22 de marzo de 2019 - 00:00

El Poder Judicial y el servicio de Justicia - Por Carlos María Serrano

Una de las tantas instituciones con mayor deterioro en los últimos 70 años es el Poder Judicial. El descrédito se ha apoderado de la sociedad de tal suerte que poca gente cree en la justicia. Eso no es gratuito. Tiene dos orígenes bien marcados.

Por un lado la politización de la magistratura y por otro la falta de los que la conduzcan y entiendan cómo funciona el sistema de justicia.

Cuando el Presidente de la Corte Suprema de Justicia de Mendoza habla de las reformas estructurales producidas en los últimos tres años como algo positivo es porque desconoce el funcionamiento del servicio de justicia.

Y cuando el Gobernador afirma que si bien todos los miembros del Alto Tribunal provienen de la política, y que ello no es un impedimento para juzgar con sentido de independencia y justicia, comete otro error.

La integración del más alto Tribunal deben ser por hombres íntegros, independientes, intachables, y fundamentalmente probos en el conocimiento del derecho y su ejercicio con sobrado prestigio entre sus pares. Porque de lo que se trata es de jurisconsultos probados y no de políticos devenidos en jueces.

Las reformas implantadas (no me refiero a las normas jurídicas) provienen probablemente de personas bien intencionadas que desconocen absolutamente el mundo y la actividad del poder judicial. De lo contrario no hubieran instalado una sola de las reformas llevadas a cabo.

Solo por dar ejemplos, es un contrasentido haber trasladado la oficina de notificaciones centralizada del edificio donde se ventilan la mayor parte de los juicios, a un lugar de acceso oprobioso.

Es absurdo concentrar 24 Juzgados Civiles en los pisos más altos de Tribunales, donde para llegar se generan colas interminables de sufridos ciudadanos.

No hubieran inaugurado un Juzgado de Familia dentro de la estructura de otro como el de Luján, ni intentarían suprimir el de Paz de Chacras de Coria para insertarlo en el de Paz de Lujan con la misma estructura.

La creación de los Tribunales de gestión asociada son, cuanto menos, una fantasía de un burócrata que no conoce la necesidad de que los empleados, abogados, Secretarios y Jueces tengan la sensación de estar trabajando en pos del servicio de justicia y que el conocimiento personal ayude a dar solución a los problemas de todos los días.

Han aislado a los profesionales de quienes tienen la misión de encaminar los procesos, generando un deterioro en perjuicio del ciudadano que no puede entender nada de lo que pasa.

Hemos retrocedido 50 años ejecutando un plan que nadie puede explicar.

Por eso no me sorprende que Jueces, Secretarios, empleados, litigantes (ciudadanos) y abogados rechacen las reformas por inútiles, y que todos nos abracemos en el fastidio y la desazón.

El ambiente de Tribunales es asfixiante para todos y un generador natural de estrés. Trabajar en los Tribunales o concurrir a ellos ejerciendo la profesión de abogados ha creado un ambiente inadecuado para la solución de los conflictos.

Es de la esencia del progresismo retrogrado cambiar por el cambio mismo, y es una obligación de los ciudadanos con responsabilidades que esos cambios sirvan al objeto que se proponen.

Cuando el objeto es fallido, como en este caso, hay que volver atrás. Obvio, se necesita grandeza para ello.

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