Hizo del presente una inteligente caricatura. Hizo del futuro una distopía ridícula. Y del pasado, ¿qué hará? Matt Groening, el maestro de la animación para adultos, ya se ha embarcado en esta tarea y se la mostró a todo el mundo hace un par de días.
Nos referimos a "(Des)encanto" -"(Dis)enchantment"-, la nueva serie animada que estrenó el viernes en Netflix y que lleva la firma del popular creador de "Los Simpson" y "Futurama".
Fue un estreno realmente esperado, puesto que su última creación había sido "Futurama", que llegó a las pantallas en 1999 y que alcanzó un éxito muy por debajo de la familia amarilla, cuya trigésima temporada estrenará (agreguemos) en Fox en setiembre.
Pero "(Des)encanto" es también un gesto de época. Groening dejó así la plataforma de entretenimiento de toda su vida, Fox, para irse al servicio streaming más grande del mundo: Netflix. Esto ocurre en un panorama donde el encendido del televisor va en picada y la gente se vuelca por servicios on demand. ¿Cómo interpretamos además que Fox haya sido adquirida por Disney, que a partir de este hecho es la nueva dueña de marcas como "Los Simpson" o "X-Men"?
Las relaciones de poder en la industria del entretenimiento están cambiando y Netflix, incorporando a Groening a sus huestes, se hace de un gran capital.
Ahora bien, ¿de qué va su nueva creación? La primera temporada de "(Des)encanto" tiene diez episodios y, según anunció el propio creador, el equipo ya está trabajando en la segunda.
El mundo ficticio que propone Groening va esta vez a un pasado remoto y fantástico. Combina seres bizarros (como en "Futurama") y, en lugar de una familia disfuncional (como propone en "Los Simpson"), se vuelca por burlarse de la nobleza.
Conocemos así a una princesa literalmente "desencantada" de su entorno, que como solución a sus problemas se entrega totalmente al alcohol y así, entre resaca y resaca, conoce a un diablillo (sus propios demonios) y Elfo, un duende, quienes serán sus pequeños compañeros de aventuras en esta épica animada.
Así lo explicó el propio creador a The New York Times: "He venido trabajando durante treinta años en animaciones secuenciales, semanales, pensadas para el primetime. (...) Tener, de repente, una cantidad de episodios que son estrenados al mismo tiempo hace que debas tener una gran historia para contar. Ha sido muy divertido pero a la vez una tortura".
Este mundo medievalista tardó en madurar en la mente del gurú de la animación: en un lapso de ocho años, fue anotando de a poco los detalles que se le fueron ocurriendo, como la genealogía de los nobles de Oona, el reino en cuestión, las escenas de películas que valían la pena recrear o el aspecto de sus personajes.
Quedó todo plasmado en una serie que ofrece episodios independientes, porque Groening sabe que la única forma de competir en esta plataforma es con historias jugosas: “Todo está conectado entre sí y al final se verá de qué forma. Desde el inicio, existen momentos, pistas y guiños que hemos colocado para aquellos que estén realmente conectados con la serie”, dijo.
Sin embargo, ¿cumplió efectivamente con su propósito?