El último convencional de 1853 - Por Luciana Sabina

Lamentablemente el recuerdo de los hombres que redactaron nuestra constitución carece de popularidad.

El 1 de mayo de 1851 Urquiza lanzó su famoso Pronunciamiento. A través de éste Entre Ríos quitó poder a Juan Manuel de Rosas sobre la provincia, condenó las luchas internas y expresó la urgencia de organizar al país bajo una Constitución.

El popular “¡Mueran los salvajes unitarios!” se reemplazó por “¡Mueran los enemigos de la organización nacional!” y en busca de ellos decidió marchar rumbo a Buenos Aires.

Solo Corrientes lo acompañó, las demás provincias condenaron su actitud llamándolo loco, traidor y salvaje. Nadie dio mucho crédito a Urquiza, ni siquiera el mismo Rosas. Pero a medida que el Ejército Grande avanzaba, sumaba voluntades.

Finalmente el 3 de febrero de 1852 los 24.000 hombres del caudillo entrerriano se enfrentaron a los 23.000 del Restaurador. La Batalla de Caseros fue la más grande que se produjo en América del Sur. Vencieron a Rosas en horas. Poco después escribió su renuncia y se exilió para siempre en Inglaterra.

Lamentablemente la unión entre los argentinos no fue posible. Buenos Aires -gobernado ahora por los unitarios- expulsó a Urquiza formando un Estado independiente. El resto del país conformó la Confederación Argentina, situación que se mantuvo durante diez años. En este marco se reunió un Congreso Constituyente en Santa Fe, para volver una realidad nuestra Carta Magna.

Se siguió todo el tiempo a Juan Bautista Alberdi quien señaló tiempo antes:  “Toda postergación de la Constitución es un crimen de lesa patria; una traición a la República”. Martín Zapata -representante de Mendoza en el Congreso, junto a Agustín Delgado- escribió a Alberdi: “Dentro de pocos días la comisión de Negocios Constitucionales acabará y presentará a la discusión del Congreso su proyecto de Constitución cuyo fondo será el de usted”. El tucumano no concurrió, pero se mantuvo a la expectativa desde Chile.

Los gritos de la recién nacida Dolores Urquiza, hija del caudillo, anunciaron la llegada de una nueva etapa. Veinticuatro horas más tarde fue aprobada nuestra Constitución, el 1 de mayo de 1853. Exactamente habían pasado dos años desde el Pronunciamiento.

Lamentablemente el recuerdo de aquellos hombres carece de popularidad, al extremo de que cada año -al coincidir con el día del trabajador- aquella hazaña patria casi no es mencionada. Entre estos diputados se encontraban entre otros Santiago Derqui, José Gorostiaga y Salvador María del Carril.

En marzo del año 1900 la prensa comunicó la muerte del puntano Juan Llerena, último sobreviviente de aquellos convencionales. A sus ochenta años residía en el litoral desde hacía muchos tiempo. Desde 1853, ocupó diversos cargos legislativos y judiciales. Al sepultar sus restos, pronunciaron sentidas palabras un senador y el historiador Adolfo P. Carranza. Ambos dieron relieve a los buenos servicios que Llerena prestó al país, como un verdadero obrero de su progreso.

Lamenta la prensa de entonces que el gobierno Nacional no se hiciera presente con homenajes acordes a la importancia del personaje, último vestigio humano de aquella proeza. Tristemente, parece que olvidarlos es una tradición de larga data. Quizás dice mucho de la importancia que damos a nuestra Constitución.

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