acoso liderado por la Presidenta, por no responder a todo lo que el Gobierno espera y necesita. El motivo, hoy, es la Ley de Medios, pero muchos se preguntan si mañana no será la interpretación de la Constitución si llega la hora de tener que abordar jurídicamente el futuro político de Cristina Kirchner.
Cerrada ya, según todos los pronósticos (aún los más optimistas para el Gobierno), toda chance de obtener por las vías constitucionales una reforma de la Carta Magna para permitir la re-reelección, son pocos, sin embargo, los cristinistas que asumen que deberán traspasar el mando, y menos los opositores que se imaginan a Cristina haciéndolo sin antes tratar de evitarlo.
El escenario de salida resulta más inverosímil si en las elecciones legislativas el kirchnerismo se impusiera con tal holgura en la provincia de Buenos Aires que le permitiera mostrar un virtual triunfo nacional con la suma total de votos del país.
Por eso, no pocos observadores creen ver que en lo que hagan Daniel Scioli y Sergio Massa (los dos políticos de la provincia de Buenos Aires con mejor imagen) estará la clave para presagiar el futuro.
Proyectando los datos actuales, si ninguno de los dos se animara a enfrentar a los candidatos del oficialismo y si, además, la oposición siguiera sin poder armar una lista capaz de concentrar algo más del 25% de los votos bonaerenses y no se produjeran hasta octubre cambios sustanciales en el escenario económico social, nadie descarta hoy que el cristinismo podría concretar ese sueño.
El espejo venezolano
¿Alguien se animará, entonces, a afirmar que con una victoria de esa naturaleza, capaz de generar un rebote de popularidad que eleve la aceptación 10 o 15 puntos por sobre lo obtenido en los comicios, el kirchnerismo no intentará el llamado a una consulta popular sobre la re-reelección? La Constitución no lo prevé ni lo permite, pero quién se imagina al cristinismo resignándose a aceptar mansamente la letra escrita durante el neoliberalismo noventista que les pone fecha de vencimiento a sus sueños.
¿Scioli, Massa y el resto de los opositores decidirán a poner a prueba las cualidades predictivas del espejo venezolano? ¿Cómo será la Corte con que nos encontraremos si llega ese día? ¿Demasiadas hipótesis? El año electoral acaba de comenzar y el futuro ya empezó a escribirse.