En un imponente marco natural, el Papa Francisco se despidió de Chile antes de partir hacia Perú para continuar su gira apostólica. En Playa Lobito, Iquique, se desarrolló la última de las misas masivas programadas durante su visita a ese país. Unas 50.000 personas participaron del encuentro religioso que estuvo dedicado a los migrantes que en cantidades han sido acogidos en esas tierras del norte.
Así como ocurrió en las celebraciones anteriores, los asistentes fueron convocados para llegar a la madrugada. Durante la larga espera se formaron grupos de charla y hasta bailaron animados desde el escebario. Si bien la noche se mantuvo fresca, luego de la salida del sol se tornó calurosa.
En su homilía el Papa destacó la alegría con la que viven la fe los habitantes de esas tierras. "Sus fiestas patronales, sus bailes religiosos, su música, sus vestidos, hacen de esta zona un santuario de piedad popular", manifestó.
De acuerdo al lema central de la celebración, aseguró que Iquique es una tierra que ha sabido albergar a gente de distintos pueblos y culturas que han tenido que marcharse para buscar una vida mejor llenos de "miedo e incertidumbre".
Por esta razón conminó a los fieles a estar atentos a las situaciones de injusticia y explotación a las que pueden ser sometidos.
Antes de finalizar la misa, Francisco agradeció la invitación a las autoridades de Chile, a los 20.000 voluntarios que participaron del evento y a sus "hermanos" argentinos que lo acompañaron en cada una de las celebraciones.
Francisco en Iquique