Los presidentes paralelos de Venezuela, Nicolás Maduro y Juan Guaidó, están preparados para una coexistencia prolongada pero, al mismo tiempo, exploran todas las alternativas posibles para destrabar la inédita situación institucional del país y, sobre todo, se aprestan a jugar parte de su suerte el sábado próximo.
La apuesta de máxima del mandatario chavista es que el paso del tiempo sin una definición diluya el entusiasmo de los venezolanos que esperan su caída. Así sucedió en varias ocasiones en los últimos años, en las que Maduro, con paciencia, inteligencia y represión desgastó a la oposición.
Esta vez prefirió dejar hacer a sus adversarios y frenó la represión de dirigentes y manifestantes, temeroso de que eso pudiera exacerbar a quienes piensan que una invasión militar externa podría ser una buena solución, entre los que se cuentan Estados Unidos. Al mismo tiempo, Maduro maneja planes alternativos.
Uno de ellos es la negociación que abrió con Washington. Su canciller, Jorge Arreaza, confirmó que se reunió dos veces en los últimos días con Elliott Abrams, representante de Donald Trump. Arreaza aseguró que el contacto "lo propuso el Departamento de Estado" norteamericano y dijo que entre ambos gobiernos hay "diferencias profundas" pero también "preocupaciones compartidas".
El secretario de Estado, Mike Pompeo, había admitido la posibilidad de que se produjeran esos encuentros pero sostuvo que fueron pedidos por Caracas, lo que, en su opinión, refleja el "creciente entendimiento de Maduro de que el pueblo lo rechaza".
Desde entonces, fuentes diplomáticas estadounidenses, en Washington y en Caracas, afirmaron que el objeto de esas reuniones era pactar condiciones para que Maduro deje el gobierno. Mientras tanto, Guaidó está preparado para conducir un gobierno provisional que dure al menos 13 meses desde el momento "que no cree inminente" en que Maduro abandone el palacio de Miraflores, porque ese es el plazo mínimo necesario para crear las condiciones para celebrar elecciones libres, según dirigentes próximos a Guaidó.
En ese contexto, Maduro y Guaidó jugarán parte de su suerte el sábado próximo, cuando el antichavismo intente ingresar a Venezuela toneladas de alimentos y medicinas que ya están almacenándose en Cúcuta (Colombia), Roraima (Brasil) y la isla holandesa Curazao.
Guaidó convocó para ese día a que los venezolanos manifiesten en las calles el respaldo a esa iniciativa “que buscará concretar a través de varios pasos fronterizos y no solamente de tres, como se anunció en un principio”.