6 de abril de 2018 - 00:00

El pionero alemán que sufrió la guerra y retrató a Mendoza

A los 17 años, a Raimar Thiedemann le tocó fotografiar los horrores de la I Guerra Mundial. Huyendo del hambre, se radicó en San Luis.

Mendoza y todo Cuyo están marcados por la inmigración extranjera. La determinación y el optimismo de los pioneros -que venían de sortear las penurias de la guerra y las hambrunas en la vieja Europa- inyectaron vigor a nuestras provincias.

Muchos de ellos tienen historias que merecen ser contadas, y desde hoy les daremos cabida en esta página.

Del horror al amor

Raimar Thiedemann dejó su Alemania natal espantado por la guerra y la falta de empleo. Corría junio de 1923 cuando el joven berlinés de 26 años llegó a Buenos Aires y luego a San Luis con poco más de lo puesto.

Pero tenía un capital que le permitiría abrirse paso, formar una familia e incluso dar el trabajo que a él le faltaba en su país: era un reconocido fotógrafo.

Su participación en la primera Gran Guerra como soldado documentalista, le permitió desarrollar un talento muy apreciado por aquellas épocas, como era el de sintetizar en imágenes el sufrimiento, la algarabía de la paz y el esplendor de la naturaleza.

Así, en medio del horror de la confrontación, rescató con sus cámara postales para la posteridad. Testimonio de la tragedia europea es el álbum de 12 páginas y 43 fotografías únicas que él mismo encuadernó en 1918, y que hoy atesoran sus descendientes.

Con sus conocimientos sobre revelado y técnicas de laboratorio, instaló el primer negocio de fotografía de la capital puntana. 

Meses antes de venirse a la Argentina, en Hamburgo conoció a Gretel, con quien se comprometió el 12 de mayo de 1923. Cinco años después, su amada arribó a Buenos Aires. Él la fue a buscar y allí se casaron el 17 de mayo de 1928.

Raimar supo ganarse el reconocimiento de los puntanos e integrarse como ciudadano activo. Participó del coro vocal Orfeón Puntano, fundado por el músico austríaco Augusto Müller. Además, fue socio fundador del Rotary Club San Luis, creado el 12 de octubre de 1935.

Cuenta su hija Irma que era muy querido porque generó fuentes de trabajo, “siempre con un trato amigable y respetuoso con sus empleados”.

Enamorado de Mendoza

Le encantaba viajar, y se embarcó en largos periplos junto a su Gretel por Mendoza y Chile, recorriendo en auto los difíciles caminos de entonces.

Durante esos viajes fotografió lugares de Mendoza que ya entonces eran emblemáticos, como el Cerro de la Gloria, el lago del Parque San Martín con su famosa “Cuyanita”, la ruta a Chile y el Cristo Redentor. Fuente: Profesor Orlando Sacomandi

Francia: “Aprender el idioma galo es honrar mi historia y mi familia”

La Alianza Francesa de Mendoza nuclea en su ámbito a ciudadanos franceses, descendientes y mendocinos francófilos. Esta arraigada institución local, junto al Consulado galo, son los puntos de referencia para inmigrantes y viajeros. Y también “el” sitio de nuestra ciudad capital donde estudiar el idioma y vivir la cultura francesa.

Una entusiasta alumna mendocina, Jaquelina Maimone, nos contó el por qué de su amor al idioma francés:  “Estoy cursando el tercer año, y me interesa mucho la lengua francesa por lo que significa en el mundo. Aquí no sólo se aprende a hablar, sino también a entender, escuchar, escribir y vivir la cultura francesa”.

Jaquelina tiene una motivación especial: “Mi madre nació en Francia en Decazeville, un pequeño pueblo minero del suroeste de Francia. Se vino a vivir con sus padres a los 10 años a Mendoza. Mis abuelos tenían un proyecto familiar de negocio. Tenían unas bodegas. Vinieron a trabajar el vino. Mi madre después no volvió más a Francia. Vivió siempre aquí, pero lo único que mantuvo fue la lengua, porque siguió hablando con mi abuela, y eso fue lo que yo siempre escuchaba de chica. A mí siempre me sonó el ritmo de la lengua, sin que me lo enseñaran, porque es muy musical este idioma. Pero tenía como materia pendiente el saber hablarlo bien.”

-¿Has ido a Francia con tu mamá, a conocer su pueblo de origen?

-Sí, hace unos diez años. Yo organice el viaje y la llevé a mi madre, porque ella por su propia iniciativa no iba a ir. Allá fue todo muy fuerte: visitamos la casa donde creció, la escuela donde estudio... Se acordaba de cada detalle, se sintió muy feliz, tenía ganas de quedarse... Es que tenemos parientes que nos recibieron muy bien.

-¿Piensan volver con ella, y tal vez con el resto de la familia?

-Sí. Quiero que mi madre vuelva y ahora yo quiero llevar a mi hija. Es una nena de cinco años, así que también ya le estoy transmitiendo  palabras, expresiones. Cuando estudio, ella se pone conmigo y le llama mucha la atención... La idea es conocernos más a nosotros mismos, saber más sobre nuestro origen, sobre lo que ya llevamos en nuestro ADN, en nuestros genes... Entonces, tenemos que conocerlo, no olvidarlo y honrarlo.

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